Viernes, 20.07.2018 - 20:00 h
No temen a los riesgos

Suecia, nación transhumanista: 3.500 ciudadanos tienen ya un chip bajo su piel

Los implantes subcutáneos se están extendiendo en el país escandinavo al mismo ritmo que desaparece el dinero en efectivo

Estos son los tipos de chips que se están implantando / Three Square Market
Estos son los tipos de chips que se están implantando / Three Square Market

Para muchos sigue siendo una distopía, para otros es una forma cómoda de pagar o identificarse sin tener que llevar encima la cartera. Instalar un chip en nuestro cuerpo ya es posible y en Suecia, el país que va camino de convertirse en la primera sociedad del mundo en prescindir por completo del dinero en efectivo, 3.500 personas ya se han implantado uno.

Como apunta en The Conversation Moa Petersén, profesora de cultura digital en la Lund University, el fenómeno refleja la pasión de buena parte de la sociedad sueca por la biotecnología y, en concreto, el biohacking, esto es, la experimentación en biomedicina fuera del circuito institucional (y, en ocasiones, más allá de lo permitido por ley).

En concreto, Petersén identifica dos grupos de ciudadanos interesados por la experimentación biológica: aquellos que utilizan la modificación genética como una tecnología más, para mejorar por ejemplo los cultivos o crear plantas fluorescentes, y aquellos que utilizan los nuevos avances para crear avances en sí mismos, los llamados transhumanistas.

El transhumanismo es un movimiento que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnología que mejore nuestras capacidades, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual. Y, aunque muchas de sus figuras más conocidas –como Ray Kurzwell o Zoltan Istvan– son estadounidenses, es en Suecia donde se está desarrollando una de sus comunidades más activas.

Según Petersén, hasta la fecha más de 3.500 suecos se han implantado chips NFC (acrónimo de Near Field Communication) en la mano, entre el pulgar y dedo índice. Se trata chips similares a los que llevan ya la mayoría de móviles y que permiten, por ejemplo, pagar una compra (como su tuviéramos encima una tarjeta contactless) o identificarse de forma segura.

Varias compañías en Suecia ya ofrecen el servicio a sus empleados, a menudo de forma gratuita, para ayudarlos a pasar rápidamente el control de seguridad del edificio o pagar los alimentos de la cafetería. Incluso la Renfe sueca permite pagar los trayectos con estos implantes.

Por qué los suecos son pioneros

Petersén se ha preguntado por qué los suecos son más propensos que otros ciudadanos a instalar un chip bajo su piel. Una de las razones que suele darse es que tienen menos recelos a compartir sus datos personales debido a la estructura al sistema de seguridad social y su mayor confianza en el Gobierno. Pero, en opinión de la profesora, esto no explica toda la verdad. “Más convincente es el hecho de que en Suecia la gente tiene una gran fe en todo lo digital”, asegura. “Los suecos tienen una profunda creencia en el potencial positivo de la tecnología”.

Según Petersén, en las últimas dos décadas, el gobierno sueco ha invertido mucho en infraestructura tecnológica, y eso se nota. La economía sueca se basa principalmente en la exportación digital, los servicios digitales y las innovaciones tecnológicas digitales. Y Suecia se ha convertido en uno de los países más exitosos del mundo en la creación y exportación de productos digitales. Empresas notables, como Skype y Spotify, se fundaron en Suecia.

La confianza en la tecnología ha tenido un enorme impacto en la cultura sueca, donde el movimiento transhumanista goza de muy buena salud. La fundación transhumanista mundial Humanity + fue cofundada por el sueco Nick Bostrom, líder del Future of Humanity Institute, en 1998. Desde entonces, muchos suecos se han convencido de que deberían intentar mejorar sus cuerpos biológicos.

Hay quien, claro, desconfía de esta tecnología. Benn Libberto, microbiólogo del laboratorio Max IX, de la ciudad sueca de Lund, explicó a AFP que, de momento, la información que recogen y comparten estos chips es pequeña, pero a medida que se vaya incrementando habrá más riesgos de que se use en contra de los usuarios. Los implantes, además, podrían provocar infecciones y reacciones inmunológicas.

Pero Petersén asegura que, al menos para los suecos, los beneficios superan en mucho a los posibles riesgos. “Mientras el mundo expresa su conmoción por el número de personas que se están instalando microchips en Suecia, nosotros deberíamos aprovechar esta oportunidad para profundizar en la notable relación con todo lo digital. Después de todo, este último fenómeno es solo una manifestación de una fe subyacente en la tecnología que hace que Suecia sea única”.

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