Domingo, 19.01.2020 - 17:01 h
Telediaria

'Mi casa es la tuya' de Bertín Osborne ha regresado casi sin avisar. De repente. Con una entrevista de esas que generan morbo en el personal. El protagonista: Kiko Rivera. Así Mediaset intenta frenar el estreno de 'Tu cara me suena' en Antena 3. Lícito es, pero Osborne está padeciendo los daños colaterales de un maltrato de su formato en la programación. Y lo sufre.

'Mi casa es la tuya' va y viene in extremis. Nadie sabe bien cuándo lo emiten. Hace tiempo que el programa no se ubica estable en una franja horaria. Su emisión aparece y desaparece según necesidades estratégicas de cadena que no favorecen al contenido del formato en el largo recorrido.

Incluso se creó una versión veraniega del espacio, 'Mi casa es la vuestra', y se terminó emitiendo meses después, ya en otoño. Pasó tanto tiempo que hubo entrevistas que se quedaron desactualizadas. Le sucede mucho a Osborne: tuvo que reeditar un encuentro con María Teresa Campos y Terelu Campos y, también, otro con Jorge Lorenzo.

Su emisión se relega y, como consecuencia, su contenido se queda caducado. Lo mismo un viernes está Carlos Sobera con las lágrimas del programa de testimonios 'Volverte a ver' que aparece Bertín Osborne con invitados en su hogar. Fatal para un programa tan cuidado en guion y estética como 'Mi casa es la tuya', que busca una experiencia útil más allá de la simpatía o antipatía que provoque su presentador, que es otro aliciente: Osborne no crea indiferencia.

Osborne se ha convertido en un comodín sin una estabilidad clara en la parrilla que, además, ganaría si conociera de antemano la fecha de emisión y pudiera jugar con temas de actualidad para atraer a otro tipo de convidados. Porque los grandes entrevistados que quieren ir a charlar con Osborne ya probablemente se hayan acabado. Y el ciclo vital del show puede dar la sensación de que ya está agotado y hasta que se ha desgastado.

- El éxito de un programa aspiracional

Pero 'Mi casa es la tuya' mantiene la fuerza de su premisa como espacio que adapta a la televisión los reportajes de famosos en sus casas de las revistas del cuore. Esos reportajes con todo colocado como si fuera un bodegón del exceso para la ocasión. La diferencia es que aquí no hay posibilidad del retoque con photoshop. Están en su vida cotidiana y el formato lo aprovecha para enseñar su hábitat temporal. No es una entrevista estática. La conversación es importante, pero el show gana si se muestran quehaceres cotidianos de los artistas o hasta bromas que desengrasan la intensidad del encuentro.

El programa convierte la entrevista en casi un reality. Hay cámaras, pero no se nota. Esa indiscreción de colarse en la intimidad de un hogar siempre tiene un grado aspiracional, de ahí el éxito de los programas con toque de 'revista de decoración'. Aunque el interés se multiplica si la casa es de un rostro popular. Porque puedes inspirarte en detalles del hogar del artista en cuestión, descubrir cómo es su habitación o simplemente criticar sus gustos en mobiliario. Entrar en casa ajenas ayuda a subir el share. De siempre.

Sin embargo, la esencia de 'Mi casa es la tuya', que se estrenó en TVE con el nombre de 'En la tuya o en la mía', se ha ido fagocitando por esa simplificación de Telecinco en donde todo son dardos rápidos para conseguir audiencia. Se prima la entrevista como arma arrojadiza. Pero el éxito del programa, que alcanzaba amplias audiencias con muy diversos perfiles de públicos, se sustentaba en la creatividad del guion y documentación que enriquecía el encuentro y lo hacía más sorpresivo. Ahora es más pronosticable y el propio Bertín Osborne está más automatizado, soltando preguntas dictadas, como si su programa le aburriera.

Para sobrevivir, 'Mi casa es la tuya' debería volver a sus orígenes en los que entremezcló tan bien humor y emoción, encontrar una estabilidad en la parrilla de Telecinco y hasta, quizá, llegue un momento de cambiar de anfitrión. Por qué no.

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