Lunes, 30.03.2020 - 19:32 h
Patrona de la Fundación Renovables

Sostenibilidad energética urbana

Las ciudades y las áreas urbanas se han configurado como importantes centros de población. En el año 2018 más del 55% de la población mundial vivía en ciudades, según el Banco Mundial; en España este porcentaje se eleva hasta el 80%. Centrándonos en el ámbito energético, hay que señalar que las ciudades y las áreas urbanas son importantes consumidoras de recursos energéticos y, a la vez, son responsables de más del 70 % de las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero. Además, la energía que consumen se genera, en su gran mayoría, lejos de las mismas, desplazando al medioambiente y externalizando los problemas de contaminación asociados a su producción y transporte.

Conscientes de la responsabilidad que tienen las áreas urbanas en la emergencia climática, numerosos organismos internacionales llevan desde hace décadas poniendo el foco en su papel como actores fundamentales en la lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones. Así, en el año 1987, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo propuso una definición de sostenibilidad que puede ser aplicable también a la sostenibilidad energética. Esta propuesta se hizo en el informe 'Our common future' (Informe Brundtland, 1987) elaborado por esta Comisión: "la sostenibilidad está relacionada con la satisfacción de las necesidades actuales sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades". Comprende, por tanto, tres elementos: la reposición de los recursos para evitar su agotamiento, el cuidado del medioambiente y la mejora de la calidad de vida y el bienestar de las personas; asegurando el acceso a los servicios y derechos de una manera equilibrada y justa. En dicho concepto de sostenibilidad aparece, con una elevada importancia, el equilibrio entre la utilización de los recursos y la capacidad de regeneración de estos y de no afectación, es decir, que no haya una elevada producción de residuos que hipotequen a las futuras generaciones.

Unos años después, en la 'Declaración de Río sobre el Medioambiente y el Desarrollo' (Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (Brasil), 1992) se propuso un plan de acción global del que nacería el Programa 21, que plantea una serie de acciones para afrontar los retos de la humanidad de cara al siglo XXI. Este programa dio lugar a las agendas 21 locales, que son un medio de evaluación de la sostenibilidad en las ciudades.

Más recientemente, en el año 2012, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Conferencia Rio+20) se reconoce de manera explícita el papel fundamental de la energía en el proceso de desarrollo, a través del documento 'El futuro que queremos', que fue aprobado por las Naciones Unidas el 27 de julio de 2012. Su influencia en el desarrollo queda justificada ya que, como se señala en el citado documento, el tener acceso a servicios energéticos modernos y sostenibles contribuye a erradicar la pobreza, salvar vidas, mejorar la salud, favorecer la inclusión social y ayuda a satisfacer las necesidades humanas básicas. Además, se incide en el apoyo a las fuentes de energía renovables y a las tecnologías de bajas emisiones, al uso eficiente de la energía y a conseguir una mayor electrificación. En esta conferencia se establece también el compromiso de implementar los 'Objetivos de desarrollo del milenio' promulgados por la ONU. Entre estos, el objetivo número siete es sobre energía y apunta a la necesidad de asegurar el acceso a energías asequibles, fiables y sostenibles.

¿Cómo pueden las ciudades y los entornos urbanos contribuir a conseguir estos objetivos?

Como ya se ha apuntado, las ciudades son un lugar fundamental para el desarrollo de muchas acciones relacionadas con la sostenibilidad energética, no sólo por la demanda de recursos que tienen, sino también por la huella medioambiental que generan. Además, las actuaciones planteadas desde un ámbito local consiguen una mayor participación e implicación de la ciudadanía.

Para saber cuál puede ser su contribución parece razonable analizar primero dónde están los consumos energéticos en la ciudad y qué efectos tienen. Además, una vez identificados, sería conveniente poder evaluar la incidencia de las distintas acciones que se pueden poner en marcha para conseguir alcanzar la sostenibilidad energética urbana.

