Una reforma laboral excesiva para los sindicatos y corta para las empresas


  • Desde la entrada en vigor de la última reforma hace tres años hay menos parados registrados en el INEM, pero también menos afiliados a la Seguridad Social y menos ocupados en términos de la EPA.

  • Los sindicatos creen que la reforma laboral ha ido muy lejos en materia de derechos laborales, los economistas coinciden en que España debía flexibilizar su mercado de trabajo y las empresas creen que se ha quedado corta.

Una reforma laboral excesiva para los sindicatos y corta para las empresas

Una reforma laboral excesiva para los sindicatos y corta para las empresas

En enero de 2012, el último mes antes de que entrase en vigor la archinombrada y polémica reforma laboral de febrero del mismo año que ahora celebra tercer aniversario, en los servicios públicos de empleo, el antiguo INEM, había un total de 4.599.829 parados registrados.

Tres años más tarde, en enero de este 2015, ese número de inscritos en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ha sido de 4.525.691 desempleados. Podría decirse a simple vista que el saldo positivo, con 74.138 parados registrados menos en 36 meses. Siempre es buena noticia que se reduzca el desempleo. Pero para muchos será insuficiente después de tres ejercicios completos.

Lo que es más complicado de demostrar, con opiniones para todos los gustos entre políticos, sindicalistas, empleadores, economistas y expertos es si son suficientes, si hubiera sido mejor o peor sin la reforma, o hasta qué punto ha influido ésta en el comportamiento del mercado de trabajo español en plena y aguda crisis económica.

Los números

Es más, la comparativa resulta negativa si se atienden a otros datos de nuestro mercado laboral. En ese mismo mes de enero de 2012, el último completo antes de la aplicación de la última reforma laboral, el número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social fue de 16.958.267. Tres años más tarde, ese número es menor, exactamente de 16.575.312. Es decir, 382.955 trabajadores menos dados de alta en el sistema, número que no tiene en cuenta ni entonces ni ahora lógicamente el empleo que pueda funcionar en la importante economía sumergida de nuestro país.

Si atendemos a la Encuesta de Población Activa (EPA), la otra vara de medir la evolución de nuestro mercado de trabajo, el saldo tras estos tres años de reforma también resulta aún negativo. En el último trimestre del año 2011, el previo a la entrada en vigor de la reforma, el número de ocupados era de 18.153.000 y en el primer trimestre de 2012, el de la entrada en funcionamiento de la reforma laboral del actual Ejecutivo, fue de 17.765.000.

Tras años más tarde, en el último trimestre del pasado año 2014, la última EPA disponible, el número de ocupados se quedaba aún en 17.569.100, por debajo de los dos números anteriormente tomados como referencia. Eso sí, hay quien puede decir que la tendencia es al alza desde hace un año, cuando en el primer trimestre de 2014 se redujo hasta los 16.950.600, el peor dato desde que comenzara la crisis. Hay que esperar a los resultados de la próxima EPA el próximo mes de abril para conocer el balance completo tras tres años de funcionamiento de la reforma.

Lo mismo sucede en cuanto al número de desocupados en términos de la EPA. En el último trimestre antes de la reforma, el cuarto de 2011, el número de desempleados fue de 5.287.300, mientras que en el primero de 2012, el de la aprobación de la reforma, era de 5.667.900. Después de tres años, en el último trimestre del pasado año, el número de desocupados permanecía en 5.457.700, aún por encima del que se contaba antes de la reforma, aunque es posible que en la próxima EPA, la correspondiente al primer trimestre de 2015 y que marcará exactamente el saldo de los tres primeros años de reforma, este saldo se haya invertido y pase a ser ya positivo si la actual tendencia del mercado laboral continúa durante estos meses.

En este baile de números que pueden ser interpretados a la mejor conveniencia de quien los interprete en cada caso, hay algunas cosas sin embargo que parecen claras. En los primeros tiempos tras la reforma, se siguió destruyendo empleo en nuestro país, inmerso por aquel entonces todavía en una de las peores recesiones que se recuerdan. Como argumentan algunos, quizá algunas empresas encontraron una oportunidad para acometer reajustes de sus plantillas con mayor facilidad, engordadas seguramente en exceso en muchos casos en los años de vino y rosas previos a la crisis.

Después de tocar techo, en nuestro país se está reduciendo el número de desempleados desde hace aproximadamente dos años, cuando se superaron unos 5 millones de parados registrados en el SEPE y los 6 millones de desocupados en términos EPA.

Y desde hace algo menos también se está generando empleo neto. Desde hace más o menos un año, tanto en número de afiliados a la Seguridad Social como en el de ocupados según la Encuesta de Población Activa.

Los detractores de la reforma aseguran que se ha ido demasiado lejos y que se han recortado derechos laborales conquistados durante décadas de crecimiento económico y democracia en nuestro país. Y señalan que si una de las consecuencias debía ser el aumento de la contratación indefinida al reducirse el coste del despido, está lejos de lograrse el objetivo porque la inmensa mayoría del empleo que se está generando sigue siendo eventual.

Una cuestión de tiempo y de tiempos

Sin embargo, los economistas matizan o contradicen muchos de estos argumentos. Por ejemplo, el catedrático de Economía y director del Índice Laboral ManpowerGroup, Josep Oliver, cree que tras una crisis tan profunda como la vivida, el maltrecho tejido empresarial del país, copado por pequeñas y medianas empresas sobre todo, necesita comprobar durante unos cuantos trimestres consecutivos la consistencia de la recuperación antes de lanzarse a contratar trabajadores con mayor intensidad, con contratos indefinidos y con mejores salarios que los actuales. Sostiene que aún no ha llegado el momento de grandes alegrías en estas materias y vaticina que, según se actúe, España saldrá de la crisis muy mal o convertidos en alemanes.

