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Un viaje imborrable a la maravillosa Uganda de gorilas en la niebla

En las selvas impenetrables del bosque de Bwindi, al pie de las montañas, entre la niebla, se esconden cientos de gorilas de la campaña Dian Fossey.

Uganda
 

Uganda es uno de los países más pequeños de África, pero en el que la naturaleza se muestra de un modo más grandioso. En Uganda se alza Rwenzoris, la cordillera de montañas más alta del continente africano y que llaman “montañas de la luna” por sus cumbres nevadas. Cuenta con el lago más grande del hemisferio sur y el segundo del mundo. De las aguas del Lago Victoria surge una de las fuentes de las que nace el Nilo, el río más largo del mundo. En las selvas impenetrables del bosque de Bwindi, al pie de las montañas, entre la niebla, se esconden cientos de gorilas gracias a la campaña de la naturalista Dian Fossey en los 70.

Si Winston Churchill ya la calificaba como la perla de África, hoy Uganda sigue siendo uno de los mejores destinos del continente en el que disfrutar de todos los atractivos y tópicos de África. Un destino muy seguro y al que no ha llegado aún el turismo de masas que sí devasta la autenticidad de alguno de sus países vecinos. Alrededor de sus bosques, impenetrables para el ser humano, se pueden observar los cinco grandes y hasta 350 especies distintas de aves. Uganda es una verdadera joya para los amantes de la fotografía.

Kampala, la capital del país, a unos 50 kilómetros de Entebe, la que ocupara tal posición durante el periodo colonial británico; es como la mayoría de las principales urbes africanas un conglomerado de edificaciones y gentes que desbordan sus propios límites urbanísticos. Un tráfico que a primera hora de la mañana y última de la tarde es un caos indescriptible. El perfil de la ciudad viene marcado por la torre de la gran Mezquita que acoge a quince mil fieles a la que se puede subir para observar la ciudad a sus pies. Si quiere adquirir alguna artesanía local auténtica puede encontrarlas en los puestos del mercadillo llamado Banana Boat.

Caminar durante al menos una hora por entre senderos a los que la naturaleza le cierra el paso puede ser fascinante o sobrecogedor para el turista occidental que no está acostumbrado a penetrar en un bosque en el que los límites los pone la naturaleza. Por un estrecho hilo, el camino se abre paso entre un verde que desborda las medidas y referencias de la vieja Europa. Cuando por fin se distingue entre el denso follaje el imponente cuerpo negro de un gran simio, la respiración se contiene y el aliento se detiene. Cruzar la mirada, casi humana, con una hembra de gorila durante apenas unos segundos no se olvida nunca.

Las cataratas de Murchison son el resultado del largo viaje que el río Nilo acaba de iniciar apenas unos cientos de kilómetros atrás en el Lago Victoria. Al llegar a las estribaciones del Lago Albert, el caudal de agua choca furioso contra las rocas para precipitarse al vacío en una ensordecedora cortina de agua interminable que todo lo inunda. En las orillas del Lago Albert se concentra una fauna asombrosa: cocodrilos al acecho, cientos de especies de aves que anidan en sus orillas, elefantes poderosos, esbeltas jirafas, leones, hipos y antílopes; son el objetivo de los que acuden en busca del Safari fotográfico.

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