Sábado, 20.10.2018 - 11:16 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

Las mejores empresas nunca envejecen, son cada vez más jóvenes

La vida media de las empresas más importantes del mundo ha pasado de los cerca de 65 años en 1955 a los apenas 15 años de hoy en día. El profesor Richard Foster de la Universidad de Yale lleva años investigando este fenómeno utilizando como muestra las 500 corporaciones que pertenecen al prestigioso índice Standard&Poors. En esta particular batalla por la esperanza de vida la tendencia en las grandes empresas es inversa a la del género humano. De hecho en ese año 1955 la esperanza de vida de un español medio era como la de las grandes empresas, 65 años, y hoy en cambio supera los 83 años. Las empresas y los humanos en cuanto a la edad seguimos tendencias contrarias. Y si los demógrafos nos confirman que las niñas que nacen hoy en Occidente vivirán 100 años, en cambio los economistas como Foster pronostican que la edad media de las mejores empresas seguirá cayendo porque las corporaciones no solo se ven forzadas a competir sino que “acabaran siendo aniquiladas por una nueva generación de empresas” que aprovechan el poder de las tecnología exponenciales.

Salim Ismail es el director del centro de estudios superiores creado en Silicon Valley por Google y la NASA, bajo el nombre de Singularity University (SU) y la tesis que usa para explicar este proceso de regeneración tan radical de las multinacionales se resumen en la palabra “exponencialidad”. Este término está traído del algebra y se refiere a esas curvas que tienen una forma que comienza creciendo poco pero termina siendo casi paralela al eje de ordenadas. Este crecimiento exponencial es el de las empresas más importantes del momento como Google precisamente porque usan tecnologías exponenciales. Hasta ahora las empresas se basaban en crecimientos lineales pero ahora con la llegada de la cuarta revolución industrial, la de la inteligencia artificial y el internet de las cosas, o creces exponencialmente o cerrarás, según los expertos de esta universidad. Para los que todavía no tengan claro la diferencia entre lineal y exponencial este breve cuento hindú les ayudará.

Un rey agradecido con un súbdito que había inventado un juego, el ajedrez, que le había hecho olvidar a un hijo muerto en la guerra le ofrece el regalo que quiera. El ingenioso inventor le pide solamente un grano de trigo que ha de situarse en la primera casilla y multiplicarse por dos en cada casilla subsiguiente. El Rey acepta no sin antes regañar al sabio por ser tan poco ambicioso. A la mañana siguiente el contable real le informa a su monarca que no pueden hacer frente a la petición porque no hay suficiente grano en todo el mundo para ello. La cifra se convierte en inasumible porque tendemos a aplicar por defecto el crecimiento lineal, lo que llevó a pensar al Rey en una cifra no muy grande fruto de ir sumando un grano en cada casilla del ajedrez. Pero el astuto siervo no hablo de sumar, crecimiento lineal, sino de doblar, de crecimientos exponenciales. De modo y manera que ese primer grano se convierte en dos en la siguiente casilla y en cuatro granos en la otra, en ocho a continuación y así sucesivamente hasta la última casilla la número 64, donde el resultado de la suma supera los 13 trillones (que se necesitarían cientos de años para conseguir sumando la producción anual de trigo del mundo). Esa exponencialidad explica la expansión de los microprocesadores y que nos estemos beneficiando hoy de avances como el big data o el internet de las cosas.

Pero el fundador de la SU no ha sido el primero en alertar de esta tendencia. A principios del siglo pasado se publicaron los pioneros estudios de Schumpeter con su apuesta por la innovación como la fuerza de la “destrucción creativa”, es decir aquellas empresas que innovan acaban matando a las que no lo hagan. El profesor de Harvard Business School, Clayton Christensen en el año 2000 acuñó su famoso “dilema del innovador” que predijo que las empresas diseñadas para triunfar en el siglo XX estaban abocadas a fracasar en el XXI. Sin olvidar a Blank y Ries que con sus libros desde 2005 y 2010, respectivamente, llevan evangelizan para trasplantar la forma de hacer crecer las empresas de los emprendedores hacia las corporaciones.

Salim Ismail lo tiene claro. Vivimos en un momento basado en la información que se mueve exponencialmente pero las grandes empresas se empeñan en mantener estructuras organizativas lineales. Solo las nuevas empresas basadas en tecnología disruptivas, como las startups, han entendido este movimiento y por ello o incorporan esa forma de pensar de los emprendedores o cerrarán. Amazon lo ha entendido perfectamente y por ello si eres director en esa compañía y un subordinado se acerca con una gran idea, la respuesta ha de ser por defecto sí. Porque si quieres decir no (como haría cualquier directivo en cualquier multinacional con su pensamiento lineal) se te exige redactar un informe de dos páginas explicando las razones por las que es una mala idea.

Para saber cómo estamos en nuestro país en este viaje hacia las empresas del futuro basta, por ejemplo, echar un vistazo a la alta dirección de nuestras grandes empresas y ver si los emprendedores están llegando al poder con esa savia que pare el irreversible proceso hacia la muerte prematura. No le gustaría Salim Ismail ver cada semana que los nuevos consejeros delegados de nuestras empresas bandera no son disruptivos emprendedores sino en su mayoría exitosos consultores deMckinsey. La explicación al enfado del profesor Ismail ha quedado muy clara en esta reflexión pero para los mas incrédulos les recomiendo que lean la página 41 de su libro “Las Organizaciones Exponenciales” en la que cuenta como esa misma consultora aconsejó a la empresa de telefonía AT&T que no entrase en el negocio de la telefonía móvil, porque según sus predicciones habría menos de un millón de teléfonos móviles en uso en el año 2000. Sin embargo llegó el 2000 y eran 100 millones de celulares en uso. Hoy son 5.000 millones. La predicción no solamente estaba equivocada en un 99% sino que su recomendación provocó que la empresa dejase pasar una de las mayores oportunidades de negocio de todos los tiempos. Así que ya saben si trabajan en una de esas empresas regalen lo antes posible a su presidente o presidenta el libro del fundador de Singularity University antes de que sea demasiado tarde.

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