Jonas Prising, CEO mundial de uno de los mayores grupos mundiales de empleo y recursos humanos, ManpowerGroup, cree que las medidas tomadas en materia laboral en España son las adecuadas para conseguir un mercado laboral más flexible y empresas más competitivas. Pero no han tenido un efecto inmediato sobre el desempleo porque se tomaron tarde. Este tipo de reformas hay que hacerlas, sostiene, antes de que lleguen las crisis, para estar preparados y afrontarlas con la mayor consistencia de forma que durante las recesiones se destruya el menor empleo posible. En el caso de España no fue así y llegó tarde, y por eso sus efectos están tardando en producirse, pero se muestra convencido de que se comprobarán a medida que la situación vaya mejorando.

Algo que quizá ya esté sucediendo. Porque coinciden los expertos en que España necesita crecer bastante menos en términos de Producto Interior Bruto (PIB) para crear empleo neto de lo que históricamente se precisaba. Antes en nuestro país debían alcanzarse crecimientos del 2% aproximadamente para generar nuevos puestos de trabajo, mientras que ahora se ha conseguido hacerlo creciendo al 1% o incluso menos. Inimaginable hace sólo unos años.

Cambio cultural en las relaciones laborales

Y es que la última reforma supuso mucho más que cambios normativos o abaratamiento de los costes del despido. Según uno de los inspiradores de esa reforma laboral, Íñigo Sagardoy, presidente del bufete especializado en Derecho del Trabajo Sagardoy Abogados, implica un profundo cambio de filosofía en la gestión de las relaciones laborales en nuestro país.

Se da mayor protagonismo a la cultura del pacto y de la negociación colectiva en las empresas, al tiempo que dota a los gestores de herramientas antes no disponibles para tomar decisiones que doten a sus compañías de la flexibilidad que exigen los actuales mercados. Pero danto alternativas a los despidos, hasta hace poco casi la única forma que tenían de adaptarse a los ciclos económicos. En este sentido, hay quien sostiene que sin la última reforma laboral, la destrucción de empleo durante la segunda recesión hubiera sido incluso más intensa y sangrante.

Nadie lo sabrá nunca con certeza, es jugar a la economía-ficción, pero lo que es incontestable es que nuestro país mantiene desde tiempos pretéritos, en ciclos buenos y malos, antes, durante y después de las crisis, unos niveles de desempleo muy por encima de su nivel de desarrollo.

Desde el mundo empresarial, que al fin y a la postre es el que crea empleo en las economías más desarrolladas, se reclama, incluso, mucha mayor flexibilidad en las relaciones laborales para que los negocios puedan adaptarse con rapidez eficacia a unos cambios económicos cada vez más vertiginosos e incesantes.

La economía digital está transformando industrias y sectores completos, derrumbando corporaciones antaño admiradas en todo el mundo y dando entrada a nuevo jugadores, con mayor protagonismo para emprendedores, autónomos, freelance o trabajadores por proyectos, formas de trabajo que requieren relaciones no convencionales en materia laboral.

Además, la tecnología facilita, por ejemplo, el teletrabajo y la globalización provoca que equipos de profesionales en distintos puntos del planeta trabajen mano a mano, con distintas culturas, horarios, idiomas y niveles salariales, en la misma empresa o en colaboración con distintas firmas.

El CEO mundial de ManpowerGroup cree que el nivel de flexibilidad en las organizaciones empresariales tiene que crecer aún porque lo demandan los rápidos cambios a los que ahora están sometidas las compañías, y vaticina que cada vez habrá más autoempleo, trabajos a tiempo parcial, por proyectos, freelance, etcétera. Y afirma que es mejor estar empleado en un minijob que encontrarse fuera del mercado de trabajo, aunque hay que legislar estas nuevas figuras de forma correcta para evitar abusos.

En este sentido, tres directoras de recursos humanos de nuestro país, de empresas y sectores muy diferentes, como Microsoft, FCC y Mutua Madrileña, preguntadas por Lainformacion.com, coinciden en que la última reforma laboral se quedó muy corta para las actuales necesidades de sus organizaciones, absolutamente inmersas ya en ese mundo tecnológico, global, cambiante, diverso y flexible. Creen que todos somos responsables de poner nuestro granito de arena para la recuperación del país, incluidos los trabajadores, consideran necesario un gran cambio de actitud en unos representantes sindicales anclados aún en el siglo XX, y piden mucha mayor flexibilidad para poder gestionar sus organizaciones atendiendo a los grandes cambios económicos y sociales que vive nuestro mundo a una velocidad vertiginosa.

La hora de evitar la demagogia y sumar esfuerzos

Ese cambio ha llegado. Y si no que se lo digan a Kodak, Marsans o las industrias musical y editorial, por citar sólo algunos ejemplos.

Resistirse y anunciar derogaciones totales de reformas laborales que precisan de años para evaluar los resultados en lugar de introducir sobre la marcha los ajustes que sean necesarios para su mejor funcionamiento, es no querer aceptar el devenir de los tiempos. No estamos ya en una sociedad industrial dividida en patronos y proletarios. Es era de los trabajadores del conocimiento y la clase media.

Como propone Sandalio Gómez, economista del IESE experto en mercado laboral, es momento de que gobiernos, empresas y empleados remen en la misma dirección para corregir unos niveles de desempleo insostenibles históricamente en España.

Sin duda, es eso mucho más responsable que seguir protagonizando la versión española del Rey Desnudo.