Miércoles, 18.09.2019 - 06:18 h
Telediaria

Telemadrid, ¿un servicio público sin público es necesario?

Telemadrid vuelve a estar en el punto de mira política. Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ha declarado en una entrevista con Federico Jiménez Lo Santos en Esradio que la cadena autonómica madrileña "Ha de ser un servicio público con audiencia, porque un servicio público sin público no es un servicio y le voy a pedir la misma austeridad que al resto, vamos a ver cómo funciona y decidiremos".

Pero, ¿un servicio público debe tener audiencia? Es un error de base pensar que un servicio público deba ser mainstream o romper los audímetros, porque entonces se confunde cultura del servicio público con competitividad de empresa privada. Lo que es distinto.

Los servicios públicos también cubren necesidades de minorías o, en el caso de la televisión, sirven para llegar informativamente, culturalmente y creativamente donde las televisiones privadas no llegan. Es más, estas cadenas públicas deberían cumplir más su cometido de arriesgar en contenidos para movilizar la industria audiovisual y que no se quede atascada en dos grupos de comunicación grandes que no prueban nuevos formatos. Por tanto, se merma la diversidad audiovisual.

La importancia de la televisión pública como motor del mercado audiovisual y cultural es clave en países vecinos como Reino Unido, Francia o Alemania. Pero en España aún se utilizan las cadenas públicas como ataque político y no se observa su potencial para la sociedad e incluso la economía como engranaje que aupa más producciones de pequeñas productoras y creadores independientes.

Tampoco las cadenas autonómicas necesitan una audiencia generalista para sobrevivir. Su nicho de mercado está en la proximidad y plasmar la realidad autóctona de la región. Y de ahí viene el problema de Telemadrid, que se desconectó muchos años de su sociedad, dejó de un lado la idiosincrasia local y se convirtió en una eterna tertulia política monocolor que no hablaba de Madrid. Como consecuencia, no interesaba a los madrileños. Telemadrid dejó de estar en la calle. 

Durante la última legislatura, presidida en su mayor parte por Cristina Cifuentes, se reformuló Telemadrid para que volviera a aquellos orígenes de canal autonómico que sirvió de cantera de profesionales, fue puntero en innovación de programas y que logró lo más complicado: en una comunidad autónoma que se lee todo en clave nacional,  plasmar las peculiaridades de una región que necesita conocerse más para crecer. Y ahí está el servicio público que cobija Telemadrid más allá de un análisis de audiencia efímero.

Porque los servicios públicos no siempre dependen de la audiencia. Sería absurdo utilizar este argumento en sanidad, educación, transporte.. En televisión pública también se debe medir la rentabilidad no tanto como un gasto, sino como una inversión. Y Telemadrid en los últimos años está realizando un ejercicio muy interesante de sostenibilidad presupuestaria y programación cercana, pegada al directo e intentando un ejercicio de independencia del poder. El público lo ha notado y, casualmente, cuando Ayuso dice estas declaraciones, su audiencia está subiendo desde hace meses. Porque Telemadrid lleva años intentando volver a ser un Telemadrid. La audiencia se esfumó porque paradójicamente dejó de trabajar por su cometido. Y eso significa retratar la diversidad autonómica sin censuras, lo que suele molestar de la televisión a los líderes de los partidos. No tanto por el gasto en un sistema político cargado de gasto.

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