Sábado, 22.09.2018 - 13:39 h
Impacto tras adquirir BPI

Angola da una dentellada de 87 millones a CaixaBank al devaluar el Kwanza

Se trata del impacto sufrido por el banco en su patrimonio en dos meses por su inversión indirecta en BFA, participada africana del luso BPI.

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Angola vuelve a perjudicar a Caixabank. El desanclaje de su divisa -el kwanza- del dólar decretado por su banco central en enero ha ocasionado un deterioro de 87 millones de euros en el patrimonio de CaixaBank en los apenas dos meses transcurridos por la inversión en el Banco de Fomento de Angola (BFA), participado al 48% por su filial lusa BPI.

El impacto lo estima CaixaBank en el Informe Anual de manera provisional y sobre el valor en libros de BFA, ya que solo afecta al periodo transcurrido desde que el Banco Central de Angola diese un paso que, infiere, causará “un proceso ordenado y gradual de devaluación del Kwanza frente al dólar”. Angola tenía anclada la moneda desde 2016 en alrededor de 165 kwanzas por cada dólar o 202 unidades por euro, y lo libera buscando dar alas a la economía -su valor ha caído un 29% desde entonces, marcando ayer una cotización de 213 unidades por cada ‘billete verde’ ó 261 por un euro-.

El efecto de una depreciación es doble: en el patrimonio -donde ahora minora el valor en libros-, y en resultados, al disminuir el cambio frente al euro. Es un suma y sigue porque BFA se reveló como un quebradero de cabeza para el banco de La Caixa desde el mismo momento que se decidió a pujar por Banco Portugués de Inversiones (BPI) en 2015.

El pistoletazo llegó con un apercibimiento del Banco Central Europeo (BCE): o BPI reducía su exposición en Angola o le exigiría reforzar de manera abultada la solvencia. El organismo dirigido por Mario Draghi no reconoció el régimen supervisor del aquel país -sí lo hacía el Banco de Portugal facilitando la expansión de sus entidades en la histórica colonia- y, sin una equivalencia reguladora, se exige mayor provisión y capital para idéntica exposición. El Santander, ni ir más lejos, vendió su 24,99% en Caixa Geral Totta de Angola dejando atrás 16 años de presencia en aquel mercado con 39 millones en plusvalías.

La Caixa se involucra por completo en la resolución del problema puesto que ya era el principal accionista de BPI con el 44,01% de su capital aunque un blindaje estatutario limitaba al 20% el derecho de voto. Con el desafío y -el costosímo peaje para el luso- busca retirar dicha restricción y tomar el control de BPI, pero tropieza con reiterados vetos de la familia Dos Santos -dueña de otro 18,58%- que buscó rentabilizar la ocasión jugando varias cartas.

En 2015 se aventuró a lanzar una Opa y fracasa. Un plan posterior era escindir las filiales africanas- el banco de Angola y el de Mozambique- en un holding cuyo control tomaría Do Santos, familia del que fuera presidente del país hasta hace unos meses, a cambio de facilitar a CaixaBank adquirir BPI. Pero sus condiciones económicas eran de derribo y encalló. Sobre el tapete también estuvo transferir el BFA por completo.

Le costó 97 millones el pasado año

La solución llega con una amenaza, la del BCE de aplicar una sanción millonaria a BPI si el 10 de abril de 2016 sigue sin resolverse la situación, pero CaixaBank logró parar su reloj lanzado la segunda Opa en dos años que boicoteó Do Santos en un primer momento. En 2017 se resuelve, CaixaBank alcanza el 84,5% de BPI por 645 millones, Do Santos vende para ampliar su presencia en el luso rival BCP y logra su objetivo de tomar el control del BFA.

Ahora bien, la venta del 2% del banco angoleño que surte la llave supuso una pérdida neta para BPI de 212 millones por la imputación de ajustes de valoración, de los que 97 millones tuvo que encajarlos CaixaBank. La decisión de dejar cotizar el kwanza añade argumentos para ir replegando en un mercado ya no tan estratégico para el grupo como lo fue en su día para BPI. Sería visto con buenos ojos por un BCE receloso de las exposiciones en mercados donde entiende que la regulación y supervisión no reúnen los cánones exigibles. Cuando CaixaBank cerró el acuerdo reconoció la desinversión como opción, incluso, a través de una salida a bolsa de BFA, cuya gestión ha valorado pese a los desafíos regulatorios.

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