ÚLTIMA HORA DE LOS ATENTADOS: Los investigadores encuentran restos de un segundo fallecido entre los escombros de Alcanar

'Boom' hostelero y temor vecinal chocan en el estreno del Wanda Metropolitano


José González|
  • Con el nuevo estadio habrá perdedores y ganadores. Los vecinos de San Blas-Canillejas temen el ruido, el tráfico y los ultras; mientras, los locales se revalorizan hasta un 15%.

  • Los hosteleros de Canillejas creen que el estadio reactivará la zona y para muchos es la última oportunidad. En la zona del Calderón, la historia es radicalmente diferente.

Un cartel con el nombre Neptuno resalta nítido en un bar de una calle típica obrera y tranquila del barrio de Canillejas. El local está muy lejos de la plaza que lleva el nombre del dios romano de los océanos, el lugar en el que los atléticos celebran las victorias de su equipo, pero en él ya se respira ambiente rojiblanco y se siente espíritu de remontada.

A Ángel Minguella, que regenta este local situado en el número 13 de Las Musas, se le enciende la mirada a la hora de hablar de sus expectativas de cara al futuro cercano, cuando después del verano se inaugure el nuevo estadio del Atlético de Madrid, el Wanda Metropolitano.

Él ha sido uno de los más adelantados y previsores a la espera de la llegada del club a esta zona depreciada de la capital. No solo ha escogido un nombre más que oportuno para su establecimiento, sino que ya ha colgado bufandas, fotografías y pósters del Atleti en el interior del establecimiento. "Aquí ya tenemos todo preparado. Aún tengo que pintar las paredes de blanco y rojo. Es ahora o nunca. Confío en que el fútbol nos salvará de la ruina", asegura.

Como tantos otros comerciantes, Minguella, de 54 años, sueña con el desembarco del club colchonero -previsto para la próxima temporada, desde septiembre- en el distrito, que se ha visto especialmente castigado y en el que la mayoría de hosteleros apenas ganan para pagar impuestos y afrontar gastos de mantenimiento de sus locales.

Los negocios de esta zona ahora han comenzado a revalorizarse hasta un 15%, son demandados y experimentan un dinamismo impensado hasta hace poco, según datos de las inmobiliarias instaladas en el distrito.

La transformación de la histórica Peineta ha empezado a gestar un pequeño milagro. Las obras del nuevo estadio avanzan muy rápido e impactan directamente en la zona. Son sinónimo de esperanza para los dueños de los negocios, pero también de temor y recelo para muchísimos vecinos.

Ofertas de compra, carteles de venta

Minguella trabajó 38 años como encargado de un bar cercano al Parque de Canillejas. Pero no se lo pensó dos veces: hace meses decidió alquilar y dirigir él mismo su propio negocio, en la recta final hacia la inauguración del estadio Wanda Metropolitano. Su apuesta tiene que ver directamente con eso. "En las últimas semanas ya han venido a ofrecerme dinero para quedarse con este bar. No solo aquí, también quisieron comprar el de la esquina y varios de la calle de La Iliada. Ahora hay muchísimo movimiento de carteles que ponen Se vende o Vendido".

"Creemos que la apertura del nuevo estadio resucitará la zona", afirma. A su lado, Diego Marín -vecino y presidente de honor del club Canillejas, la institución deportiva histórica de esta zona- agrega: "Los comerciantes están encantados, pero mucha gente que vive aquí desde que nació, como yo, tiene miedo de que esto se llene de ultras y a los rollos de violencia". También temen al tráfico y no poder aparcar como hasta ahora durante los días en los que juegue el Atlético o se le celebre algún concierto en el estadio.

Según datos del Ayuntamiento de Madrid un partido mueve, de media, entre 10.000 y 15.000 coches, entre 3.000 y 4.000 motos y unos 200 autobuses. Considerando un flujo similar de espectadores y teniendo en cuenta que el Estadio Metropolitano contará con poco más de 4.000 plazas de aparcamiento y que los barrios aledaños de Las Rosas, Las Musas, San Blas y Canillejas suman unas 3.000, hoy faltarían entre 3.000 y 7.000 para absorber el tráfico previsto hacia un estadio con aforo de entre 68.000 y 70.000 personas.

