Sábado, 18.08.2018 - 14:33 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

Los sesenta de hoy son los nuevos cuarenta

Juan se disponía a abrir el regalo de sus hijos después de soplar las velas por su sesenta cumpleaños. No tuvo que fingir, su alegría era sincera, eran unas botas de fútbol, eso sí con tacos para césped artificial, el campo en el que semanalmente juega con una docena de colegas

Diez años antes, Antonio, con la misma edad que hoy tiene Juan, contó a su familia que ya no tendría que volver a trabajar. Había sido prejubilado. Sus hijos se alegraron pero rápidamente le dijeron: “qué pena, Papá, que con lo bien que estás con sesenta años, tu empresa no quiera que sigas”.

Juan es uno de los principales directivos del sector seguros en España, practica un deporte tan exigente como el fútbol y además no piensa en ningún momento en retirarse. Antonio volvió a trabajar en 2012 para formar parte del comité de dirección de uno de los principales cinco bancos de nuestro país, donde sigue al día de hoy con sus más de setenta años, y más contento que nunca.

Lucila en plena transición española ayudó a crear uno de los principales think tanks de nuestro país; en 1989 le tocó fundar otra asociación de directivos a la que sigue ligada con la máxima dedicación a pesar de que el calendario le exigiría no estar en activo.

Juan, Antonio y Lucila no son personajes inventados. Existen y son reflejo de una realidad que cada vez tiene más fuerza. De hecho si miramos a nuestro alrededor veremos que no son excepción y que la gran mayoría de sexagenarios no solo están en forma, sino que les queda suficiente fuerza para seguir trabajando fuera o en casa –ayudando a la familia-.

Jubilados
Jubilados / Pixabay

La vida ha cambiado mucho en pocos años. Para los padres de nuestros protagonistas la vida activa comenzaba a terminar cuando entraban en la década de los sesenta y de hecho se hablaba de que pasaban a la tercera edad, después de la juventud y la madurez. La tercera edad era la última y además la más corta de esas etapas vitales, baste recordar que en 1960 la esperanza de vida al nacer en España era de 67 años.  Hoy en cambio una persona que supera los 60 años tiene por delante un mínimo de 20 años de vida pero además con una calidad, economía y autonomía inimaginable el siglo pasado.

El prestigioso Instituto Max Planck propone acuñar el concepto de cuarta edad porque los 72 años de ahora equivalen a los 30 años de hace 2.000 años. Yo no me atrevo a ir tan lejos en el tiempo y simplemente quiero recordar que no son pocos los científicos que suscriben al respecto de la vejez la teoría de la edad prospectiva. Para Scherbov y Sanderson la clave son los años que nos quedan de vida, no los que ya hemos cumplido. La edad prospectiva, por tanto, no se fija en tu fecha de nacimiento sino que, para estos expertos en demografía, la vejez comienza una docena de años antes de morirte. Si en España la esperanza de vida hoy supera los 83, pero en apenas una década estaremos en los 90 años, estaremos en disposición de trabajar (porque no seremos viejos) hasta los 75 años.

No solo el indicador de la esperanza de vida nos lleva a la tesis que titula este artículo, también el progresivo aumento de la edad de jubilación, las cada vez mejores estadísticas sanitarias, la edad de los turistas y el protagonismo en el consumo de esta cohorte de edad. Cumplir hoy 60 años supone tener por lo menos una década por delante de actividad profesional y buena salud, exactamente igual que a mediados del siglo pasado suponía cumplir 40 años.

El barómetro VidaCaixa retrataba hace unos meses a los jubilados españoles en el que la edad media de jubilación es 62 años y siete de cada diez se sienten jóvenes para hacer todo tipo de actividades y aprender cosas nuevas. De modo y manera que las personas con más experiencia están en disposición de seguir aportando y mucho a la sociedad, también en la actividad profesional. La Fundación San Prudencio ha ayudado a ello con una reciente encuesta a directivos en la que demostró que los trabajadores seniors no son más absentistas, pero sí son más disciplinados, no tienen resistencia a aprender cosas nuevas ni son menos productivos ni tienen más accidentes. En cambio sí son más leales y tienen más experiencia y ética en el trabajo.

Es ya una tendencia en el Reino Unido y en Estados Unidos contratar a mayores de 55 años en las compañías, no solo se valora la experiencia, sus redes de contactos y conocimiento sino también las nuevas fórmulas de flexibilidad que abaratan sus costes para la empresas y sobre todo la motivación y fidelidad frente a otras generaciones.

Por todo lo anterior podemos afirmar con Juan, Antonio y Lucila, sin temor a equivocarnos, que los 60 de nuestros días son los nuevos 40.

Los sesenta de hoy son los nuevos cuarenta

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