Jueves, 27.06.2019 - 07:00 h
Libros

El viaje del equilibrista, o cómo disfrutar del camino (y no del éxito) para ser feliz

El director de orquesta Daniel Abad y el periodista David Blay publican conjuntamente una fábula plagada de experiencias personales.

Alcanzar el equilibrio es complicado, pero puede ser el camino a la felicidad
Alcanzar el equilibrio es complicado, pero puede ser el camino a la felicidad. / Pixabay

El deporte y la música tienen dos cosas en común: los dos exigen grandes sacrificios para llegar a grandes metas. Por eso, resulta extremadamente complicado llegar al equilibrio entre la vida profesional y personal. Por ejemplo, "si pensamos en el deporte, no se trata de hacer una maratón todos los días, pero tampoco de no hacer deporte para nada", resume David Blay, periodista y coautor junto al director de orquesta Daniel Abad de 'El viaje del equilibrista' (Editorial Guante Blanco), a la venta desde este lunes.

Precisamente por esa naturaleza esquiva, casi imposible, que define al equilibrio, el libro se centra en la búsqueda de la felicidad a través del camino que recorremos para llegar al éxito (o a una meta concreta, independientemente de que sea percibida socialmente como importante o no). Es decir, que no siempre es importante triunfar en algo, sino ser capaz de disfrutar de cualquier proceso vital.

Por ejemplo, Abad y Blay citan un capítulo en el que hablan de Lady Gaga y su aparente falta de objetivos tras cantar en la final de la Superbowl de 2017. "¿Qué hay más grande que eso?", pregunta Abad. Y, aunque parezca imposible, siempre hay algo, un nuevo objetivo que alcanzar. "Por eso, ella se reinventa con el cine. Y lo hace fenomenal", subraya.

Sin embargo, la búsqueda constante de objetivos puede ser contraproducente, tal y como apunta Blay: "A menudo, tratamos de controlar nuestra ambición y no disfrutamos de lo que conseguimos". Y, de hecho, nos puede llegar a pasar factura. Cita el ejemplo de Garbiñe Muguruza y su confesa incapacidad para disfrutar del tenis por "no saber descansar".

Abad conviene en la importancia del proceso: "Si yo tengo la aspiración de dirigir orquestas sinfónicas, tengo que transmitir felicidad con lo que hago". Y eso pasa por "ilusionarte desde que te hablan de un proyecto o cuando recibes una partitura, hasta cuando diriges" a los músicos, apunta. "En una orquesta hay 60 voluntades que hay que dirigir", por lo que es necesario transmitir que "estás disfrutando del proceso", señala Abad.

La tecnología nos potencia y nos limita a la vez

El problema es que, en un mundo cada vez más interconectado, la tecnología supone una valiosa herramienta con la que simplificar nuestras vidas y, sobre todo, proporcionarnos tiempo. En el caso de Blay, llegó un momento hace más de una década en el que se preguntó: "¿Por qué trabajamos ocho horas? ¿Por qué no podemos disfrutar de nuestro tiempo y nuestra familia?".

Entonces tomó la decisión de trabajar como freelance y aprovecharse de las ventajas de la tecnología. En su caso, empezó a trabajar desde casa, "pudiendo salir a las 8 de la mañana o a las 8 de la noche". En ese sentido, se cuestiona: "Si en una hora mi tarea es mandar un email y tardo un minuto, ¿por qué no disfrutar de esos 59 minutos y 59 segundos restantes?".

Ese equilibrio, que teóricamente debería ser más sencillo de alcanzar gracias la tecnología, a menudo también puede estar limitado por la omnipresencia de los dispositivos. "El móvil, por ejemplo, hace que no seas capaz de disfrutar de la persona que tienes delante. Por eso, lo desconecto a partir de las 8 de la tarde", señala Blay. En este sentido, el ahora es el tiempo más importante de nuestras vidas y para disfrutar del momento uno siempre debe "dar la mejor versión de uno mismo", independientemente del contexto.

El protagonista del libro, "el mejor equilibrista del mundo", pasa por un proceso catártico tras caerse durante un espectáculo por primera vez, en el que se reúnen anécdotas personales de los autores y experiencias de personajes mundialmente conocidos, a través de un recorrido por 13 lugares de todo el planeta. Por eso, se trata de "una fábula sobre el equilibrio en la vida, la felicidad independientemente de la posición económica que uno tenga y la conciencia de hacer ahora aquello que se desea y no esperar a un futuro tan incierto que no nos permitirá hacer planes a largo plazo".

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