Martes, 23.04.2019 - 04:45 h

El yihadismo gana fuerza en Sudamérica y el Caribe, desde Trinidad y Tobago a Argentina

La isla caribeña se ha convertido en el país occidental con más yihadistas de Estado Islámico per cápita del mundo: en la actualidad hay 250 ciudadanos enrolados en sus filas.

El narcotráfico sigue siendo el principal nexo para alimentar a los grupos terroristas en países como Brasil, México y Argentina. En este último, una célula del EI sigue activa en la provincia de Corrientes, muy cercana a la región conocida como 'Triple Frontera'. 

El yihadismo es algo más que una amenaza en América Latina y el Caribe.

El continente americano sigue siendo un atractivo escondite para los terroristas en busca de la clandestinidad yihadista. La sentencia se desprende de un informe del think-tank norteamericano de inteligencia Soufan Group. El mismo señala que -desde Argentina hasta Trinidad y Tobago- las tierras del otro lado del 'charco' pueden representar un nuevo refugio, cuando la mira de las fuerzas de seguridad internacionales se centran en concentrar energías en Europa Occidental y en Estados Unidos.

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"Si esta región fue un refugio de nazis y de miembros de ETA, lo es igualmente para terroristas islámicos, debido a la falta de control. Es evidente la presencia de ‘células durmientes’ yihadistas, aunque es menos probable que se activen”, señala el trabajo.

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En este contexto, el caso más superlativo que asoma es el de la isla caribeña Trinidad y Tobago. Aunque parezca mentira, este pequeño territorio se ha convertido en el país occidental con más yihadistas de Estado Islámico per cápita del mundo.

La tendencia no sólo es conocida por el propio gobierno trinitense, sino que la cantidad de personas que residen allí y que han optado por convertirse en yihadistas también ha llamado la atención del presidente de EE.UU., Donald Trump.

Las condiciones socioeconómicas precarias en importantes sectores del país, la altísima tasa de criminalidad y la creciente población que abraza la religión musulmana han favorecido esta situación, tal y como se publica en un informe de la revista Dabiq, de propaganda del EI. En julio del pasado año, esta publicación digital ofrecía una entrevista con Abu Sa'd at-Trinidadi, un joven trinitense católico que en 2015 decidió convertirse al islamismo e ir a luchar en Siria con los yihadistas.

Su caso no es aislado: con apenas 1,3 millón de habitantes, al menos 125 personas están registradas en las filas yihadistas de Trinidad y Tobago, según el Índice de Terrorismo Global, publicado por el Instituto para la Economía y la Paz en su última edición (2016).

La república caribeña es un crisol de razas, con diferentes religiones. La principal sigue siendo la católica (26%), pero también es fuerte el Hinduismo y el Islamismo. Una característica se destaca por sobre las demás es que hay una enorme cantidad de conversiones de religiones.El narcotráfico, el principal nexo

Al margen del llamativo caso de Trinidad y Tobago, otros estados de Centro y Sudamérica también vienen experimentando un fuertes señales de yihadismo en su suelo. En estos casos, el mayor atractivo para el terrorismo islamista siguen siendo las posibilidades de financiación a través del narcotráfico. Existen varios indicios de la vinculación de Hezbolláh con el negocio de las drogas en las últimas décadas, por ejemplo. Ese relevo habría sido tomado por el EI como principal amenaza, coincidiendo con la expansión y mayor poder del grupo.

En este contexto, surgen investigaciones como la de Luis Alberto Villamarín, coronel retirado del Ejército colombiano, quien es autor del libro 'Isis-Estado Islámico, yihadismo terrorismo y barbarie'. El mismo desvela que en la última década de expansión de gobiernos populista en América Latina, los grupos terroristas han logrado aceitar sus nexos en diferentes ámbitos, tanto empresariales como políticos.

