Lunes, 10.12.2018 - 14:49 h

Plataformas P2P y Blockchain, bases del suministro eléctrico futuro

El suministro de electricidad supone un gasto medio del 4% de los ingresos para una familia en España a lo largo del año. Su consideración como un bien de primera necesidad origina una demanda social creciente y lo convierte en un elemento sensible a la hora de fijar el posicionamiento político de todos los partidos.

Los consumidores somos sujetos pasivos, a los que la llamada liberalización del sector solamente nos ha afectado en la posibilidad de suscribir contratos de suministro, en base anual, que en teoría reducen nuestros costes energéticos si cumplimos con unos perfiles horarios de consumo. Pero la realidad es que, a pesar de tener un consumo definido para la cobertura de necesidades de corto plazo, nuestra relación con la compra de electricidad tiene un horizonte temporal que se escapa a nuestra capacidad de gestión y a nuestro conocimiento. Disponer de una oferta para comprar electricidad a partir de un perfil definido y en un horizonte de largo plazo supone un desacoplamiento real entre nuestra forma de consumir y la propuesta comercial existente.

La realidad es que el consumidor tiene la percepción de que la electricidad que consume y el precio que paga por ella no obedece a criterios transparentes. Existen propuestas tecnológicas que podrían no solo reducir sus costes energéticos sino hacer que el papel del consumidor en la cobertura de sus necesidades fuera más activo y con más grados de libertad a la hora de tomar decisiones en tiempo real y no de forma preestablecida.

¿Por qué si mis necesidades están identificadas en el corto plazo mis compromisos de compra son a tan largo plazo?

La contestación a esta pregunta siempre ha estado basada en la voluntad de los diferentes gobiernos de salvaguardar nuestra posición como consumidores, tanto económica como para garantizar el suministro. De hecho, el sistema se dimensiona en base al agregado de consumidores con comportamientos no reflexivos y a la necesidad de disponer, por tanto, de una oferta de energía capaz de seguir cualquier variación de la demanda bajo el compromiso indiscutible de garantizar la continuidad del suministro. Esta realidad de “país rico” es claramente un contrasentido, porque la energía es un bien escaso a nivel global, y específicamente a nivel local, y porque su uso es el causante de la mayor parte de los problemas medioambientales.

Obviamente negar la existencia de flexibilidad por el lado de la demanda hace que sea la oferta quien tenga que asumir la responsabilidad del funcionamiento técnico del sistema. La prevalencia de la oferta supone asumir su permanencia en el tiempo hipotecando al consumidor con costes futuros sobre los que nunca tuvo capacidad de decisión y cuyo mantenimiento cercena también la propia evolución tecnológica del sistema.

¿Realmente somos incapaces de adaptar nuestra demanda para poder abastecer nuestras necesidades energéticas?

El reto fundamental de la transición energética no es solo la introducción de fuentes de energía renovables bajo criterios de sostenibilidad sino también implantar el compromiso de todos, consumidores, agentes, empresas del sector y gobierno, para reducir y flexibilizar la demanda de energía con el fin de que no tengamos que sobredimensionar la oferta. La capacidad de gestión, disponible a nivel tecnológico, permite que podamos adaptar nuestros consumos tanto en volumen, por mayor eficiencia, como en tiempo, desplazando cargas para poder tener la oportunidad en tiempo real de aprovechar precios más bajos.

Los avances en el desarrollo del potencial del “Internet de las cosas”, IoT, están demostrando que es posible que nuestra demanda no solo sea más flexible, sino que nuestro papel cambie tanto por la capacidad de desplazar y reducirla como por la posibilidad de generar y almacenar energía eléctrica para poder interactuar con la oferta existente en el mercado.

Abrimos una nueva posibilidad porque ya no estamos hablando de un sistema cerrado y concentrado que suministra a millones de consumidores sino de un sistema abierto en el que coexisten millones de consumidores y de productores. ¿Por qué no podemos pensar que igual que un vehículo eléctrico carga sus baterías comprando electricidad de la red es posible que las pueda descargar vendiendo electricidad a la red o a otro consumidor? Esta posibilidad no solo generará valor para el propietario del vehículo, sino que ayudará a gestionar y a reducir el tamaño del sistema.

