Jueves, 27.02.2020 - 09:42 h
Telediaria

Los 5 errores que debe subsanar ya el jurado de 'OT 2020' 

La figura del antagonista siempre ha sido fundamental en cualquier programa de televisión. De las tacañonas en el mítico 'Un, dos, tres' a los repetitivos jurados de los talents shows actuales. Son el contrapunto de guion o los malos de la película que generan cierta tensión. Su cometido es clave para que exista acción y conflicto en las galas tradicionales de 'Operación Triunfo'. Sin embargo, el programa aún no ha dado con la tecla a la hora de encontrar unos jueces redondos, probablemente porque aún, en rasgos generales en esta edición, los evaluadores -Nina, Natalia Jiménez, Portu y Javier Llano- repiten cinco errores a subsanar por el bien del interés del espectáculo... y de los participantes.

1. No hablan el lenguaje de la audiencia

Una de las críticas habituales a 'OT' radica en que el contenido de las galas y la exitosa emisión en YouTube de lo que ocurre en la academia parecen dos programas muy diferentes. Lo están intentando enmendar, pero el principal problema es el casting de jueces: no hablan el mismo idioma que la realidad que envuelve al concurso. Sus argumentaciones casan más con unas dinámicas de negocio musical antiguo y encorsetado. No es que estén desfasados, que un poco sí, sino que, sobre todo, parecen despegados de la cotidianidad juvenil del hoy. Quizá incorporando perfiles de artistas más jóvenes, como Zahara, El Kanka o Rozalén, el programa divulgaría mejor la diversidad y flexibilidad de la música, más allá de cánones y corsés que los nuevos consumos han hecho saltar por los aires.

2. Circunloquios, los justos

Tan importante como saber de música e industria es valorar de forma rápida, concisa y fácil lo que sucede en las actuaciones de la gala. Rodeos los justos, a no ser que escondan alguna argumentación apoteósica. Pero lo normal es que lo que dicen esté vacío de contenido si te paras a pensar un poco en ello. Fatal para el show, ya que al final los veredictos deberían  servir para ir dibujando en la retina del espectador el estado de la evolución de los concursantes. Y empatizar con esa evolución es crucial para que enganche 'OT'. En ocasiones, da la sensación de que el jurado y la audiencia han visto formatos diferentes. Esto último no siempre es malo, la disparidad también funciona en televisión, el fallo está en que no existe un razonamiento que se entienda y, por tanto, el programa pierde fuerza.

El entretenimiento con sustancia didáctica siempre es mejor y este jurado es experto en meterse en jardines de los que solo sabe salir con un "cruza la pasarela" o "estás nominado" que ya se ha decidido antes y que no es consecuencia del propio desarrollo de la argumentación. La misma explicación con la que nominan a uno puede servir para salvar a otro.  Y da igual, pero la credibilidad se esfuma en la retina del público que, así, no espera con ganas el veredicto de los jueces.

3. No siguen el día a día de la academia

Los jueces de 'OT' no evidencian, en general, que estén siguiendo el día a día del aprendizaje de la academia. De hecho, a veces, parece que ni siquiera conocen las reglas del formato. Y eso que se repiten hasta la extenuación. Por ejemplo, dicen a los alumnos que han escogido bien o mal la canción cuando de sobra es sabido que sólo los nominados deciden qué cantan. Para el resto, es el programa el que les asigna las canciones para que la gala cuente con una pluralidad musical que sea complementaria entre sí y no haga monótono el prime time. Lo mismo sucede en otros avatares. Falta esa conexión del jurado con los concursantes en el día a día para que sus evaluaciones no contagien un mero trámite engolado de Nina o distraído, en el caso de Natalia Jiménez.  Por no hablar de Portu aprovechando las valoraciones para promocionar su carrera de productor y un disco que le produjo a Lorena Gómez hace doce años. 

4. No son demasiado coherentes

Al no contar con argumentos sólidos, que de verdad sean prácticos para los chicos y sirvan para el espectador, este jurado da palos de ciego intercambiables. Hasta son contradictorios con lo que dicen de una semana a otra o con lo que elogian en unos y usan para nominar a otros. Todos somos a veces contradictorios, pues cada circunstancia depende de diferentes imputs. Pero no puedes decirles a estos chicos que sean únicos y no imiten nadie y, a los tres segundos, soltar que el problema de Samantha (sí, volvemos a Portu) es que no ha visto en Youtube el vídeo de una concursante de 2008 para poder hacerlo como lo hizo ella.

No es un talent show de imitadores, en 'OT' hay que saber vislumbrar la autenticidad y potenciarla. También por parte del jurado. Y, precisamente, lo interesante en muchos casos es disfrutar de concursantes tan jóvenes haciendo suyas canciones de mucho antes de que ellos nacieran sin el condicionante de conocer y haber visto mil veces a los cantantes originales.

5. La televisión no es un meme

Incluso el hecho de que un jurado despierte indignación en la audiencia es televisivo, claro. Pero sin el buen condimento de argumentos cortos, concisos, prácticos e inspiradores, el programa es menos apetecible. De hecho, el relato del show pierde fuerza. No sólo hay que buscar como jurados a rostros que propicien un golpe de efecto de marketing o tengan una espontaneidad que favorezca muchos memes por parte de los usuarios de las redes sociales o comentarios jocosos en casa. Por eso mismo, Lolita funciona tan bien en 'Tu cara me suena': habla con enjundia y críticas sólidas, hace a la gente partícipe de su vida con una naturalidad tan próxima como comprensible; es una estrella pero contagia tener los pies bien pegados a la tierra.

'OT' no es 'Tu cara me suena'. Este formato, con academia, los jueces no deben estar distendidos y de broma siempre, pues los candidatos se juegan un futuro profesional. El tono es otro, aquí no bastan opiniones personales: las apreciaciones deben ser profesionales para, después de cada actuación, explicar con amplitud de miras lo que ocurre y que el espectador lo entienda y diga "oye, pues es verdad lo que ha dicho". No es fácil, pero atesorando esa materia prima divulgativa y constructiva práctica, las galas tendrán una historia que merece ser vista en conjunto en la emisión tradicional -y no en vídeos sueltos en Youtube- porque pasan cosas, se aprende, se entienden las debilidades y fortalezas de los participantes en directo y eso nos invita a seguir la evolución la próxima semana. Es más, nos invita a empatizar más y mejor con su crecimiento ante las cámaras. Porque sólo si entendemos qué deben corregir los concursantes para ser mejores artistas, podrá importarnos que lo corrijan semana a semana.

Borja Terán.

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