Martes, 17.07.2018 - 15:54 h
Enviado espacial

El tiempo, el 'seny' y el bañador del president

Se han bañado Quim Torra y Artur Mas en la Barceloneta y esa playa de pronto parecía Palomares cuando lo de la bomba. Fraga se levantaba cada día a la salida del sol a hacer sus ejercicios de gimnasia sueca que en sus últimos años demostraba en su despacho del Senado a quien quisiera escucharle. Allí se fue refugiando en una suerte de moderación simbolizada por unas tijeras con las que cada día recortaba los artículos de prensa que le interesaban.

Un político siempre debe tener echada un ancla para que no lo arrastren los temporales hacia la costa. Todo el 'seny' que le queda al nacionalismo independentista catalán está contenido en el 'meyba' generoso y moderado del president Torra en la Barceloneta como antología ya extinta del decoro. Ese meterse con el agua encima de la rodilla, esa crema solar, hasta esas dos horas de digestión antes del baño son símbolos de una cordura que ya no está, que ya no existe.

Hoy, todo es gasolina. Dicen que desde que lo echaron del PSOE, Pedro Sánchez vive como un faquir capaz de dormir sobre una cama de clavos. Por eso quizás pasea por toda esta selva como si fuera un jardín. Con las exiguas fuerzas parlamentarias de las que dispone y las alianzas inflamables que lo catapultaron al poder en aquella moción que a él mismo le costó creerse, Sánchez no puede ser más que una sonrisa en un incendio, más que una puesta en escena, una cuestión de sensaciones de cambio, un nuevo algo... En una ocasión en plena ola de aire del Sáhara, a 45 grados a la sombra, el alcalde de Sevilla dijo que no hacía calor, si no sensación de calor. Esta coyuntura pedrosanchista viene a ser lo mismo.

Una reunión en Moncloa, dos fotos sonriendo, un encuentro "fluido y franco", una promesa de lluvia de inversiones y a la salida, todo se parece demasiado a lo que había a la entrada, excepto el ambientillo. Sin duda la estrategia sanchista consiste en enseñar mucho las manos probablemente con el intento ingenuo de seducir a la parte más pragmática del independentismo. Trata aparentemente de integrarla en un 'status quo' en el que su gobierno no salte por los aires, cosa que sucederá sin duda puesto que hasta Torra pertenece a círculo más duro.

La propia dinámica del secesionismo, sujeta al apoyo de las alas más Mad Max del nacionalismo -anda Tardá hablando no sé qué de un baño de sangre de haberse declarado la independencia-, provoca que los presidentes de la Generalitat sean cada vez más extremos. Esta era la famosa escalada: la escalada de la cerrazón. En esto, España vive instalada en la tensión sin horizonte de calma y se tambalea al borde de un terraplén en el que Pedro Sánchez se ha propuesto montar una terracita 'chill-out' de esas en las que se aplauden las puestas de sol y en la que él mismo es el 'deejay' de moda. A falta de perseguir otros objetivos del todo imposibles, solo queda admitir que Pedro Sánchez intenta ganar tiempo. Lo que desconozco es para qué.

El tiempo, el 'seny' y el bañador del president

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