Viernes, 06.12.2019 - 20:04 h
En mi molesta opinión
Analista político

España, siéntate y habla… de autodeterminación, 'si us plau'

En Cataluña, todos los que llevan un lazo amarillo en el pecho, o entre ceja y ceja, suelen llevar también una venda en los ojos, o en su defecto, unas gafas oscuras, tirando a opacas. No son para evitar que les moleste el sol, sino para evitar que les moleste la realidad. Esa realidad tozuda que no termina de darle la razón al independentismo "destroyer", y que a cambio sólo les ofrece sustos y disgustos, unas veces policiales y otras judiciales.

Ahora, los devotos del santo "lacismo" y del tractor amarillo, se han dado cuenta de que su república ficticia-bananera (por el color del banano) no sólo está detenida -en todos los sentidos-, sino que anda más perdida que Albert Rivera la noche del 10-N. Además de la división interna entre partidos e instituciones separatistas, que luchan entre ellos para defender sus intereses particulares, que por supuesto no son los mismos que los de los catalanes, sufren el continuo descrédito de la imagen internacional; ya nadie se traga el cuento de la Caperucita amarilla y el lobo feroz español, salvo los rusos pero por intereses espurios de desestabilización europea.

Lo de pueblo oprimido -"Freedom for Catalonia"- no cuela desde hace tiempo porque no coincide el estatus de vida de los indepes -chalecito de dos plantas o pisito con vistas al mar, un par de coches y una moto, libertad de movimientos y libertad para quemar y destrozar el mobiliario urbano hasta la hora de cenar- con el estándar de los verdaderos oprimidos que existen y realmente sufren en el mundo.

A pesar de ello, el espectáculo debe continuar. Y a la incompetencia de los políticos catalanes, hay que sumarle la de los políticos españoles, que llevan años sin ser capaces de formar un Gobierno estable y aprobar unos presupuestos. Pero no pasa nada. España puede con todo y con todos. A la coalición "social-comunista" de PSOE y UP le añadiremos también unas dosis de separatismo republicano -ERC- para que al tinglado político no le falte de nada.

Cuando digo de nada, me refiero a que no le falte ni siquiera las gotas agridulces de la estupidez humana: "Tsunami Democratic pide al Barça y al Madrid que permitan colocar la pancarta 'España, siéntate y habla' en el clásico". Una pancarta de tamaño descomunal y en inglés -"Spain, sit and talk"-, para que se entere todo el planeta.

Sí, han leído bien, el Madrid también está invitado a la fiesta. Tiene que apoyar la estulticia secesionista de Puigdemont, Torra y compañía, que quieren seguir intentando convencer al mundo de que los catalanes viven sometidos y deben hablar con España para pactar una salida y alcanzar así su ansiada libertad. Ante esto, lo más adecuado es practicar un "siéntate y cálmate" para que a uno no le suba la sangre a la cabeza y se vea obligado a llamarles por su nombre real: 'Tsunami de tontos muy tontos'.

La propuesta de sentarse y hablar "seiem i parlem"- no es nueva. Es más, aparece tanto en boca de muchos que se está poniendo más de moda que Rosalía. Hace tiempo que esta consigna suena en el ambiente nacionalista, sustituyendo a otra también muy persuasiva que ha servido como banda sonora del independentismo: "Dret a decidir". Quién se puede negar a tal principio fundamental. Ahora que lo decidimos todo, incluido el tamaño de los pechos o el pene, cómo no decidir lo que queremos decidir.

Después de enarbolar el benéfico "Seiem i parlem" -sentémonos y hablemos-, que también promueve con entusiasmo ERC y Pablo Iglesias, y que Sánchez quiere aceptar pero con disimulos para que no le suponga un descrédito político y electoral, surgen dos cuestiones obvias: ¿quiénes son los que deben sentarse a hablar y, una vez sentados, de qué deben hablar? Las respuestas no son tan sencillas como cabría esperar. Elsa Artadi, de JxCat y mujer de confianza de Puigdemont, ha pedido que no se filtren conversaciones de ningún tipo. Eso es, que los ciudadanos no se enteren qué negocian los políticos. Todo muy poco transparente y absurdo como la democracia misma que hoy día se practica en Cataluña.

Y ha añadido que los interlocutores, además de Quim Torra, deben ser Puigdemont y Junqueras, uno huido de la Justicia y el otro en la cárcel, porque si no parece más bien un blanqueamiento para formar Gobierno en vez de una voluntad real de llegar a acuerdos. Y cómo no, Artadi también ha pedido en su carta a los Reyes Magos "un relator, o un observador, o como se le quiera llamar", ha dicho, pero alguien neutral para que garantice la negociación.

La otra pregunta del millón es ¿de qué hablar? Ojo al dato, porque muchos no dicen ‘sentarse y hablar’, sino sentarse y "negociar", verbo transitivo que implica llegar a un acuerdo o solución, resultado que siempre viene bien si lo que se negocia está -y ahí me duele- dentro de la Constitución. No es preciso ser Einstein para adivinar que los que se sienten por el lado separatista de lo que quieren hablar/negociar es de lo mismo, de aquello que nunca debió suceder en 2017. Y a las palabras de Elsa Artadi me remito: "Tiene que haber un diálogo real sobre autodeterminación, referéndum, una solución política y que esto sea observable". Por un lado, negociaciones ocultas para pactar presupuestos; pero por otro, negociaciones con altavoz para pactar la autodeterminación.

Y mientras tanto, el presidente del Gobierno en funciones intentando convencernos de que la abstención de ERC será sin contrapartidas, transparente y constitucional. Un generoso precio que los de Esquerra no pueden pagar si no quieren que Puigdemont y JxCat les acusen de "botiflers", de traidores a la patria, y perder de este modo todas sus posibilidades de gobernar en Cataluña. En definitiva, o España se arrodilla y calla, o Sánchez lo tiene difícil para formar su coalición Frankenstein.

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