Sábado, 18.11.2017 - 02:27 h
Alcaldesa de Logroño

El poder y la utilidad del Open Data

Es cierto que las ciudades estamos siendo protagonistas en estos últimos años -y lo seremos también en los venideros- de la agenda pública en términos políticos, económicos y sociales; aspectos todos ellos en los que la revolución digital está promoviendo un rápido y prometedor cambio en el modelo de gobernanza. Por eso, los eventos en torno a las smart cities son más que una moda pasajera y deben ser más que la mera sensorización de la ciudad a través de los servicios públicos.

La digitalización urbana nos lleva en el momento actual a disponer de una capacidad en la obtención de datos difícilmente imaginable hace apenas unas décadas, llevando a alguno a afirmar que los datos son el petróleo del Siglo XXI. Sinceramente, no sé predecir si llegarán a tener la trascendencia del oro negro, pero sin duda detrás de los datos se encuentra el rápido desarrollo de todas las industrias digitales, así como las oportunidades de negocio y las profesiones que han nacido con ellos y las que nacerán. Pero eso sí, a diferencia del petróleo, estamos ante una materia prima inagotable que está brindando oportunidades para las personas y organizaciones públicas y privadas que estamos entendiendo el nuevo paradigma y que sabemos trabajar en él.

Pero ojo: La revolución de los datos no es solo económica. La capacidad para capturarlos, analizarlos, transmitirlos e incluso obtener nuevos comportamientos cambia las reglas del juego de la gestión pública y de la política. El fenómeno de los datos abiertos nos ha descubierto la capacidad de compartir todo tipo de información pública con los ciudadanos de forma que pueda ser analizada pero también reutilizada.

Puede parecer que el objetivo único de los datos abiertos es la transparencia, pero va más allá; se trata de buscar promover la innovación y la actividad empresarial en torno a los datos y en torno a las ciudades como laboratorios reales. Aquí es donde el sector público es el primer empleador y su capacidad de gestión de la información como materia prima es un poderoso caudal de posibilidades.

Si vamos a un ejemplo concreto de una ciudad española: publicar datos como índices de contaminación, de reciclaje, de iluminación, horarios de transporte urbano, la meteorología, el aparcamiento etc... está promoviendo nuevos patrones de colaboración entre la administración local, las empresas y los ciudadanos; nuevas soluciones a problemas reales y nuevas oportunidades de negocio.

Han sido unos años de explosión de datos, de miles de sensores y dispositivos móviles; ahora toca abordar qué hacemos con ellos para que realmente sea útil y eficaz la apertura de los mismos. Porque si bien los datos son neutros, su uso y difusión no lo es. Centremos por tanto en este aspecto el debate en torno al Open Data y la digitalización de las ciudades.

Y en este sentido tenemos cuatro preguntas todavía sin respuesta:

Primera pregunta: ¿Sabemos qué ocurre una vez que liberamos los datos de una ciudad? La trazabilidad del uso del dato nos permitirá entender para que sirven y para que no. No basta con que los datos sean públicos, el objetivo debe ser que sean útiles.

Segunda: Si los datos los obtenemos con dinero público, consecuencia lógica si nos referimos a administraciones públicas, ¿los estamos abriendo lo antes posible, en formatos adecuados y con licencias para que puedan ser utilizados libremente?

Tercera: Nos preparamos como administraciones para compartir nuestros datos, ¿pero somos capaces de trabajar nosotros con datos externos? Porque se trata de un modelo de colaboración, donde tenemos que ver la oportunidad de captar también los datos que nos ofrece nuestro entorno.

Y cuarta pregunta, sobre la confianza de los ciudadanos en los datos abiertos: ¿Somos conscientes de la utilidad real de los datos urbanos como activo económico? ¿Están resueltas las incertidumbres sobre la privacidad o la comercialización?

Está claro que las ciudades ya no somos solo un territorio, un espacio delimitado y definido por sus límites administrativos; las ciudades, además de código postal, tenemos código digital.

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