Domingo, 16.12.2018 - 14:34 h
Serendipia
Director de Deusto Business School y profesor de la UNIR

Una caja de arena para la innovación

U
n arenero es un espacio lleno de arena para que los niños jueguen que suele situarse en parques y patios de colegios aunque cuando está en una casa le llamamos caja de arena. Es fácil recordarlos en nuestra infancia porque allí se ubicaban los columpios y toboganes. La arena amortiguaba los golpes cuando nos caíamos pero también nos mantenía entretenidos haciendo montones y castillos. Esos recintos cerrados además protegían a los más pequeños de perros y de los juegos más violentos de los chicos mayores.

Una caja o bandeja de arena también es un recipiente para que los gatos domésticos hagan sus necesidades sin salir a la calle. Muchos propietarios de mascotas prefieren que no se muevan por el exterior para prevenir posibles peligros por lo que esta caja puede evitarles estos riesgos.

En la pirotecnia las cajas de arena se usan para explotar fuegos artificiales que ya no pueden lanzarse y de ese modo amortiguar el sonido y otras consecuencias de la deflagración. Pero también en el mundo de la informática existe este término para referirse a un entorno de pruebas aislado precisamente para evitar la eventual afección de las partes claves del sistema. En ciberseguridad es habitual usar un campo de arena o sandbox para ver como evoluciona un eventual software malicioso sin que afecte al normal funcionamiento.

Aunque al lector de este artículo no le preocupen los virus informáticos, no tenga niños pequeños ni gatos y lo más cerca que ha visto fuegos artificiales sea en las fiestas de su ciudad, me temo que va a oír hablar de sandbox en los próximos meses.

El nuevo uso del término sigue manteniendo el significado original, un lugar donde jugar, hacer pruebas o experimentar sin consecuencias irreparables. En el ámbito regulatorio anglosajón se utiliza la expresión sandbox cuando un regulador o supervisor público permite desarrollar una determinada actividad al amparo de una autorización administrativa sin aplicar la regulación vigente en ese ámbito. Es, como recuerda el abogado español Francisco Uría, un espacio de prueba en el que un determinado producto, servicio o tecnología puede probarse en relación con un número determinado clientes, con la seguridad de que no existirán consecuencias sancionadoras por parte de los supervisores. Un sandbox está concebido por tanto, para promover las mejores condiciones que favorezcan el desarrollo de nuevos modelos de negocio en el contexto de mercados regulados que se encuentran sometidos a la irrupción de la tecnología. Su objetivo es evitar que ideas innovadoras, susceptibles de repercutir en un beneficio para los consumidores, sean desechadas por las complicaciones regulatorias que impiden ponerlas en marcha.

Esta técnica se está utilizando en diversos países como el Reino Unido, Singapur, Malasia o Australia como medio para facilitar la innovación tecnológica y la trasformación digital en el ámbito de los servicios financieros, conocida con los neologismos fintech e insurtech. Según Lupicinio Abogados, hasta veinte países han anunciado a día de hoy la implantación de alguna forma de regulatory sandbox, dentro de una estrategia más amplia para atraer el talento internacional. emprendedor En España, la CNMV ha incluido en su plan de actividades de 2018 el estudio de este fenómeno y no son pocas las voces que reclamaban su implantación inmediata de cara a mejorar el ecosistema de innovación en el sector financiero español.

Pero los sandbox están desbordando el ámbito regulatorio para introducirse en el corazón de las grandes corporaciones coincidiendo con la disrupción tecnológica. Ante un escenario cada vez más cambiante y competitivo las organizaciones ven en el emprendimiento corporativo una vía para adoptar los exitosos modelos de innovación disruptiva de las startups, ya sea tendiendo puentes de colaboración con estas mediante fórmulas de innovación abierta o promoviendo el espíritu emprendedor de sus propios trabajadores. Pero es sabido que los procesos y procedimientos matan muchas nuevas ideas en las grandes empresas, más aún si hablamos de emprendimiento corporativo donde habitualmente el elefante -la multinacional- acaba pisando a la gacela -el intraemprendedor-.

Por eso para evitar que la burocracia, el status quo o las jerarquías puedan convertirse en un freno para la innovación tecnológica, las empresas pioneras en innovación abierta implantaron en su día fast tracks, inspirados en los servicios de las compañías aéreas que permite que los clientes VIPS no esperen largas colas y embarquen directamente. Ahora el siguiente paso es un sandbox que garantice el mejor ambiente para emprender dentro de una organización. Un ambiente que es algo más que espacios abiertos de trabajo o financiación para crecer, es un ecosistema dentro de la corporación que blinde a las startups y que les permita no cumplir los procedimientos corporativos que lastran su velocidad. Todo sea por proteger a las startups de de la tediosa e improductiva lentitud de las multinacionales porque como nos recuerda el último libro de Eric Ries, “ todos los empleados de las verdaderas empresas modernas tendrán la oportunidad de ser emprendedores y sus ideas serán respetadas e impulsadas”, si aportan valor añadido a los clientes. 

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