La ciudad es un sistema abierto que intercambia flujos de energía y materia con su entorno. Por una parte, los flujos de energía que entran a la ciudad son la electricidad y los combustibles fósiles (considerando sólo el consumo final de energía). Como consecuencia de su uso, se generan contaminantes atmosféricos y residuos de todo tipo.

Si retomamos la definición propuesta de sostenibilidad y la aplicamos al uso de la energía en la ciudad podemos afirmar que una ciudad energéticamente sostenible debería cumplir:

- No producir ningún impacto ambiental.

- Que la energía que se consuma sea de origen renovable y, en la medida de lo posible, producida de forma local.

- Que el consumo energético de la ciudad sea lo más eficiente posible, para requerir la menor cantidad de recursos.

¿Cómo se puede actuar en una ciudad para conseguir avanzar en la consecución de esos objetivos?

- Para alcanzar el nulo impacto ambiental se deberán realizar acciones encaminadas a reducir dicho impacto sobre el medio ambiente, consecuencia directa del uso de la energía en la ciudad. Entre otras, destacamos: eliminar los combustibles fósiles como fuente energética, conseguir el reciclaje de los residuos generados, utilizar vehículos no contaminantes y planificar una distribución modal del transporte basada en el transporte público no contaminante y en los desplazamientos no motorizados. Esto significará, además, mejorar la calidad del aire que se respira en las ciudades.

- Respecto al origen renovable de la energía, es muy importante que la producción de energía se haga en el punto de consumo, o lo más cercano posible al punto de consumo mediante fuentes renovables, de manera que no se trasladen los problemas de su generación al exterior de la ciudad. Una ciudad es más sostenible cuanto más capaz es de cubrir sus demandas energéticas mediante energía producida en su espacio urbano, liberando así espacios ajenos a la ciudad. Potenciar la instalación de sistemas de autoconsumo fotovoltaico puede contribuir, por tanto, a la sostenibilidad energética y, además, ayudar a la concienciación de la ciudadanía respecto a su responsabilidad en la misma.

- La eficiencia energética de la ciudad debe estar aplicada tanto en los edificios como en el transporte.

Debemos ser capaces de evaluar las ciudades en cuanto a su sostenibilidad energética. Las actuaciones que se lleven a cabo en el ámbito urbano deberían poder ser medidas de alguna manera mediante indicadores que permitan evaluar las ciudades en cuanto a su sostenibilidad energética, además de facilitar información sobre su evolución. En un artículo que hemos publicado recientemente proponemos tres tipos de indicadores que pueden servir para medir la sostenibilidad energética de las ciudades. En concreto:

- Indicadores básicos: miden los flujos de energía y los contaminantes del sistema ciudad y dependen de actuaciones y políticas locales. En total, hemos identificado cuatro indicadores de este tipo: la cantidad de combustibles fósiles que se utilizan en la ciudad, la producción eléctrica local con renovables, la producción térmica local con renovables y la calidad del aire.

- Indicadores instrumentales: relacionados con las acciones que ayudan a mejorar los indicadores básicos. Nuestra propuesta define cuatro indicadores de este tipo: la eficiencia energética en edificios, el porcentaje de vehículos no contaminantes, la existencia de planes de sostenibilidad energética y la tasa de utilización de transporte público o medios no contaminantes para el desplazamiento al trabajo.

- Indicadores complementarios: dependen de factores externos, pero pueden contribuir a la sostenibilidad energética de la ciudad. Los indicadores de este tipo son: la asequibilidad energética, la calidad del suministro eléctrico y el porcentaje de renovables en la producción eléctrica externa.

Todos estos indicadores, debidamente ponderados, se integran en un índice que es capaz de medir la sostenibilidad energética urbana y que debe servir a las entidades locales no sólo para mejorar sus políticas energéticas, sino, también, para cuantificar la eficiencia de las medidas adoptadas y su evolución con el paso de los años.

La situación de emergencia climática que vivimos nos obliga a todos, y en particular a las ciudades, a tomar medidas reales y urgentes para mejorar la sostenibilidad energética.

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