Domingo, 20.05.2018 - 11:52 h
Tasas sobre el acero y el alumninio

Los nuevos aranceles de Trump apuntan a una guerra comercial con Asia y Europa 

China, Japón y los países de la UE han lamentado las nuevas medidas proteccionistas del presidente de EEUU y preparan represalias.

Fotografía de Donald Trump, presidente de EEUU
El presidente estadounidense, Donald J. Trumpo. EFE.

El proteccionismo se convirtió en una de las principales promesas de campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que hoy ha dado el primer gran paso hacia una previsible "guerra comercial" con la imposición de aranceles sobre el acero y el aluminio. "No tomamos estas acciones por elección, sino por necesidad", aseguró Trump durante un acto en la Casa Blanca en el que estuvo acompañado por miembros de su gabinete y por trabajadores de la industria siderúrgica, a la que busca beneficiar esta medida.

Tanto los Gobierno de China y Japón, como Francia y la Unión Europea, han calificado de lamentables e ilógicas las nuevas tasas sobre el acero y el aluminio en Estados Unidos y advierten a Trump que estudiarán medidas similares a modo de represalia contra la economía norteamericana.

La nueva imposición, que se suma a otras previas sobre productos concretos, será de un 25% para el acero y de un 10% para el aluminio en las importaciones y afectará a todos los países que los vendan a EEUU, a excepción, por el momento, de Canadá y México. Ambos países quedan de forma indefinida fuera de estos nuevos aranceles, que entrarán en efecto dentro de 15 días, a la espera de que se alcance un acuerdo entre las tres potencias norteamericanas en las actuales negociaciones del Tratado de Libre Comercio para América Norte (TLCAN).

En este sentido, Trump señaló que Estados Unidos mantiene una "especial relación" con ambos países y auguró buenos resultados en las negociaciones del tratado: "Tengo la impresión de que vamos a alcanzar un acuerdo sobre el TLCAN (...) Si lo logramos, no habrá aranceles para Canadá y México".

Ante la posibilidad de que los nuevos aranceles provoquen una "guerra comercial" con otros países y organizaciones supranacionales, el propio Trump dijo en los últimos días que estas batallas son "buenas" y "fáciles de ganar".

Quince días para negociar

Sobre posibles excepciones de otros territorios, Trump dejó la puerta abierta a discutir cada caso para encontrar un balance con sus socios en materia comercial y de seguridad nacional. "Los aranceles no serán efectivos por al menos otros 15 días y vamos ver quién nos está tratando de manera justa y quién no", comentó el presidente.

El mandatario argumentó que tanto el acero como el aluminio son "vitales" para la "seguridad nacional", en referencia a su presencia en infraestructuras y en la fabricación de material relacionado con el ámbito de Defensa, e incidió en la necesidad de proteger ambas industrias.

Sin embargo, no ha sido una decisión fácilmente digerida por parte del Partido Republicano y del propio Gobierno, ya que ha se sospecha que incluso ha motivado la renuncia de su principal asesor económico, Gary Cohn, expresidente de Goldamn Sachs y acérrimo defensor de las ventajas de la globalización y el libre comercio.

La firma se produjo tras una semana marcada por una gran confusión en torno a la decisión, abanderada por el magnate, sobre qué países se verían afectados y cuáles no, lo que ha provocado que desde algunos países se haya amenazado con responder mediante sendos aranceles sobre las importaciones de productos estadounidenses.

El acto también coincidió con la firma de uno de los mayores acuerdos comerciales, el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP11), del que Trump sacó a EEUU al llegar al poder y que agrupa a once países de la cuenca del Pacífico.

Prueba de la oposición de parte de los conservadores ante esta medida fue la respuesta del republicano Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, quien dijo no estar "de acuerdo con esta acción" y expresó su temor ante "consecuencias no deseadas".

En una entrevista con la cadena CNBC, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, afirmó que estas decisiones deben ser una "motivación" en el TLCAN: "No hay duda de que estas acciones que ha adoptado el presidente son una motivación más para que Canadá y México lleguen a un acuerdo justo con Estados Unidos", afirmó.

Por su parte, el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, dijo estar de acuerdo en algunas cuestiones comerciales, pero urgió al magnate a repensar su aplicación: "Pido fuertemente al presidente que revise estos aranceles y enfoque su política de forma más directa sobre China y los países que envían acero barato a EEUU".

"La verdadera guerra comercial es sobre los trabajadores y nos han estado pateando el culo durante décadas", dijo en un comunicado Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO, la principal asociación gremial del país.

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