Miércoles, 19.12.2018 - 01:12 h
En mi molesta opinión
Analista político

Los obstáculos que deberá superar Casado para liderar el PP

Rajoy ya es historia y Soraya va camino de serlo, si no juega bien sus nuevas cartas. Los congresos de los partidos se realizan para clarificar posiciones más que para integrar corrientes y tendencias, de ahí que las candidaturas derrotadas acaben por no tener mucho peso en los nuevos organigramas. Lo malo de Soraya y su equipo es que están acostumbrados a mandar mucho, es lo que tiene haber controlado el poder de la nación, y ahora cualquier puesto que les ofrezcan en el partido, por ejemplo ser vicesecretarios, les parece poca cosa.

La ex vicepresidenta tiene que aceptar su nueva realidad y encajar que el mando ya no es suyo, y que hay un nuevo presidente en el partido: Pablo Casado, que a su vez debe afrontar el reto de unir al partido, si no quiere que los enemigos estén más dentro que fuera. Ya lo decía Maquiavelo, ten cerca a tus amigos, pero más cerca aún a tus enemigos. Soraya debe reinventarse, más que buscar la batalla desde dentro del partido. Sería una buena candidata para la alcaldía de Madrid, pero eso lo tiene que decidir Casado, y claro, colocar de candidato en la Capital a alguien en quien no confías, se hace complicado.

Tras su XIX Congreso el PP ya es otro partido, desde el punto de vista de liderazgo pero también de contenido. La era Rajoy se caracterizó por una gran preocupación por socorrer a España en lo económico pero también por su abandono en lo que se refiere a ideario político. El propio Rajoy se ha distinguido por ser un presidente que no se metía en política, ni blandía banderas ideológicas que pudieran remarcar el perfil del PP.

En este último congreso, los populares han entrado en siglo XXI, no sólo por la forma democrática de elegir a su nuevo líder, sino porque con la elección de Pablo Casado se ha hecho una apuesta por adoptar las claves de la nueva política. Decir que Casado es "muy" de derechas es una mera simplificación y más en una época en la que ser derecha o izquierda no tiene un claro significado, y hay que redefinir ambas posiciones. ¿Qué significa hoy ser conservador? ¿Qué significa hoy ser progresista?

El nuevo presidente del PP planteó una estrategia clara para ganar las elecciones internas que pasaba por reforzar los ideales y las ideas de un partido desnutrido en el pensamiento y desilusionado con su futuro. A partir de ahora el nuevo líder, Pablo Casado, deberá tener una actitud más centrada, sin rechazar las esencias de la derecha, para ampliar su espacio electoral.

Además de lucir 37 años bien perfilados y poseer una buena oratoria, Casado da la sensación de tener las ideas claras y sin complejos; de creerse su discurso, algo sorprendente en estos tiempos descreídos en los cuales los grandes principios y valores quedan arrinconados por el pragmatismo político. Con él llega la posibilidad para el PP de liderar la sociedad desde valores diferentes a los que habitualmente maneja la izquierda.

Pero no será fácil. Las trampas y los enemigos acechan, y todos –incluso los de su propio partido- le están esperando con los puñales abiertos. De entrada, aún debe aclarar su "asignatura pendiente" con el tema del master y su currículum académico, que sigue abierto en un juzgado de Madrid, y que sin duda será su primera gran prueba para conseguir credibilidad y coherencia. Esto, como hecho importante, como asunto urgente debe poner orden en el partido, apaciguar a los perdedores, reorganizar los equipos y controlar el aparato. No le van a sobrar los minutos, y en breve empezará una cascada de elecciones –incluido un posible adelanto de las generales- que pondrán a prueba sus posibilidades reales y sus promesas.

Otra prueba crucial será la de enterrar definitivamente al PP de la corrupción, algo que no hizo Rajoy, y proyectar una imagen renovada del Partido Popular. Sin olvidar que a los de Génova no les basta con ganar elecciones, deben hacerlo con mayorías absolutas para poder gobernar. Casado tiene que aprender a negociar y a no tener un partido tan cerrado a la hora de entablar apoyos de gobierno. A partir de ahora ya no sólo está el PSOE como gran rival, Ciudadanos será también su gran pesadilla a la hora de pescar votos en el centro derecha.

Por último, la comunicación sigue siendo otro de los grandes retos del PP. En una era como la actual en la que política y comunicación son lo mismo, los populares deben mejorar mucho para no seguir perdiendo la batalla de la imagen y poder conectar realmente con una sociedad que no capta su esencia, o al menos no les sigue. Más allá de la economía y de la unidad nacional, Casado debe encontrar su valor diferencial y su fórmula estratégica para ofrecer algo "nuevo" que seduzca de manera transversal a todo tipo de votantes, desde socialdemócratas hasta conservadores, y eso quizá pase por aplicar una auténtica revolución ética.

De todos modos, no hay que olvidar que unas elecciones nunca se ganan desde la oposición, siempre las pierde el que está en el poder. Lo hemos visto con Rajoy, y lo vimos con Zapatero y Aznar. La principal misión de Casado es demostrar que está preparado para gobernar, una vez llegue su oportunidad.

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