Sábado, 21.09.2019 - 04:01 h
Cayo Julio César y Aída Nízar lo hacen

Hablar de ti mismo en tercera persona no te hace parecer idiota, sino ser más sabio

Un estudio señala que esta práctica te ayuda a ser más humilde, tener más perspectiva de las cosas y mayor capacidad de compromiso con los demás.

Aída Nízar, en Gran Hermano VIP
Hablar de ti mismo en tercera persona no te hace parecer idiota, sino ser más sabio. Aída Nízar, en Gran Hermano VIP.

"El hecho de que Ibrahimovic nunca haya ganado el Balón de Oro no significa que no pueda ser el mejor jugador". Esta frase es una de las múltiples pronunciadas en tercera persona por el genial delantero sueco Zlatan Ibrahimovic a lo largo de su dilatada carrera. Pero, aunque puedas pensar que expresándote de este modo pareces idiota (y algo narcisista), lo cierto es que podría ayudarte a ser más sabio.

Eso es, al menos, lo que sostiene un reciente estudio elaborado por la Universidad de Waterloo (Canadá), en el que se explica que esta práctica te ayuda a ser más humilde, tener más perspectiva de las cosas y mayor capacidad de compromiso con los demás, entre otras virtudes. Pero no todas las personas que hablan en tercera persona poseen estas características... También hay excepciones.

Al margen de Ibrahimovic y otros genios del mundo del fútbol -donde, por cierto, no es extraño que los jugadores hablen de sí mismos en tercera persona-, hay otros casos conocidos. Por ejemplo, el de la concursante en varios 'realities' y colaboradora en tertulias televisivas Aída Nízar. Desde su irrupción en la pequeña pequeña a principios de siglo, si hay algo que le caracteriza es que a menudo habla de sí misma en tercera persona. 

Hace un par de años, explicaba así el origen de su costumbre a hablar de sí misma en tercera persona: "Durante mi infancia fui colosalmente feliz, pero viajé mucho porque mi familia es diplomática. Eso nos hacía estar en muchos países del mundo que hablaban otros idiomas [...]. De niña, todavía no hablaba esos idiomas y a mí me gustaba jugar en mi vida. Entonces yo, Aída, jugaba con Aída". Pero, sea cual sea el motivo detrás del uso de este recurso narrativo, la nueva investigación deja claro que tiene poco que ver con la idiotez.

De Julio César en Roma a Aída Nízar en Gran Hermano

De hecho, el estudio sugiere que lo mejor para ordenar la mente es adoptar el antiguo método retórico utilizado por ilustres como Julio César en su autobiografía y consistente en hablar de uno mismo en tercera persona. Teóricamente, este proceso (que acuñó en 1809 el poeta Samuel Taylor Coleridge para describir el uso recurrente de la tercera persona para referirse a uno mismo, como parte de su estudio de la obra de Shakepeare, en especial de su 'Julio César) permite abstraerse de la subjetividad y contemplar los hechos desde un plano más objetivo.

Sirve, por ejemplo, para analizar desde un plano menos emocional una discusión de pareja o con un amigo. En este sentido, el estudio apunta que rememorar esa conversación situándose en tercera persona puede ser de ayuda para eliminar los prejuicios y empatizar más fácilmente con todos los puntos de vista. Una gran parte de la investigación se ha centrado precisamente en demostrar que este tipo de pensamiento en tercera persona puede mejorar temporalmente la toma de decisiones, tal y como apunta este artículo de 'Business Insider'.

Y también a largo plazo: los investigadores sugieren que utilizar el pensamiento (y el discurso) en tercera persona puede ser de gran ayuda para la regulación emocional ante procesos que requieren de un amplio período de duelo o de aceptación.  Así, consideran que los resultados de su estudio constituyen "la primera evidencia de que los procesos cognitivos y afectivos relacionados con la sabiduría se pueden entrenar en la vida diaria".

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigadores pidió a casi 300 participantes que, durante cuatro semanas, escribieran en un diario "situaciones sociales desafiantes", tales como una discusión de pareja o con amigos. A los integrantes del grupo principal se les pidió que reflejasen los hechos situándose a sí mismos en tercera persona; a los del grupo de control, que lo hicieran en primera persona. Los resultados de este experimento social, que dista mucho del 'Gran Hermano' en el que participó Aída Nízar, sugieren que quienes se incluían a sí mismos en una trama contada en tercera persona tendían a mostrar más valores asociados con la humildad, la empatía o la tendencia a buscar el acuerdo que el otro grupo.

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