Jueves, 27.06.2019 - 07:08 h
Telediaria

El suicidio de un invitado y el final del show más morboso de Reino Unido

El Show de Jeremy Kyle ha sido cancelado. Llevaba 14 años de relevancia en las matinés de la cadena ITV, aunque su fórmula de 'éxito' aterrizó en el Reino Unido cuando los programas de testimonios empezaban a decaer en el resto del mundo.  La audiencia ya no se los creía tanto como antaño.

Pero Jeremy Kyle triunfó con una intensa televisión que retrata las miserias ajenas cueste lo cueste. Y así fue olvidando que sus invitados son personas hasta convertirlos en personajes. Este es un problema habitual de los formatos televisivos sin escrúpulos: olvidan que están jugando con seres reales para creer que están haciendo y deshaciendo a su medida un guion de un buen culebrón. Así tiran demasiado de la cuerda para tener contenta a una audiencia que cada día pide más. 

Y esa objetivo de 'tener contenta a la audiencia' se puede alcanzar con humor complice, ironía honesta, creatividad inteligente o tirar por el camino más fácil: el morbo de utilizar los sentimientos de la gente de los estratos más sufridos de la sociedad. La tele hace el resto del trabajo: manipulándolos para que salgan al estudio con la emoción lo más descolocada posible. Si hace falta con el viejo truco de dejar mucho alcohol en la sala de espera para que salgan con un punto ebrio al plató y, a la vez, malmeter a la víctima minutos antes de grabar. Para que salga al estudio con más cabreo. Es la TV sin escrúpulos. La TV que da aplausos a cambio de tus lágrimas.

El programa de testimonios de 'El Show de Jeremy Kyle' era de este estirpe de formatos que decía intentar arreglar problemas pero, en realidad, los enfangaba.

El pasado 2 de mayo Jeremy Kyle grabó un capítulo al que acudía Steve Dymond, de 63 años. Era invitado porque creía que su novia, Jane Callaghan, le era infiel. Y, claro, el programa hizo la famosa prueba del polígrafo, otro viejo truco de guion. Entonces, el sobreactuado público de este tipo de programas consideró que Dymond era un mentiroso. Pero Dymond no entendió que aquello era un show, salió entre lágrimas del estudio y poco después apareció muerto.

El trágico desenlace ha terminado abriendo un debate social en el Reino Unido que ha llevado a ITV a cancelar el programa. El propio Gobierno de Theresa May pidió la suspensión del programa de testimonios.

El programa que grabó Dymond nunca se ha llegado a emitir. Su muerte ahora ocupa titulares en todo el mundo, pero no es la única víctima de la televisión de entretenimiento que pierde los papeles porque deja de ser honesta con sus propios invitados y el espectador. No importa que tengan un cuadro depresión, el objetivo es exprimirlos y malearlos para subir el share. El resto, da igual. Incluso la dignidad. 

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