Lunes, 27.01.2020 - 18:13 h
Tanto en España como desde el extranjero

Voto electrónico o cómo evitar con el blockchain el complejo voto por correo

Según Alex Preukschat, experto en blockchain e identidad digital descentralizada en democracias, ya sería posible votar telemáticamente.

Mesa electoral con papeletas en las elecciones generales de 2011. (Efe )
El ahorro en papel sería enorme si se sustituye el voto por correo. / (EFE )

Papeletas que nunca llegan al hogar del solicitante, colas kilométricas de ciudadanos, oficinas abiertas hasta media noche y ampliación del plazo para hacer efectivo el voto por correo hasta este viernes a las 14 horas: el sufragio a distancia está suponiendo un auténtico quebradero de cabeza para los extasiados funcionarios de Correos, que incluso han visto cómo les han obligado a ampliar sus turnos (una hora, en el mejor de los casos) para apaciguar el caos.

Para empeorar las cosas, este año el voto desde el extranjero promete ofrecer cifras aún más paupérrimas que en las últimas elecciones generales, cuando votó apenas el 6,4% de los inscritos en el CERA, mientras que las historias que narran los españoles emigrados son de auténtica pesadilla: aunque quieras ejercer tu derecho al sufragio, el sistema del voto rogado sigue haciendo estragos desde que se implementó en 2011.

Para evitar el caos de ambos colectivos, una de las propuestas que lleva rondando el debate político desde hace más de una década es el sistema del voto electrónico. Los defensores de este modelo consideran que permitiría ejercer su derecho al sufragio a todo aquel que lo desee, que el acceso sería universal; sin embargo, hay quienes llevan años criticando que excluiría a las generaciones que no sean nativas digitales.

El blockchain como garantía del voto electrónico

Lo que propone Alex Preukschat, nodo coordinador de Blockchain España y de Alianza Blockchain, y experto en identidad digital descentralizada en democracias, es utilizar la tecnología de la cadena de bloques como garante de un nuevo sistema electoral de voto electrónico. Más allá de las criptomonedas, el blockchain sirve para encriptar información a través de una secuencia de bloques, por lo que también podría ser la base de un sistema de voto telemático.

La clave residiría en el uso de un modelo de identidad digital descentralizada. Aunque parezca un concepto complicado, se puede reducir a esto: la información fluye a través de un sistema en el que todos son usuarios y proveedores a la vez; esto significa que la información no se localiza en un solo servidor, por lo que es más difícil de hackear.

"La identidad digital descentralizada tendría el potencial de eliminar el voto por correo, porque podríamos votar digitalmente. Y, además, hacerlo de tal forma que no hubiese un ente central: ni el Gobierno, ni nadie", explica Preukschat. "Utilizas esa estructura pública, en la que cada uno tiene su clave privada con la que se identifica; una especie de firma digital, pero que en este caso sería descentralizada", añade.

El problema llegaría cuando el Gobierno -o el órgano estatal correspondiente- tratase de controlar ese sistema electoral descentralizado: por principio, la deslocalización de la identidad digital supone que ninguno de los que participan del sistema tiene el control.

En este sentido, la solución que propone Preukschat es la de que el Gobierno, como actor dentro del sistema, emita credenciales a todos los españoles con derecho a voto -los mayores de edad que cumplan con los requisitos civiles y penales para poder votar-. Unas credenciales similares a las de una firma digital o certificado electrónico, pero que en este caso se generarían directamente en función de la base de datos del censo oficial, en lugar de que sea el interesado quien las tenga que solicitar.

La diferencia principal respecto a las redes centralizadas es que no existiría una base de datos única a la que pueda acceder un potencial hacker -por ejemplo, averiguando el usuario y las claves de acceso de una persona cuando se loguea-, por lo que los datos quedarían a salvo. Y, para los amantes de las conspiraciones, ni siquiera el propio Gobierno podría alterarlos.

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