Sábado, 15.12.2018 - 20:13 h
Telediaria

El 'aplausómetro' de Ferreras funcionó: el acierto de La Sexta

Pablo Casado o Soraya Saénz de Santamaría. El aplausómetro de La Sexta pronosticaba que Casado se convertiría en presidente del PP. Y el aplausómetro acertó.

El aplausómetro, ese medidor de aplausos que utilizaban los programas infantiles y que, años después, también incorporó Chicho Ibáñez Serrador en El Semáforo como rastreador del fervor por alguien o algo, véase Cañita Brava. A más ovación, más aceptación. Un clásico.

No somos tan diferentes a cuando éramos niños. Así que Antonio García Ferreras ha utilizado esta terminología del aplausómetro, sencilla y reconocible para el espectador de la televisión, durante la emisión en directo del 18 congreso del Partido Popular. 

La entrada de Soraya y Casado al hotel Auditorium de Madrid -mismo lugar donde se ha realizado en los últimos años la gala de Los Goya-, los discursos de los dos líderes, la reacción del patio de butacas... De nuevo, La Sexta ha repetido fórmula: convertir interesante, a través de la televisión, un evento político, cargado de largos discursos que, antiguamente, espantaban a la audiencia de masas.

Ahora, en cambio, este tipo de contenido es más accesible gracias a una emisión que ha explicado con más claridad los engranajes de la política. A veces, rindiéndose a elementos del espectáculo. A veces, simplemente recuperando el periodismo apasionado en directo. A veces, apostando por la explicación con expertos de lo que está pasando, intentando entender causas y consecuencias.

La Sexta destaca porque no sólo emite lo que acontece. A la vez, explica. Lo hace con periodistas que el espectador reconoce, como Ana Pastor en el hotel que acoge el congreso. Informadores a pie de obra que se complementan con analistas en plató, definiendo las fortalezas y debilidades de ambos candidatos a la presidencia del PP.

Pero este carrusel informativo crece aún más al incorporar trucos del prime time televisivo. Ferreras no sólo retransmite. Ferreras narra. Su pasión se incrementa con elementos narrativos que terminan siendo ilustres en el ojo del espectador. En vez de decir 'hay más aplausos a un candidato que a otro', pone un efectista nombre al medidor de aplausos: el aplausómetro. Y lo repite todo el rato.

Así, además de definir el volumen relativo de aplausos, crea un icono: el aplausómetro -una denominación que se queda pegada en la memoria del espectador-, como también introduce su telefonino. Otro icono inventado made in La Sexta. Esta vez, con un politono versionando la tarareable sintonía del Partido Popular. Más simbología para el ruedo de la televisión. 

El símbolo del móvil,  llamado telefonino, avisa al televidente, con una señal visual y sonido, que en el hotel donde se celebra el Congreso está pasando algo. Hay una novedad, por muy pequeña que sea. 

Como si fuera el indicativo de gol en el carrusel deportivo de la radio, el público visualiza en una sencilla y sonora imagen que existen nuevos datos. De esta manera, se rompe la monotonía de la larga emisión y se impregna más ritmo al programa. La irrupción del soniquete despierta al espectador porque dice que está sucediendo algo y lo hace a través de un elemento que el publico interioriza e incluso da para parodia.

Crear iconos televisivos de herramientas periodísticas

El pactómetro, el telefonino, el aplausómetro podrían ser un simple gráfico o una mención rotulada en pantalla, pero en La Sexta estos datos cobran vida hasta convertirse en un característico componente protagónico, que no tienen los medios rivales. 

Con estos detalles, junto con la habitual crónica emocionada de Ferreras, que ha terminado con el presentador clónico en perfecta entonación para retomar el valor del periodista que vive la noticia, La Sexta consigue dotar de más intensidad trepidante a un contenido que, en realidad, no es tan trepidante. Son largos discursos y votaciones desde un lugar feo.  

Pero la televisión es emoción y, objetivamente, La Sexta ha impregnado de más emoción a la política gracias a su constancia en el impulso de periodismo clásico con narrativas del guion de entretenimiento televisivo. Sin complejos. Sin pediguís. Es la forma de hacer más fácil de seguir contenidos que tradicionalmente eran huesos.

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