Martes, 17.10.2017 - 02:35 h

Los parásitos de la malaria suavizan las defensas de nuestras células para invadirlas

Los parásitos de la malaria hacen que los glóbulos rojos se vuelvan más flexibles, ayudando a los parásitos a entrar y provocar infección, según los resultados de un estudio. La malaria es causada por una familia de parásitos que son transportados por los mosquitos, de manera que una vez que los parásitos entran en el cuerpo a través de una picadura de mosquito, se multiplican en el hígado antes de invadir los glóbulos rojos donde generan todos los síntomas de la enfermedad de la malaria.

Los parásitos de la malaria suavizan las defensas de nuestras células para invadirlas
Los parásitos de la malaria suavizan las defensas de nuestras células para invadirlas

Los parásitos tienen motores moleculares que les permiten introducirse en las células, y se pensó que era todo lo que se requería para la invasión. Sin embargo, ahora, los investigadores de este trabajo, liderados por un equipo en el Imperial College de Londres, en Reino Unido, han encontrado que los parásitos también cambian las propiedades de los glóbulos rojos de una manera que les ayuda a lograr entrar en las células.

Al unirse a la superficie de los glóbulos rojos, los parásitos hacen que la membrana de los glóbulos rojos se vuelva más curvada o flexible, facilitando así que el parásito empuje hacia adentro, como se detalla en un artículo sobre este trabajo que se publica en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

Las diferencias en la rigidez de los glóbulos rojos, debido a la edad o el aumento del contenido de colesterol, podrían influir en la capacidad del parásito para invadir, lo que sugiere que los glóbulos rojos con niveles más altos de colesterol podrían ser notablemente más resistentes a la invasión y, por lo tanto, a la infección.

La autora principal del estudio, Marion Koch, del Departamento de Ciencias de la Vida de Imperial, subraya: "Hemos descubierto que la entrada de eritrocitos no sólo depende de la capacidad del propio parásito, sino que los cambios iniciados por los parásitos en los glóbulos rojos parecen contribuir al proceso de invasión".

LAS CÉLULAS MÁS FLEXIBLES, MÁS FÁCILES DE ATACAR

"Esto también podría significar que las células naturalmente más flexibles serían más fáciles de invadir para los parásitos, lo que plantea algunas preguntas interesantes, como ¿son los parásitos quisquillosos sobre qué células invadir, recogiendo las más deformables? o ¿la susceptibilidad a la malaria resulta modificada por el contenido de grasa o colesterol o la edad de los glóbulos rojos circulantes?", apunta.

El doctor Jake Baum, del Departamento de Ciencias de la Vida de Imperial, añade: "Esto sugiere que debemos investigar no sólo la biología de los parásitos, sino también cómo responden los glóbulos rojos del cuerpo. Hay terapias desarrolladas para enfermedades como el VIH [virus de la inmunodeficiencia humana] que fortalecen las respuestas del cuerpo, además de atacar al 'invasor'. No es imposible imaginar algo similar para la malaria, por ejemplo, centrarse en un fármaco que se dirija al huésped y no sólo al parásito".

Con el fin de unirse a los glóbulos rojos, el parásito transporta moléculas que se entrelazan con los receptores en la superficie de las células. Estas moléculas son similares a las utilizadas por el propio sistema inmunológico del cuerpo para alterar las propiedades de las células, por lo que el equipo se preguntó si hacían lo mismo con el parásito.

Para averiguarlo, el equipo expuso los glóbulos rojos a las moléculas del parásito y midió la cantidad de células deformadas como resultado. En un método, en colaboración con la Universidad de Dresde, en Alemania, filmaron mil células por segundo pasando por un estrecho canal, con lo que fueron capaces de determinar la deformabilidad celular al medir cómo de alargadas se volvieron las células durante el tránsito a través del canal.

A continuación, el equipo colaboró con el doctor Nicholas Brooks, del Departamento de Química de Imperial, para medir con precisión de dónde procedía esta deformación. Midieron cuánto se desvían las células de su forma normalmente circular a medida que sus membranas naturalmente fluctúan o parpadean.

