El 'think tank' de Montoro da con un modelo de renta básica con coste cero


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  • Actúa como el impuesto negativo de Pedro Sánchez y establece el pago de rentas anuales de hasta 5.155 euros para las personas con menos de 10.310 euros.

  • El modelo se financiaría por el ahorro generado por la supresión de un amplio catálogo de ayudas sociales públicas por valor de 20.000 millones de euros.

Montoro insta a la oposición a tener la misma voluntad de acuerdo que los sindicatos en la OEP

Montoro insta a la oposición a tener la misma voluntad de acuerdo que los sindicatos en la OEP MADRID | EUROPA PRESS

De un tiempo a esta parte han sido pocos los partidos políticos, investigadores o institutos de análisis económico que no han sucumbido a la tentación de plantear un modelo de Renta Básica Universal como respuesta al desafío de la robotización y los efectos supuestamente devastadores que ésta tendrá sobre el empleo. La mayoría de ellos han topado con la misma objeción: su inasumible coste presupuestario para un país que aún vive bajo la vigilancia de los 'hombres de negro' y con las restricciones propias del Protocolo de Déficit Excesivo de Bruselas.

En este animado contexto académico, el Instituto de Estudios Fiscales, el laboratorio de ideas del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, acaba de editar un estudio que defiende un modelo de Renta Básica singular, ya que se construye sobre la premisa de no implicar coste extra alguno para las arcas públicas.

El modelo, ideado por los investigadores de la Universidad de Valencia Amadeo Fuenmayor y Rafael Granell, arranca del mismo punto de partida seguido por la propuesta de Renta Básica de Pedro Sánchez o por la formulada hace algún tiempo más por Ciudadanos: la creación de un impuesto negativo sobre la renta. Su desarrollo, claro, es menos ambicioso. Dónde el líder socialista prevé una Renta Básica en el entorno de los 12.000 euros, la propuesta 'apadrinada' por el Instituto de Estudios Fiscales plantea una renta anual de hasta 5.155 euros, buscando la referencia de la pensión no contributiva mínima actual.

Según uno de los autores intelectuales de la propuesta, el profesor Amadeo Fuenmayor, la idea es sustituir el amplio y disperso catálogo de ayudas sociales existente en la actualidad por una Renta Universal, que, al menos, cubra las necesidades más básicas de la población.

Ése planteamiento es la clave de su sostenibilidad, ya que lo que se propone es financiar esa Renta Básica con el ahorro generado por la eliminación de toda una serie de ayudas sociales que van desde las prestaciones no contributivas hasta las becas de estudios o los complementos a mínimos, una 'limpieza' que liberaría más de 20.000 millones de euros de recursos públicos. "Entendemos que con una Renta Básica ya operativa esas prestaciones públicas destinadas a resolver situaciones específicas de necesidad ya no tendrían sentido", explica el profesor Fuenmayor.

Una 'paga' para los más jóvenes

Técnicamente, el modelo funcionaría así. Se establecería un mínimo exento, un punto de corte por decirlo así, de 10.310 euros - el doble del actual, que está en unos 5.500 euros -. Las rentas percibidas por encima de ese umbral pagarían un tipo impositivo del 50% y las que se situaran por debajo percibirían un ingreso creciente cuánto menores fueran sus ingresos, con el máximo anual de 5.155 euros señalado anteriormente.

El sistema tiene otras peculiaridades como que sería universal en sentido estricto. Es decir, se aplicaría a las personas en edad de trabajar y tributar, y a las que no lo están. Los menores sin rentas reconocidas, con independencia de su edad, percibirían una suerte de paga de 1.547 euros al año a modo de compensación por el gasto que generan en sus núcleos familiares.

Al margen de su sostenibilidad financiera, los autores recalcan la potencia del modelo a la hora de reducir la desigualdad y la pobreza. En las microsimulaciones realizadas para estimar cuáles serían sus efectos sobre la situación de los hogares españoles los resultados indican que la tasa de pobreza relativa en España (porcentaje de población por debajo del 60% de la renta mediana) caería prácticamente a la mitad, hasta el 12%, y la de pobreza extrema (40% de la renta mediana) a menos de la tercera parte, un 2,7%, en línea con la de los países europeos más avanzados. Algo similar resulta con el análisis de la desigualdad.