El reconocimiento por parte de la Comisión Europea del derecho básico de los consumidores para comprar, vender, generar y almacenar energía eléctrica, abre una nueva variante que nuestro sistema eléctrico hasta ahora no tiene contemplada.

¿Está preparado el sistema eléctrico actual para tener una estructura de mercado multiconsumidor/productor y adaptado al corto plazo?

Hoy en día no es fácil, no por incapacidad tecnológica, sino porque va directamente en contra del modelo operativo actual del sector eléctrico y su implantación necesariamente cambiaría el modelo de negocio en el que el suministro de electricidad está basado.

Cambiar un sistema de facturación de los consumos producidos, computados horariamente y acumulados mensualmente, a un modelo de consumo y facturación horaria requiere automatizar y simplificar procesos. Este cambio lleva consigo un modelo retributivo basado en el pago de los servicios prestados frente al modelo actual que pretende garantizar la rentabilidad de la inversión realizada.

Necesitamos un procedimiento que, bajo condiciones de transparencia e igualdad, permita en tiempo real comprar y vender energía eléctrica en un mercado en el que cada vez va a existir un mayor número de agentes.

El nacimiento del Blockchain, como protocolo informático distribuido, elimina intermediarios, con la consiguiente reducción de costes, y consigue que los servicios de autentificación, registro, seguridad o confianza de cada transacción estén garantizados sin la necesidad de acudir a agentes con conflictos de intereses por la participación de forma interesada en toda la cadena de valor.

Por tanto, se avecina una realidad distinta en la que el consumidor puede intercambiar energía de forma bidireccional con otro consumidor igual que él o con otros agentes del mercado en base a criterios económicos y, preferentemente, con transacciones computadas de forma horaria representadas cada una de ellas por un “smart contract”. Esta situación elimina la necesidad de contratos de suministro de largo plazo solamente por la pertenencia a una Plataforma de intercambio como soporte técnico para poder interactuar en el mercado.

El uso del Blockchain por parte de plataformas denominadas P2P, peer to peer o entre iguales, abre la posibilidad al consumidor de poder cubrir sus necesidades bajo un prisma temporal y económico más acorde con la realidad futura, definida por la existencia de muchos más operadores. La utilización de procesos Blockchain en la compra y venta de energía eléctrica no está ligada a la necesidad de emplear las criptomonedas como elemento de cobro o de pago.

España, por otro lado, es el único país que por ley y con el horizonte de finales de este año, se obligó al cambio de todos los contadores analógicos por contadores digitales, en los que el equipo de medida pueda ser parte activa de procedimientos de intercambio bidireccionales en tiempo real.

Las distribuidoras que soportaron la inversión de los equipos, para alquilarlos después, decidieron limitar la capacidad de intercambio de información de forma local, pensando solamente en el volcado de datos para la facturación de los consumos en el periodo establecido. La realidad es que los más de 20 millones de contadores no permiten de forma sencilla y automática que su instalación cumpla con el objetivo de gestión de la demanda para el que fueron instalados.

Abrimos así la posibilidad de actuar de forma digital en una economía que ya lo es y de abandonar procedimientos analógicos cuya única razón de mantenimiento en la actualidad está basada no en la libertad de mercado sino en la capacidad de un sector empresarial que tiene en sus manos adaptarse o intentar retrasar una realidad que irremisiblemente se va a producir.

El futuro está ya definido en base a la interacción entre consumidores y productores en sistemas abiertos y flexibles en los que el precio final sea el que las reglas de la oferta y la demanda determinen. La capacidad de gestionar una demanda de energía eficiente, de almacenar y generar energía y de comprar y vender electricidad es ya una realidad que no podemos obviar si verdaderamente queremos no solo minimizar nuestros costes sino ejercer nuestros derechos.

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