Jueves, 27.02.2020 - 13:53 h
Sigue el juicio

La pizza que desmonta la versión de los acusados del caso de la Guardia Urbana

Un datáfono sitúa a Rosa Peral y Albert López cenando juntos comida de reparto a domicilio dos días después del crimen de Pedro Rodríguez.

La Guardia Urbana Rosa Peral, acusada de matar a un compañero
La Guardia Urbana Rosa Peral, acusada de matar a un compañero / EFE

Los días pasan y la versión de la acusada de matar a Pedro Rodríguez empieza a hacer aguas. La confirmación de que Rosa Peral y Albert López, guardias urbanos acusados de matar a su compañero, Pedro Rodríguez, cenaron juntos unas pizzas entregadas a domicilio dos días después del crimen golpea de nuevo la ya debilitada versión de la principal sospechosa del asesinato de su novio. Pero no ha sido lo único. El jurado popular de la Audiencia de Barcelona escuchó este miércoles a un agente asegurar que Albert le preguntó 15 días antes del asesinato cómo se podía deshacer de un cuerpo. 

El datáfono del testigos más fugaz del día, con una declaración que apenas ha superado el cuarto de hora, ha servido para demostrar mediante el extracto de la tarjeta bancaria, que las pizzas que entregó el 3 de mayo de 2017 en la vivienda de Rosa las pagó Albert. Ambos, por tanto, habrían cenado juntos el día después de haber quemado presuntamente el vehículo de Pedro con su cadáver dentro, el mismo que la policía localizaría el día después. No obstante, durante la instrucción del caso, Rosa aseguró que temía a Albert -de quien era amante- y que éste la amenazó con herirla a ella y a sus hijas si no lo ayudaba a deshacerse del cuerpo de Pedro, al que niega haber asesinado.

Otro de los principales testigos de la jornada ha sido el hermano de la víctima, que ha asegurado que los mensajes que Pedro envió a Rosa después de que la pareja supuestamente se peleara y él se marchara de casa no son verdaderos. De acuerdo con su relato, cuando Rosa le mostró un mensaje en el que Pedro le decía que la dejaba y que apagaba el teléfono, se dio cuenta en seguida de que su hermano no era el autor de los mismos porque, ha recalcado, "el enfado se le pasaba en diez minutos" y "no apagaba el móvil nunca jamás".

A estas sospechas se sumó el recelo por el comportamiento de Rosa: "Su actitud me hizo dudar. No la vi afectada ni llorando. La vi muy entera", ha contado. Ha asegurado que la acusada tampoco se puso en contacto con la familia de Pedro para avisar que había aparecido su coche carbonizado con restos mortales, sino que fue él quien la llamó para ir a recoger algunas de las pertenencias de su hermano.

También ha explicado que hizo dos visitas al domicilio de la acusada con la intención de recuperar la moto de Pedro y otras posesiones, pero Rosa "no estaba por la labor" y no permitió que bajaran al piso inferior de la casa, donde supuestamente se habría cometido el asesinato. "Cuando vi que no estaba por la labor de colaborar ni de darme nada, no insistí más", ha señalado, antes de agregar que creyó entonces que trataba de ocultar alguna cosa: "Había algo raro, algo que me rechinaba y no lo veía claro".

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