Martes, 11.12.2018 - 17:39 h
En la frontera

Un aviso para Ribera: el ministro francés de Transición tira la toalla

La Real Academia Española (RAE) define transición como la “acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”. La definición es tan precisa como sencilla. Describe, sin embargo, algo muy complejo. Ninguna transición es fácil. Que se lo digan si no al escritor, periodista, activista y ya exministro francés de Transición Ecológica, Nicolas Hulot. En su caso, el intento de pasar de un modelo a otro basado en la descarbonización, el respeto a la biodiversidad y la ecología le ha costado la cabeza.

El presidente francés, Emmanuel Macron, nombró al activista Hulot como símbolo de su empeño por cambiar las cosas. Pero los políticos proponen y los grupos de poder disponen. Hulot dimitió en directo durante una entrevista en la cadena de radio France Inter, cansado de los ninguneos y desplantes de Macron.

Aquí, al otro lado de los Pirineos, también hay un Ministerio de Transición Ecológica. Lo dirige Teresa Ribera que tras conocer la decisión de Hulot se apresuró -con razón- a lamentar su dimisión. Lo hizo en un mensaje público en el que destacaba, además, que la ecología es fundamental en la acción de cualquier Gobierno. La dimisión de Hulot es un aviso para Ribera. Los lobbies existen y aplican su influencia en todos los países con economías de mercado desarrolladas. En Francia, a tenor de las explicaciones del ya exministro, han tenido éxito: Macron está atado de pies y manos. Y la Transición Ecológica, amenazada.

El poder de los lobbies

En España, la influencia y el poder real de los lobbies es, si no mayor, sí más evidente que en Francia. Hay sectores a los que ni siquiera ha llegado el concepto de transición -no ya la ecológica, sino también la política-. Ribera los tiene enfrente a todos. La ministra tiene voluntad, capacidad y conocimientos. Pero tiene poco tiempo para actuar desde un Gobierno en minoría.

Nicolas Hulot, exministro francés de Transición Ecológica.
Nicolas Hulot, exministro francés de Transición Ecológica. / EFE

Lo malo es que cada retraso en la toma de decisiones -que son urgentes- es una barricada más para los grupos que intentan retrasar lo más posible la aprobación de medidas contra el cambio climático porque perjudican la cuenta de resultados. Ribera llegó con ímpetu al cargo, pero ha tenido que moderar el impulso. Un ejemplo: prometió “una respuesta” para antes del verano para los pequeños inversores atrapados en las renovables y esa respuesta aún no ha llegado.

Desde las organizaciones impulsoras de las renovables se ha hecho llegar a Ribera la lista de tareas urgentes. La idea central es que España no puede permitirse una transición lenta, una transición de “pequeños pasos” inútiles como los que criticó Hulot en su entrevista-dimisión. 

La pelea va a ser dura. Antes de fin de año tiene que dar forma a la Estrategia de Transición Justa, al Plan de Energía y Clima y a la Ley de Cambio Climático. Son tres herramientas fundamentales para dar la batalla de la transición energética y afectan a poderosos sectores empresariales a los que la palabra “urgencia” les suena siempre a amenaza. Ni las empresas del sector eléctrico, ni las empresas petroleras y gasistas quieren medidas urgentes. Su calendario es otro.

Estructuras complejas

Ribera se enfrenta a una estructura empresarial y normativa muy compleja. Un ejemplo: en el sector eléctrico, necesitado de una reforma en profundidad, el andamiaje normativo está formado por 20 leyes, 94 decretos, más de 100 órdenes ministeriales y centenares de resoluciones que aseguran su actividad (y sus beneficios). Desmontar el mecano es una tarea ingente por la complejidad y por la costumbre de las empresas de discutir en los tribunales cada medida del Gobierno.

Ya lo advirtió el anterior ministro de Energía, Álvaro Nadal: “Desde que se estaba secando la tinta en el BOE de la reforma energética, se ha recurrido todo (…) No puede ser que todos los bonos sociales, todas las leyes energéticas, todos los reales decretos se recurran. No ocurre en ningún otro sector. No es normal esta situación”, aseguró públicamente en marzo.

Normal o no, es lo que hay. Ribera lo sabe. Ojalá nunca tenga que hacer suyas las palabras de despedida de su colega Hulot: "Ya no quiero seguir engañándome a mí mismo ni quiero que mi presencia en el Gobierno ilusione a la gente que crea que estamos a la altura en este tipo de asuntos. Así que tomo la decisión de abandonar el Gobierno". Para tomar nota.

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