El bar Neptuno se sitúa a escasos metros de la Avenida de Arcentales, que separa dos áreas bien diferenciadas en este punto geográfico de Madrid. De un lado, las urbanizaciones modernas que integran el pujante barrio de Las Rosas, donde no se aprecia ni un letrero de alquiler o venta de inmuebles.

Del otro, los edificios de más de 60 años de Canillejas, donde se encadenan decenas de locales de pequeñas dimensiones con una fisonomía clásica de barrio histórico, de clase trabajadora. La Peineta, hacia el extremo que comunica con la M-40, es el nexo que enlaza estos dos paisajes absolutamente opuestos.

Las inmobiliarias de la zona ratifican estos "movimientos incesantes" del que hablan los comerciantes. El metro cuadrado de un bajo comercial ya cuesta hoy, de media, 1.600 euros (algo más de un 5% que el pasado año).

"En el tema de comercios la cosa ha comenzado a moverse mucho. Vemos un claro incremento de interesados en adquirir negocios, principalmente bares. No así viviendas, ya que el efecto Atleti puede beneficiar a los hosteleros, pero los vecinos no están tan de acuerdo con un estadio de fútbol por aquí. Temen problemas de tráfico, caos de aparcamientos y son reacios a que una multitud llegue a esta zona los días de partido", explica Alfonso López, comercial de una franquicia de la inmobiliaria Tecnocasa, situada en el número 3 de la calle de Aquiles.

Su compañero Javier coincide: "Los comercios más demandados son los que tienen más de 70 metros cuadrados", asegura. Martín Zárate, director del franquiciado inmobiliario Grupo Valore, considera que la tendencia en los próximos meses será al alza. A medida que se acerque la fecha de finalización de obras del estadio se elevarán los precios del metro cuadrado, principalmente en bajos comerciales. "Ya superan el 8% de revalorización y pueden alcanzar el 15%", afirma.

Adiós al escudo del Real Madrid

En el número 54 de la calle de Lucano, a 700 metros del Wanda Metropolitano, Jesús A. Martínez explota el Casi bar.Tiene colgado en una pared un gran escudo del Real Madrid, pero promete entre risas que hará desaparecer "eso dentro de poco tiempo". Al hablar del negocio se pone más serio: "Yo estuve a punto de cerrar. Pero con lo del Atleti, confío que esto cambiará. Ya he hablado con gente de las peñas y me aseguraron que este será un punto de encuentro antes de los partidos. Los comerciantes por aquí ahora estamos muy confiados. Tal vez suceda como lo que le ocurre a un amigo, que tiene bar cerca del Bernabéu. Dice que con lo que recauda los fines de semana que hay fútbol, aguanta toda la semana", admite.  

A escasa distancia de las grúas inmensas y las plumas que levantan bloques de hormigón en La Peineta, José Gómez (jubilado, de 70 años, nacido en este barrio) pasea por Arcentales: "Que los vecinos se aguanten. Soy de Canillejas de toda la vida. Pero algo tenía que pasar para que el barrio levantase cabeza. Aquí, dentro de poco, habrá fútbol día sí, y día también. Muchos hablan de miedo, de drogas cuando llegue el fútbol... Yo creo que es más importante que los comercios cobren vida. Es bueno que venga el Atleti, hombre. Y eso que no soy colchonero ni del Madrid. Soy del Barça", concluye.

Una historia diferente

Y mientras, la historia alrededor del todavía estadio del Atleti, el Calderón, es radicalmente distinta. Muchos de los hosteleros de esta zona, que solo con dos domingos de fútbol mantenían sus negocios, pese a que el resto de los días la semana eran flojos, se ven abocados al cierre. Muchos no han esperado ni siquiera a que el estadio se traslade. Hay algunos carteles de venta en los locales, aunque también hay algunos cerrados sin que exista señal de que pretenden venderse.

Por su parte, los vecinos se muestran optimistas. Creen que en los terrenos del Calderón habrá zonas verdes y podrán decir definitivamente adiós a los atascos y el ruido.