El cambio crítico pareció ser el "módulo de flexión" de las células. El módulo de flexión es una medida de cuánta energía se necesita para doblar la membrana celular. Las moléculas que se probaron redujeron el módulo de flexión, lo que significa que el parásito requeriría menos energía para labrar su camino.

Los parásitos tienen motores moleculares que les permiten introducirse en las células, y se pensó que era todo lo que se requería para la invasión. Sin embargo, ahora, los investigadores de este trabajo, liderados por un equipo en el Imperial College de Londres, en Reino Unido, han encontrado que los parásitos también cambian las propiedades de los glóbulos rojos de una manera que les ayuda a lograr entrar en las células.

Al unirse a la superficie de los glóbulos rojos, los parásitos hacen que la membrana de los glóbulos rojos se vuelva más curvada o flexible, facilitando así que el parásito empuje hacia adentro, como se detalla en un artículo sobre este trabajo que se publica en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

Las diferencias en la rigidez de los glóbulos rojos, debido a la edad o el aumento del contenido de colesterol, podrían influir en la capacidad del parásito para invadir, lo que sugiere que los glóbulos rojos con niveles más altos de colesterol podrían ser notablemente más resistentes a la invasión y, por lo tanto, a la infección.

La autora principal del estudio, Marion Koch, del Departamento de Ciencias de la Vida de Imperial, subraya: "Hemos descubierto que la entrada de eritrocitos no sólo depende de la capacidad del propio parásito, sino que los cambios iniciados por los parásitos en los glóbulos rojos parecen contribuir al proceso de invasión".

LAS CÉLULAS MÁS FLEXIBLES, MÁS FÁCILES DE ATACAR

"Esto también podría significar que las células naturalmente más flexibles serían más fáciles de invadir para los parásitos, lo que plantea algunas preguntas interesantes, como ¿son los parásitos quisquillosos sobre qué células invadir, recogiendo las más deformables? o ¿la susceptibilidad a la malaria resulta modificada por el contenido de grasa o colesterol o la edad de los glóbulos rojos circulantes?", apunta.

El doctor Jake Baum, del Departamento de Ciencias de la Vida de Imperial, añade: "Esto sugiere que debemos investigar no sólo la biología de los parásitos, sino también cómo responden los glóbulos rojos del cuerpo. Hay terapias desarrolladas para enfermedades como el VIH [virus de la inmunodeficiencia humana] que fortalecen las respuestas del cuerpo, además de atacar al 'invasor'. No es imposible imaginar algo similar para la malaria, por ejemplo, centrarse en un fármaco que se dirija al huésped y no sólo al parásito".

Con el fin de unirse a los glóbulos rojos, el parásito transporta moléculas que se entrelazan con los receptores en la superficie de las células. Estas moléculas son similares a las utilizadas por el propio sistema inmunológico del cuerpo para alterar las propiedades de las células, por lo que el equipo se preguntó si hacían lo mismo con el parásito.

Para averiguarlo, el equipo expuso los glóbulos rojos a las moléculas del parásito y midió la cantidad de células deformadas como resultado. En un método, en colaboración con la Universidad de Dresde, en Alemania, filmaron mil células por segundo pasando por un estrecho canal, con lo que fueron capaces de determinar la deformabilidad celular al medir cómo de alargadas se volvieron las células durante el tránsito a través del canal.

A continuación, el equipo colaboró con el doctor Nicholas Brooks, del Departamento de Química de Imperial, para medir con precisión de dónde procedía esta deformación. Midieron cuánto se desvían las células de su forma normalmente circular a medida que sus membranas naturalmente fluctúan o parpadean.

El cambio crítico pareció ser el "módulo de flexión" de las células. El módulo de flexión es una medida de cuánta energía se necesita para doblar la membrana celular. Las moléculas que se probaron redujeron el módulo de flexión, lo que significa que el parásito requeriría menos energía para labrar su camino.

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