Sábado, 22.09.2018 - 21:24 h
Telediaria

El futuro de 'Cuéntame cómo pasó': la vida de una serie tras la marcha de un personaje crucial

Tiene 24 años. Y lleva 17 interpretando a Carlos Alcántara en Cuéntame cómo pasó. Toda una vida, que diría la canción. Toda una vida entre sus momentos cruciales: de la niñez, pasando por la edad del pavo, hasta llegar a la juventud. De jugar a ser actor a ser un buen actor.

Pocos niños actores sobreviven al hecho de ser niños actores. Pero Ricardo Gómez ha crecido bien, muy bien, se ha curtido con inteligencia en el mundo de la interpretación más allá de la serie que lo parió y que le ha otorgado experiencia y una envidiosa estabilidad laboral.

Sin embargo, tras 348 capítulos interpretando al hijo de los Alcántara, la pasada semana dijo adiós a la grabación de la serie. Quiere romper con la rutina de un personaje que ha marcado mucho a un país. De hecho, su personaje ha sido clave en el desarrollo de la serie, pues es el narrador de la historia de su familia y de España en las últimas décadas.

El Carlos Alcántara adulto pone la narración, interpretada por la voz de Carlos Hipólito, desde la perspectiva que otorga el futuro a Carlitos. Paradoja, pues la serie es tan longeva que la voz de Hipólito no concuerda con la de Ricardo, cuando ya deberían parecerse. Pero da igual, porque, al final, en televisión siempre triunfa las licencias que dan alas a la imaginación.

Y Cuéntame, en sus 19 temporadas, ha sabido crecer sin sufrir la palabra desgaste porque ha retratado la evolución de España con una sensibilidad que nos representa a todos: sea cual sea tu clase social, tu ideología, tu delirio, tu grandeza. Cuéntame nos une con nuestra propia historia de ilusiones, de frustraciones, de una familia queriendo prosperar.

Pero Cuéntame tendrá que terminar. Más pronto que tarde. Aunque todavía tiene tramas por delante que debe plasmar antes de marcharse. Como la muerte de Herminia, que tendrá que ocurrir.

Tras tantos años, la serie mantiene audiencias competitivas porque ha sabido evolucionar sin caer en una excesiva repetición: dibujando la vida de los Alcántara a través de detalles de la sociedad, logrando plasmar el momento que vive el país en el año que cuenta la serie pero también las necesidades de la televisión en el tiempo en el que se emite el episodio. De ahí que, en la última temporada, para enriquecer y rejuvenecer la audiencia de la vieja ficción, se optó por poner el foco central en los jóvenes, Carlitos y Karina.

Drama, ahora se va Carlitos. Se marcha en su mejor momento. Pero lo más probable es que el niño prodigio termine por volver a Cuéntame. Porque su marcha no puede ser definitiva, pues la audiencia no perdonaría un final de la serie más importante de España sin Carlitos, sin la voz, sin el narrador. Sin el niño que ha crecido con la audiencia.

Como volvió Pablo Rivero -tras una fugaz despedida-, deberá retornar Ricardo. La serie lo necesitará para el adiós, aunque no para la continuación de sus nuevos giros de guión, ya que el compás de Cuéntame lo marca la historia del país con Merche y Antonio como sufridores de todos los momentos claves, de la dictadura a la edad del pavo de la democracia. Y la marcha de los hijos también es una vivencia muy española. La serie puede sobrevivir bien al adiós de Ricardo. 

Pero Cuéntame, para acabar en alto, ha de ir calculando ya su apoteosis. La ficción deberá tener una temporada de cierre que resulte un acontecimiento, que reúna al país frente al televisor para celebrar el país que somos a raíz de lo que fuimos. ¿Cuándo? Que decidan. El año 1992, con sus Olimpiadas, con su Expo, con una sociedad sintiendo que había llegado a la modernidad, es un brillante punto de inflexión en el que Cuéntame podría bajar el telón para terminar en un instante culminante que, además, representará la constante esencia del éxito de la ficción: su precisa capacidad para expresar la transversal y transparente ingenuidad de cada ciclo de un país llamado España.

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