Miércoles, 27.03.2019 - 04:29 h
En la frontera

El momento para mejorar el mercado laboral es...nunca

La patronal CEOE está enfadada. Los sindicatos CCOO, UGT y el Gobierno de Pedro Sánchez han llegado a un principio de acuerdo para modificar la reforma laboral de 2012 sin su visto bueno. Por lo que ha dado a conocer CC OO, el principio de acuerdo recupera la ultraactividad de los convenios colectivos, repone el subsidio de desempleo para los mayores de 52 años, establece la prevalencia del convenio colectivo del sector frente al de la empresa y elimina la referencia del 15% en la Encuesta de Población Activa (EPA) para mantener el subsidio extraordinario de desempleo.

El acuerdo que tanto ha enfadado al nuevo presidente de la patronal Antonio Garamendi trata de introducir equilibrio en un mercado descompensado en el que los trabajadores están en una situación de indefensión traducida en precariedad, bajos salarios y baja productividad, algo que amenaza la estabilidad misma de la sociedad a medio plazo.

La patronal CEOE no está de acuerdo con la denominada “contarreforma laboral”. Menos aún cuando cabe la posibilidad de que el Gobierno que ahora la admite tenga los meses contados. Para el nuevo presidente de los empresarios, no es momento de cambiar las reglas del juego, por mucho que hayan beneficiado más al equipo que representa. En realidad, nunca hubo un buen momento para acompasar el ritmo de mejoras salariales y de empleo al de los beneficios de las empresas. Lo recordaban continuamente los portavoces de los Gobiernos y el Banco de España.

El mantra de la moderación salarial

El mantra de la moderación salarial como instrumento para consolidar el crecimiento de la economía, modernizar la estructura productiva y mejorar la calidad del empleo fue aceptado mal que bien por los sindicatos, con apelaciones continuas a la responsabilidad. Admitieron el mantra con los Gobiernos del PSOE y con los del PP. Las estadísticas de Eurostat muestran claramente esa moderación salarial entre 1998 y 2006, con un salto notable entre 2006 y 2009 y el hundimiento a plomo de las retribuciones a partir de ese año.

Garamendi (izquierda) junto a su antecesor Juan Rosell.
Garamendi (izquierda) junto a su antecesor Juan Rosell. / EFE

El estallido de la crisis, en una economía basada -como ahora- en el turismo y en el ladrillo, dejó en evidencia a los sindicatos. El 25 de enero de 2012, apenas un mes antes de que el Gobierno de Mariano Rajoy derribara a trompazos el marco de relaciones laborales, los empresarios de la CEOE y Cepyme y los sindicatos habían firmado el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva 2012-2014. Quince días antes, el 10 de enero, las partes habían comunicado al Gobierno los preacuerdos alcanzados sobre una amplia variedad de temas (solución de conflictos, formación profesional para el empleo, mutuas y absentismo; racionalización del calendario de festivos etc).

Mal empleo o ningún empleo

El Ejecutivo de Mariano Rajoy ignoró los acuerdos. No era momento de atender a compromisos, sino de aplicar las teoría liberales más duras para hacer frente a la crisis. En el frontispicio de la legislación laboral quedó grabada ¿para siempre? la máxima: mejor un mal empleo que ningún empleo.

Y hasta aquí hemos llegado: tras los años de crecimiento, la tasa de paro todavía es del 15,3%, la segunda más elevada de la UE y más del doble de su media (6,8%); cuatro de cada diez desempleados lleva más de dos años sin empleo; la tasa de temporalidad (26,6%)es la más alta de la UE; y uno de cada cuatro contratos realizados dura menos de siete días.

Aunque la degradación del mercado laboral es evidente, la patronal no quiere cambios. Argumenta que ante la desaceleración de la economía española prevista para 2019 y 2020, las reformas podrían incrementar el desempleo. Vamos, que no es el momento. Por si las moscas, la CEOE ha nombrado presidente de su comisión de economía al exsecretario de Estado Íñigo Fernández de Mesa, número dos del exministro de Economía y hoy banquero central, Luis de Guindos, que tampoco encontró nunca el momento de modernizar -en términos europeos, no ibéricos- el mercado trabajo. 

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