Una capital europea con mucho encanto

Una escapada gastronómica a Lisboa, la provocativa capital del Tajo

Se dice que los portugueses tienen 365 maneras de preparar el bacalao, una para cada día del año. Pero Lisboa sabe a muchas otras cosas.

Lisboa
Una de las capitales europeas con más encanto./ visitlisboa.com

La ciudad de la luz y de las siete colinas, la capital del Tajo. Más antigua que Roma, Lisboa es uno de los grandes epicentros europeos que arrastra con orgullo la herencia de ser el primer lugar en el que oriente, las Indias, África y América se encontraron. Con sus edificios decrépitos, sus azulejos desgastados, sus cafés bohemios y sus librerías con encanto, es llegar a la Plaza del Comercio y respirar su amplitud, es perderse por las románticas callejuelas del eje Alfama-Baixa / Chiado-Barrio Alto y querer quedarse a vivir allí para siempre.

Llena de todo y lejos de nada, el estrés urbanita se compensa con las calmadas playas de Cascais, a tiro de piedra. Nos subimos a uno de los viejos tranvías lisboetas para saborear la esencia de una ciudad medieval reconstruida tras un terremoto y descubrir bocado tras bocado el espíritu de una ciudad tan decadente como vanguardista.

Ascensor de Gloria en Lisboa.
Ascensor de Gloria en Lisboa. / visitlisboa.com

Lisboa sabe a pataniscas de bacalhau, a peixinhos da horta y a conservas de pescado. Conserveira de Lisboa da muestra de ello ofreciendo auténticos pedazos de mar enlatados con el encanto de un comercio tradicional en pie desde los años 30. Para probarlas al estilo gourmet, el restaurante Can the Can, a los pies de la Plaza del Comercio no deja indiferente ningún paladar con su carta cien por cien basada en conservas portuguesas con un toque de autor en la preparación y el emplatado.

Se dice que los portugueses tienen 365 maneras de preparar el bacalao, una para cada día del año. Para comprobarlo hay que ir Belcanto, el primer comedor en Lisboa distinguido con 2 estrellas Michelin. Se trata del restaurante de alta cocina de José Avillez, quien también cuenta con Cantinho do Avillez, un local urbanita en el barrio de Chiado, con propuestas aparentemente sencillas pero elaboradas con la creatividad y el virtuosismo técnico del joven chef portugués. También es suyo el MiniBar, el gastrobar informal del Teatro São Luiz. El Restaurante Terraço es otra joya de la gastronomía en Lisboa. Aquí se puede degustar apetitosos platos de la cocina tradicional portuguesa mientras se disfruta de las vistas desde la última planta del Tivoli Lisboa.

Dentro del ranking de restaurantes de moda, KOB by Olivier ocupa el primer puesto. Con una completísima carta de carnes procedentes de todas partes del mundo, es un auténtico paraíso para carnívoros. Le sigue de cerca A Cevichería, en el distrito de Príncipe Real (al norte de Bairro Alto), el más cool del momento. Más tradicional es la Taberna da Rúa das Flores, un modesto establecimiento que sirve una cocina de mercado inspirada en las recetas de las abuelas lusas, o también Gambrinus (no confundir con la cervecería del mismo nombre), abierto en 1936 y especializado en auténtica gastronomía portuguesa, que presume de tener el mejor servicio en mesa de la ciudad y las mejores croquetas de carne en la zona de barra.

Para comer al estilo street food europeo, el Mercado da Ribeira, en Cais do Sodré, es el lugar más indicado. Ambiente gourmet entre los muros de un edificio histórico que durante décadas fue el centro de la vida comercial de la ciudad por su cercanía al Tajo y que ahora da cabida a tartares, sushi, hamburguesas de autor, helados artesanos, zumos de frutas naturales y otras delicias, algunas de los mejores restaurantes de Lisboa. Similar pero diferente, Time Out Market ha abierto sus puertas hace poco al estilo europeo en el edifico que en su día acogiera el mercado de abastos más antiguo de Lisboa. Estética industrial, puestos de comida para todos los gustos, para llevar o para comer in situ en mesas corridas, que se completan con el restaurante Pap'agorda en la planta de arriba, cuya carta se abastece de la materia prima del mercado.

