Lunes, 10.12.2018 - 14:50 h
Libertad sin cargas

'Clint' Guindos: sin perdón a Sabadell y BBVA

Luis de Guindos está inquieto por BBVA y Sabadell. Esta semana pasada, el flamante vicepresidente del BCE insistía en la necesidad de que los bancos con los niveles de solvencia más débiles reforzaran su capital y hacía hincapié en que estrechará el cerco sobre los que ocuparon la parte baja de la clasificación en los últimos test de estrés que acaba de publicar la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). “Esas entidades, que representan un 40% del total de los activos del sector en la eurozona, deberían incrementar su robustez y mejorar sus posiciones de capital para afrontar los desafíos que se aproximan y, por tanto, serán vigilados de cerca”, zanjó. Casi nada. Antes, el exministro de Economía con Mariano Rajoy había fijado el ‘ratio de la muerte’ en el 9%, cuando BBVA apenas arrojó un 8,80% y el Sabadell un 7,58%.

El discurso, aunque parezca duro, no es muy diferente del que Guindos mantiene en privado desde que llegara a su nueva responsabilidad y se mirara con calma los papeles. Eso sí, con sus interlocutores va más allá, al punto que su entorno especula con que el BCE no vería con malos ojos que el Sabadell -la entidad española que más preocupa en Fráncfort- pudiera alentar un proceso de fusiones. ¿Con Bankia? Complicado, teniendo en cuenta el hándicap ‘social’ que implica la montaña de dinero público comprometido en la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri. En tiempos de demonización de la banca, mejor ni pensarlo. Pero, ¿y una integración de los dos afectados, véase BBVA y Sabadell? La ‘pata’ británica de la catalana complementa fenomenal a la firma que preside Francisco González, que deja el banco en apenas semanas con el déficit -para muchos- de no haber cerrado una gran operación corporativa.

La reflexión que alienta el vicepresidente del BCE, no obstante, tiene mucho de retranca. O de despecho, según se mire. Y es que según aseguran fuentes próximas al exministro del Partido Popular, éste se queja amargamente de que el BBVA haya cerrado el proceso de transición en su cúpula -con la elección de Carlos Torres como presidente ejecutivo en lugar de FG- sin tener en cuenta las directrices del supervisor europeo, que apuesta por separar claramente los papeles del consejero delegado -con atribuciones ejecutivas- y el presidente o ‘chairman’ -con un papel meramente representativo-. FG y Torres pueden claramente apuntar con el dedo a Santander y argumentar que BBVA no es menos que Ana Botín, presidenta ejecutiva con todas las letras. Sin embargo, Guindos se queja de que, aunque ha habido conversaciones en los últimos meses, ni siquiera se ha hecho la consulta formal antes del nombramiento, una norma no escrita.

La cuestión no sorprende, en tanto las relaciones ‘peligrosas’ de FG con Luis de Guindos son de largo aliento y de sobra conocidas. González, que sin duda ha cometido errores tras décadas al frente del banco -su apuesta por Turquía admite al menos el debate-, pasará a la historia como un ejecutivo valiente y de convicciones, que tuvo los arrestos de dejar en la estacada al todopoderoso ministro cuando éste hizo campaña para que los principales bancos del país entraran en el accionariado de la Sareb, el denominado banco malo. En realidad, el artificio pergeñado por el Ministerio de Economía para desaguar los excesos del ladrillo era un peaje que el de Chantada no estaba dispuesto a pagar. Su decisión, que implicó una derrama para el resto de entidades financieras, terminó por resultar acertada, en tanto libró de importantes pérdidas a su empresa.

“Es clave la independencia. Hay que saber decir que no, y dar el protagonismo a los equipos técnicos”, dijo el empresario en una entrevista de despedida, para buen entendedor. La cuestión no era partidista. Años atrás, González había hecho algo parecido con la OPV de Bankia. Corría el año 2011 y, desoyendo las presiones del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, apostó por no ceder. Grandes bancos como Santander o Caixa acudieron a la ampliación para no dejar caer a la entidad financiera que presidía Rodrigo Rato; también otras grandes del Ibex. Y aunque Elena Salgado aseguró recientemente en una comparecencia parlamentaria que hubo “cero llamadas” a las empresas para que garantizaran la operación, el propio Guindos acusó en su momento al PSOE de “forzar voluntades”. Toda una paradoja tras la campaña que abanderó desde el Gobierno para sacar adelante la Sareb y que también imbricaba lo público y lo privado. Parece lógico pensar que la distancia de FG con el poder no le granjeó la amistad de Guindos, un político sobrado de memoria.

Está por ver hasta qué punto Torres hereda esa aparente desafección, que va más allá de los datos. No en vano, tanto Sabadell como BBVA pueden presumir de haber elevado los umbrales de esas pruebas de la EBA, a fin de cuentas hechas a cierre de 2017. Durante el presente ejercicio, las ventas de carteras de activos complicados habrían elevado el ratio del Sabadell por encima del fatídico 9%. Algo similar sucede con BBVA, que con la operación de desinversión de su filial chilena ya estaría en el lado correcto de la ecuación. Y mejor hilar fino en los mensajes que se transmiten sobre la banca, cuya reputación ha sido puesta en el foco sin ambages por el Gobierno Sánchez y rematada por el Tribunal Supremo con su patética montaña rusa en la gestión del fallo sobre el impuesto a las hipotecas. William Munny, el pistolero crepuscular que Clint Eastwood dejó para la historia en ‘Sin perdón’, busca la redención en un último acto de sangre. Con BBVA y Sabadell, pese estar ambas en el punto de mira de Guindos, no parece que ésta deba llegar al río.

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