Catedrática de Química recrea historia del veneno, "de la cicuta al polonio"

  • La catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla Adela Muñoz Paéz ha publicado una "Historia del veneno" (Debate) que repasa desde la cicuta que tomó Sócrates al polonio que, en 2006, acabó en Londres con la vida del ex agente del KGB Alexander V. Litvinenko.

Alfredo Valenzuela

Sevilla, 28 mar.- La catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla Adela Muñoz Paéz ha publicado una "Historia del veneno" (Debate) que repasa desde la cicuta que tomó Sócrates al polonio que, en 2006, acabó en Londres con la vida del ex agente del KGB Alexander V. Litvinenko.

Publicada con el subtítulo de "De la cicuta al polonio", esta "Historia del veneno" ha sido escrita tras comprobar su autora, en sus clases en el laboratorio universitario, la fascinación que los venenos producían sobre sus alumnos.

"Como tengo que explicarles 102 elementos químicos, todos menos el carbono, era la forma de hacer que se interesaran por algunos como el arsénico o el cloro", ha dicho a Efe Adela Muñoz Páez.

"Tengo compañeros que han probado venenos, por curiosidad; los químicos de la antigüedad los probaban y los olían, para poder describirlos; el químico sueco Scheele describió cómo olía y cómo sabía el cianhídrico, que es uno de los venenos más potentes", ha asegurado la autora.

Scheele fue el descubridor del denominado "Verde Scheele", un pigmento que con la humedad se descompone en hongos tóxicos que se volatilizan y que pudo ser la causa de la muerte, totalmente fortuita, de Napoleón en Santa Elena, según Adela Muñoz.

Este pigmento, como se descubrió en los años sesenta, pudo ser también la causa de muerte de muchas personas en la Inglaterra victoriana, cuando se usó mucho en decoración de interiores, y se descomponía en ambientes húmedos y cerrados.

El polonio que mató a Litvinenko fue descubierto por Marie Curie y, según Muñoz, tanto ella como su hija Irene murieron de leucemia, probablemente víctimas de las radiaciones.

Según la autora, "se tardó en saber la causa de la muerte de Litvinenko porque era impensable que se hubiera tragado el polonio en el té, ya que es un elemento extraordinariamente escaso, y ha de obtenerse en un reactor nuclear bombardeando con electrones otros elementos".

Sobre la creencia de que las mujeres emplean con más frecuencia que los hombres el veneno para asesinar en ámbitos domésticos, la autora ha asegurado que se carece de estudios estadísticos completos, pero que los que hay indican que "las mujeres los emplean en un 60 por ciento de los casos".

La profesora ha asegurado que en la actualidad se puede descubrir el uso de cualquier veneno, si bien los que dejan más rastro son los metales pesados como el arsénico, el talio y el antimonio.

Los venenos orgánicos, como el cianhídrico "se procesan y son más difíciles de detectar" pero, según ha explicado, en los laboratorios actuales se puede detectar en el cabello incluso el consumo de estupefacientes efectuado meses o años antes del análisis.

De todos los personajes que ha encontrado en su investigación histórica, Muñoz ha confesado fascinación por el británico Alan Turing, matemático, filósofo, padre de la denominada inteligencia artificial e inventor de la máquina "Enigma", empleada por el contraespionaje en la Segunda Guerra Mundial, quien tras verse envuelto en un penoso proceso por ser homosexual murió al comer una manzana envenenada.

Según Adela Muñoz, el veneno más usado a lo largo de la historia ha sido el arsénico, de ahí que su capítulo se titule "El rey de los venenos", hasta que fue destronado por Juan Buenaventura Orfila, considerado el padre de la toxicología --se cree que no menos de 5.000 perros murieron en sus experimentos-- y quien descubrió un método para detectar envenenamiento por arsénico.

Otros capítulos del libro se ocupan de Cleopatra y las serpientes del Nilo, de la familia Borgia, de la corte de los Estuardo, de las brujas y los aquelarres o llevan títulos tan sugerentes como "Amantes despechadas, criadas resentidas".

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