Domingo, 27.05.2018 - 03:41 h
Telediaria

El problema de Movistar Plus con su nueva serie 'La Zona'

Eduard Fernández en La Zona
Eduard Fernández, detrás de una máscara.

Con la entrada en España de nuevos operadores de televisión de pago en versión bajo demanda (como Netflix o HBO), Movistar Plus ha descubierto un nicho de negocio diferencial abriéndose a la producción propia. Y en esa producción propia será crucial la inversión en ficción para atraer al público más seriéfilo con una oferta que haga más atractiva la marca televisiva de Telefónica. Una oferta que, hasta hace bien poco, ha basado su interés comercial en los costosos derechos deportivos y en las codiciadas series extranjeras.

Sin embargo, existe aún un vacío en la producción de series de autor en España. En este vacío es donde Movistar está centrando su inversión, con una cartera de ficciones muy diferentes, cada una para un tipo de público. Cambia la política con respecto a la vertiente generalista: ya no se busca una serie que reúna a toda la audiencia, ahora se pretende un abanico de series que conecten con distintos targets. Todos esos perfiles, sumados, dan entonces a la plataforma un gran público.

Así, Movistar Plus se está convirtiendo en la gran factoría española de series de pago. Aunque ya cuentan con una buena tanda de productos y proyectos en la recámara, han comenzado tímidamente con el estreno de la secuela de Velvet y, esta semana pasada, han lanzado La Zona, de los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo. "Tras un desastre nuclear en el norte de España, un nuevo orden social empieza a abrirse paso dentro de la zona de exclusión", es la efectista frase con la que se presenta esta nueva serie.

Y el resultado es una producción arriesgada. Punto a favor. Tiene un arranque lento, críptico (es fácil no enterarse de nada en el primer capítulo) y, por momentos, hasta pretencioso, no apto para todas las audiencias, pues lo que quiere es intrigar mucho sin una estructura típica de primer episodio de thriller. Sus espectadores, por tanto, deben armarse de paciencia y dejarse llevar... Sin prisa.

Avasallar frente a fidelizar espectadores en citas reconocibles

Y ahí surge un problema de Movistar a la hora de lanzar sus producciones: la veterana plataforma, que nació con Canal Plus, debe tener mayor capacidad para promocionar sus series en un largo recorrido, sembrando expectación sin avasallar sólo la semana del estreno. Hay que innovar en la manera de fidelizar este tipo de producto. Porque dependiendo de su contexto, algunas ficciones podrán ser programadas con un capítulo semanal y otras, directamente, deberán colgar sus temporadas completas bajo demanda, de golpe, como acostumbra Netflix.

Al final, en el nuevo modelo de producción de ficción, hay que decidir qué series pueden crecer con una ración de dosis semanal (para que el espectador especule y comente en su círculo social el posible devenir de las tramas) y qué otras funcionarán mejor 'colgando' todos los capítulos juntos (como sí hará Movistar con Vergüenza, la serie creada por Juan Cavestany). En acertar con esta decisión radicará el reto y la inteligencia de Movistar.

Porque, ahora, las series pueden seguir siendo series de toda la vida, con un capítulo semanal que genera expectación y fomenta con ilusión la siguiente cita con episodio, o series que puedes consumir en una sola sentada. Porque Netflix ha demostrado que hay historias que pierden con el paso de las semanas al no contar con un primer capítulo que atrape con la suficiente fuerza. Si toda la temporada está disponible, ante un primer capítulo sin el impacto suficiente, el espectador puede dar una oportunidad inmediata al siguiente con la esperanza de que mejore. Si no, puede que dentro de siete días ya haya olvidado la serie.

Es lo que puede suceder a La Zona. Una producción que quizá habría ganado recorrido si existiera la posibilidad de ver unos cuantos capítulos de una tacada, en formato maratón. No es una película larga, es una serie, pero está planificada de tal manera que el público necesita colarse en más de dos capítulos para sumergirse con mayor ímpetu en una producción que, con la excusa de un accidente nuclear, plasma un un interesante viaje por dilemas morales de nuestra política y sociedad actual. Y lo hace con una factura intachable. Pero el primer episodio no promete precisamente originalidad (remite a muchas películas y series apocalípticas ya vistas) y además cuenta muy poco, pues se preocupa más de establecer una atmósfera e inquietarte... pero sin contarte apenas nada de eso tan inquietante.

El espectador no sabe si es una película en cines o una serie

Una propuesta que puede quedar diluida porque no se termina de entender. Tampoco ayuda que, en los primeros capítulos, las interpretaciones de los actores sean un tanto planas y distantes. Es parte de la propuesta, pero no están todos con el mismo tono, algunos más impostados, otros más naturales. Todos demasiados conscientes, eso sí, de que están en una serie importante, densa, donde ocurren asuntos tremendos. La verosimilitud de este tremendismo es lo que no traspasa la pantalla al menos en los dos primeros capítulos.

No obstante, La Zona es una buena oportunidad para ir explorando una ficción plural y distinta entre sí, donde existan series que no son para todos los públicos. Ni falta que les hace, porque todos los públicos tendrán diversidad para elegir en la factoría de ficción made in Spain. Un terreno en el que Movistar Plus debe tener un papel crucial como productora de contenidos o su modelo se tambaleará. En ello están, aunque también la gran plataforma de pago deberá encontrar la manera adecuada de fidelizar público y crear citas de ficción estable en su marabunta de programación. Un reto más allá del clásico hostigamiento con grandes campañas de lanzamiento en las que el espectador potencial recibe impactos publicitarios de La Zona pero no sabe bien si es una serie o una película ni dónde ni cómo puede verla.

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