Lunes, 23.07.2018 - 17:39 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

Justin Bieber contra Trump: la generación Z se moviliza contra las armas en colegios

Piensa qué edad tenías en 1994. Ese año no sucedió nada especialmente relevante que nos marcase de por vida. Pero hubo un hecho que pasó desapercibido y es clave para entender el mundo actual. En 1994 comenzó el llamado internet moderno, gracias al primer navegador de uso abierto y público. A partir de entonces se acelera el despegue del uso de la red de redes por todo el mundo hasta llegar a nuestros días donde no se entiende la vida cotidiana sin internet. De hecho, por lo anterior, las personas que nacieron a partir de esa fecha son tan diferentes respecto a las que les precedieron que se les ha puesto un nombre, la generación Z. Son casi 8 millones según la estadística española y suponen algo más que el 25% de la población mundial o lo que es lo mismo más de 2.000 millones.

Evolución

Pero también pasó otra cosa, en el año 1994 nació el cantante Justin Bieber que se ha convertido en una estrella global gracias a las herramientas que internet puso a su disposición (y a su madre que colgó sus primeros videos en youtube y así pudo ser descubierto). Los asiduos a esta columna pensarán que es una simple serendipia porque no hay nada especial en el éxito de un cantante adolescente. La generación de la posguerra española creció con los gorgoritos de la película “El Pequeño Ruiseñor” que protagonizó el niño cantante Joselito en los años 50; a los babyboomers les acompañó en su niñez y juventud, de 1960 a 1980 un fenómeno musical como fue Marisol, con canciones como “Tómbola”.

La generación de la EGB en España no se entiende sin las canciones de los grupos de música de niños como Parchís y su célebre “Cumpleaños Feliz” o Enrique y Ana recordando la muerte del naturista Félix Rodríguez de la Fuente con su “Amigo Félix”. Todos esos niños arrastraron también detrás multitud de seguidores en nuestro país pero jamás hubieran soñado con ser figuras mundiales y escuchadas en el rincón más recóndito del planeta de la noche a la mañana. Hasta el “rey del pop”, Michael Jackson, que empezó a actuar con apenas 8 años, necesito más de quince años de carrera musical para empezar a ser una estrella con su mítico “Thriller”. Por eso que en 20 meses, Justin Bieber, hijo de madre soltera en un pueblecito de Canadá, pasase de ser un anónimo niño a en 2010 la celebridad más buscada en google, el video de su canción, el más visto en youtube; tener el mayor porcentaje de tráfico en twitter por no comentar que varias estudios le situaban con mayor un grado de conocimiento en el mundo que el propio presidente de los Estados Unidos, nos indica cómo de rápido pasan las cosas en la generación Z.

Pero a la velocidad del cambio hay que sumarle la democratización del acceso a las oportunidades. Por primera vez en la historia, con la generación Z, ya no importa quién es tu familia, dónde has nacido sino la clave es el talento, cosa que pocos le niegan a Bieber. Su madre ya era consciente en el año 2007 que colgando un video en youtube, red social que apenas había nacido hacía dos años, estaba dando una oportunidad para que el mundo conociese a su hijo (y también, como así fue, los productores musicales le descubrieran). Desde ese momento Bieber no ha dejado de colgar videos musicales en las redes sociales y no se entiende su éxito sin ese acceso universal y gratuito a su obra, también inédito en la música hasta la llegada de su generación.

Si todavía no ves la relación entre un ídolo de adolescentes y el presidente Donald Trump más allá del carácter repulsivo de ambos, es hora de recordar que la pasada semana se celebró la multitudinaria “Marcha por nuestras vidas” en Washington. Entre las celebridades que apoyaron la protesta estaba Justin Bieber que animó desde twitter no solo a asistir sino a firmar una petición para presionar al inquilino de la Casa Blanca. La manifestación fue convocada para pedir leyes más estrictas en la venta y posesión de armas en Estados Unidos de América. Promovida por los estudiantes supervivientes de la matanza del 14 de febrero de este año en la escuela de secundaria de Parkland (Florida) paralizó la capital americana con millones de chicos y chicas de la generación Z indignados por la inacción de los gobernantes. Como recordó desde la tribuna Emma González, una chica de 14 años que compartió escuela con los 17 asesinados “si activamente no hacemos nada la gente seguirá muriendo, así que es hora de empezar a hacer algo”. Ese algo ha sido que miles de jóvenes de la generación Z se han inscrito estos días como votantes. Los medios de comunicación de medio mundo han conocido gracias a esta marcha quienes son la generación Z y cómo no están dispuestos a dejar de usar las oportunidades que les ha dado el mundo en el que han crecido.

Gina Montaner nos recuerda que de poco servirá la movilización a pesar de que los datos les dan la razón, por ejemplo el estudio de Health Affairs fija el índice de homicidios con armas de fuego como 49 veces más alto en Estados Unidos que en otros países o incluso la reciente encuesta de Associated Press constata que siete de cada 10 adultos en Estados Unidos está a favor de que haya mayores restricciones para portar armas. Pero aunque nadie, a pesar de las cíclicas matanzas, haya podido parar la influencia de Asociación Nacional del Rifle, la generación Z ha emergido estos días en Estados Unidos para enfrentarse al mismísimo Donald Trump y al todopoderoso lobby armamentístico, si aun así tienes dudas te animo a que sigas el hashtag #MarchForOurLives o entre en su web www.marchforourlives.com.

Internet y Justin Bieber. Tecnología y jóvenes son un binomio inédito en la historia de la civilización, ya que nunca antes el poder del conocimiento y la tecnología estuvo en manos de los de menor edad. Esa unión de juventud y conocimiento ya no puede disociarse y es la que da sentido a una cohorte de edad muy especial, los nacidos del año 1994 al 2010, que se conoce como la generación Z y que han marchado la semana pasado en más de 800 ciudades de todo el mundo por conseguir que los legisladores paren la violencia en las escuelas.

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