Sus vinculaciones con los cárteles que trafican drogas son, sin embargo, el nexo más importante. Hay una 'red de contención latinoamericana' de los terroristas, que permite obtener dinero turbio para solventar los atentados y la actividad militar en Medio Oriente. "Venezuela, Ecuador, México, Argentina, Nicaragua y Cuba son los países, de una u otra forma, le abren las puertas a los terroristas", destaca esa investigación.

Una célula activa del EI actúa desde hace algún tiempo en la provincia de Corrientes, en la región fronteriza entre Argentina, Brasil y Paraguay, según la división de Contrainteligencia de Argentina. Por otra parte, según las investigaciones enunciadas, el reclutamiento de latinoamericanos por parte del EI en Brasil se habría intensificado el pasado año, en la previa de la realización de los Juegos Olímpicos.

En su radiografía anual sobre el terrorismo mundial, el Departamento de Estado norteamericano advierte que en Sudamérica y el Caribe se han detectado varios movimientos preocupantes en los últimos dos años: viajes de individuos a Siria para enrolarse en el Estados Islámico ya no son una excepción. 

Desde la aparición del Estado Islámico, más de cien individuos de Sudamérica y el Caribe han viajado a Oriente Medio para incorporarse a sus filas, de acuerdo con la estimación de Estados Unidos del pasado año.Permisividad de los gobiernos

Aprovechando las rutas del narcoterrorismo, la permisividad de los gobiernos de algunos países, la falta de control de otros y utilizando las fronteras sin vigilancia entre diversas naciones para entrenar a los recién captados, el yihadismo ha ganado cada vez más fuerza en los últimos tres años en toda esta región.

Hay otro factor a tener en cuenta: la comunidad árabe y musulmana en Latinoamérica es significativa. Muchos son originarios de Siria y Líbano y se han integrado totalmente en la sociedad adaptándose a las costumbres del país en el que desembarcaron.

Cálculos como el publicado por el prestigioso diario egipcio Al-Ahram indican que hay unos 17 millones árabes y descendientes de estos en la región. Pero una estimación más concreta, realizada por la Organización Islámica para América Latina, a partir de la religión que profesan, cifra la cantidad de musulmanes en Latinoamérica en seis millones. Cerca de un millón y medio de musulmanes vivirían en Brasil y 700.000 en Argentina.

Argentina tiene antecedentes relativamente recientes en materia de atentados terroristas, como los ocurridos durante la década de los 90 contra la sede de la mutual judía AMIA, y la Embajada de Israel (ambos en Buenos Aires). Además, el riesgo siempre está latente en un espacio que sigue en la mira de los investigadores en materia de terrorismo islámico: la denominada Triple frontera.Este territorio está comprendido entre las ciudades de Foz de Iguazú (Brasil), Ciudad del Este (Paraguay) y Puerto Iguazú (Argentina).

La Triple Frontera, pluriétnica y multicultural, "debe ser objeto de vigilancia permanente por parte de las autoridades estadounidenses, que han advertido que la gran comunidad de inmigrantes árabes que habitan en la zona y las redes de contrabando, narcotráfico e inseguridad contribuyen al despertar de células durmientes terroristas", advierte un informe del grupo de investigación InSight Crime.

Joseph Humire, director ejecutivo del Center for a Secure Free Society, una ONG fundada en el 2012 como centro de investigación y análisis para abordar temas de seguridad, ha comprobado que grupos terroristas como Hezbollah y Al-Qaeda, fundamentalmente, han usado a países como Venezuela y naciones de América Central, para tener acceso a Estados Unidos.

Perú es un área geográficamente estratégica para algunas de estas operaciones porque hay un eje principal de terrorismo islámico, fundamentalmente vinculado a Irán, señala Humire. La triple frontera entre el Perú, Chile y Bolivia es estratégica y poco vigilada, indica el experto, que avisa que ni las autoridades chilenas ni las peruanas están presentes ahí y, "al parecer, las bolivianas serían cómplices en este esquema".

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