Domingo, 20.01.2019 - 06:44 h
Telediaria

El 'chascarrillo' en el Telediario: dónde está el límite entre la información y el show gratuito

La realidad aumentada se ha instalado en nuestra televisión. Se trata de unas animaciones que se introducen en pantalla como si fueran elementos en dimensión real, que ocupan a sus anchas el decorado.

Así hemos visto irrumpir un AVE en el plató de Al Rojo Vivo, aparecer a tamaño real en el estudio de La Sexta a unos clones de los cuatro principales candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía -como si fueran azafatos anunciando su propio resultado en la noche electoral- o construirse la fachada de la residencia oficial del Primer Ministro del Reino Unido dentro de la redacción de Antena 3 Noticias.

Estos efectos especiales, que sobre todo están utilizando los espacios de noticias de Atresmedia, han contagiado a TVE de cierto entusiasmo a la hora de experimentar en sus informativos. La cadena pública llevaba años atada creativamente en sus Telediarios y los trabajadores reman a favor de recuperar ese espíritu imaginativo del periodismo para mejorar el envoltorio del relato y llegar a más gente.

Los Telediarios vuelven a ser más flexibles en sus presentaciones. Ya no son tan institucionales. Por ejemplo, la edición del fin de semana ha explicado el término de obsolescencia programada simulando un defectuoso apagón en las pantallas del propio estudio de Torrespaña o  se ha 'teletransportado' al presentador de deportes hasta el circuito de Montmeló para hacer un recopilatorio de las victorias de Fernando Alonso. En estos casos, las intenciones eran buenas pero el efecto especial pudo tener un punto de excesivo hasta parecer una transición de El Club Disney en los noventa. Nada malo, por otra parte. Pero el Telediario ya no está en los noventa.

Es evidente. El Telediario de TVE tiene que arriesgar en narrativas para acercarse a los nuevos soportes y debe hacerlo con rotundidad. Pero, a la vez, teniendo claro que existe un intuitivo límite que no pasar o, si se hace mal ese "efecto especial", se desvirtúa la fórmula del Telediario hasta parecer otra cosa. Como consecuencia, el informativo no llegará a nuevos públicos y, encima, espantará a los fieles, que no entienden determinadas locuras visuales que descontextualizan el formato.

Al final, existe un equilibrio en este tipo de decisiones que se mide en la calidad. Porque el espectador espera del Telediario calidad en el contenido. Si un efecto especial -como la realidad aumentada- sirve para explicar mejor ese contenido periodístico de calidad, adelante. Pero estamos ante un error si el ejercicio es el contrario: introducir un "fuego de artificio" porque queda aparentemente espectacular aunque, en cambio, no aporta nada al contenido. El espectador no busca eso en el informativo de las tres de la tarde o las nueve de la noche. Quiere la experiencia de comprender, el valor añadido de una información elaborada. No ver a unos señores que se les ha ido de las manos el pack de Magia Borrás que les han regalado. 

"Las grandes innovaciones van de la mano de la sencillez"

Como la televisión y el periodismo en general, los Telediarios de TVE siempre crecieron con el impulso de esa imaginación que sabe tomarse licencias cuando toca y en la medida que merece. Porque en televisión casi todo se puede hacer, pero todo es depende de como se haga. Que el contagioso boom de los grafismos animados, la realidad aumentada y la búsqueda de nuevas narrativas no distorsione que los efectos especiales de las telenoticias están al servicio de la información, no la información al servicio de los efectos especiales.  

Si el contenido es bueno, no hace falta recargar de efectos la pantalla ni hacer una pirueta escénica recocó. Basta con el ingenio artesanal de la tele de siempre. Eso también es arriesgar en nuevas narrativas. Eso lo han demostrado desde hace mucho los Telediarios.

Así, hace unos años, fue un acierto poner un rato a presentar el Telediario a un Lunni con motivo de la Noche de Reyes.  También ha sido muy interesante que, esta temporada, una niña diera paso a la información sobre el Día Mundial de las Niñas al lado de Ana Blanco. Excelente y necesaria apuesta la de celebrar el aniversario del Museo del Prado convirtiendo la sala que acoge Las Meninas en el mejor de los platós e incluso dejando apagar al espectador las luces de este Museo Nacional como colofón en el que el espectador asiste desde el informativo a una experiencia que nunca ha visto. Interesantísimo incorporar un corresponsal en el tiempo, Carlos del Amor, para divulgar la historia de nuestro país a través del valioso archivo de TVE.  Un reconocido periodista de 2018 colándose en las imágenes de cuatro o tres décadas atrás otorga más identidad y hace más atractiva -en la emisión tradicional y en el visionado 'a la carta' en redes- a una sección que de otra forma pasaría más desapercibida.  

En tiempos en los que la tecnología arrasa con todo, las grandes innovaciones van más de la mano de la sencillez de la creatividad práctica que de la pretenciosidad tecnológica de usar y tirar que, unas cuantas veces vista, el público ya está inmune a su 'efectismo' porque no aporta nada relevante a la información. 

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