Si lo que nos apetece es probar la gastronomía de otros países sin salir de la capital del Tajo, 100 Maneiras Bistro nos invita a tomar un cóctel en la barra antes o después de probar su burek yugoslavo de queso fresco y espinacas hecho por la madre del chef. Las veladas más románticas con música en directo son posibles en el barrio de Alfama, donde se encuentran la mayoría de locales de fado de Lisboa. La fusión llega de la mano del joven chef Luis Miguel Barradas, quien nos invita a probar una cocina japo-portuguesa de autor basada en pescado fresco y ostras salvajes en el restaurante de Quinta do Tagus en Almada, al otro lado del río, una exclusiva villa de tan sólo nueve habitaciones (todas suites), con piscina, jardines, caballos y servicio de transfer en helicóptero.

Mención aparte merece un lugar con un encanto especial, perfecto para enamorados. Se trata del restaurante A Travessa, situado en una de las dependencias del convento del siglo XVII donde actualmente se encuentra el Museo de la Marioneta (de obligada visita en nuestro paseo por el Barrio Alto). Un escenario gastronómico de ambiente romántico y vintage iluminado por velas que despliega su terraza de verano en el viejo atrio del edificio histórico.

Para maridar los sugerentes bocados portugueses, cualquiera de los excelentes vinos verdes del norte de Portugal o un Carcavelos, el generoso portugués con denominación de origen controlada (DOC) cuya producción vuelve a tener relevancia gracias al trabajo de Villa Oeiras, cuya curiosa bodega que puede visitarse. No hay mejor sitio para degustar las etiquetas portuguesas que la Enoteca Chafariz do Vinho, un magnífico aljibe que cierra uno de los canales del acueducto subterráneo de Lisboa y que ha sido convertido en una taberna de para maridar petiscos con vinos de la tierra.

Y de postre, por supuesto, unos Pastéis de Belém, el dulce típico lisboeta cuya receta secreta guardaron con recelo los monjes del Monasterio de los Jerónimos y que sólo pueden probarse en la antigua fábrica de la freguesia de Belém, pues sus actuales dueños son los únicos que conocen la tradición original. Los más golosos encontrarán su sitio en La Confeitaria Nacional, el establecimiento más antiguo de Lisboa que desde 1829 sigue en manos de la misma familia. Por su parte, los culturetas deben tomar una ginjinha (el licor de guinda típico de Lisboa) en la mesa de Pessoa y de Saramago que aún reserva el café literario Martinho da Arcada, a la entrada de la Plaza del Comercio.

Belem, típico postre portugués.
Pastéis de Belém, típico postre portugués. / visitlisboa.com

Y entre comida y comida, no te pierdas:

El Museo del Agua. Hay otra forma de recorrer Lisboa, y es bajo tierra. A través de un acueducto subterráneo del siglo XVIII, con 58 kilómetros de canales y galerías (12 de ellos transitables) que, desde un gran depósito que hoy acoge el Museo del Agua, van a parar a aljibes, fuentes, palacios, conventos y hospitales de toda la ciudad. Es el único gran acueducto construido a la manera romana que puede visitarse actualmente.

Otra forma de recorrer Lisboa, bajo tierra.
Otra forma de recorrer Lisboa, bajo tierra. / visitlisboa.com

El Museo de Diseño y la Moda. Detrás de la Plaza del Comercio y a los pies de la Rua Augusta, el imponente edificio que hoy acoge el MUDE pero que antiguamente servía de sede al Banco Ultramarino, reúne la colección privada de Fernando Capello, formada por vestidos y complementos de firmas como Philippe Starck, Arne Jacobsen, YSL o Jean Paul Gaultier, que representa una clara muestra de la historia de la moda durante el último siglo.

El Centro Arqueológico de Rua dos Correeiros. Oculto a la vista de los viandantes, este importante centro arqueológico situado cerca del arco del triunfo de la calle Augusta, ocupa casi una manzana entera, aunque casi todo se recorre bajo tierra. Se trata de un sitio arqueológico único que revela estructuras y vestigios de las civilizaciones que poblaron la capital a lo largo de milenios y permite al visitante viajar alrededor de 2.500 años de historia.

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