Jueves, 23.11.2017 - 16:11 h

'Operación Triunfo 2017': lo mejor y lo peor de un estreno de inseguridades y nervios

Concursantes de ot 2017
Han cruzado la (mini) pasarela de OT2017

Operación Triunfo 2017 ha regresado. El formato musical de más éxito de la historia catódica en España ha vuelto con la ayuda del poder de la nostalgia y en vista del éxito del reencuentro de la primera generación, la de Rosa, Chenoa, Busta y, por supuesto, Bisbal.

Pero toda resurrección televisiva corre el riesgo de malograr el recuerdo. Más aún si está tan idealizado. Y el retorno de Operación Triunfo, esta noche, ha sufrido la consecuencia de ser un show ensalzado en la memoria colectiva y que, encima, ha vuelto con una perversa novedad: ser examinado, en directo, a través de las incisivas redes sociales de donde es difícil salir ileso si las expectativas son altas. 

El principal problema es que el formato ha regresado en una versión más reducida, con un plató más pequeño y un sonido irregular, que ha jugado malas pasadas a algunos de los chicos. Pobres. Gajes del directo de un programa que está en un estudio nuevo y con un equipo técnico al que parece que le falta rodaje en estos lares. Aunque eso mejorará. También en la gala cero de Operación Triunfo 1 la mayoría cantaron muy mal, pero, por suerte, lo hemos olvidado.

Mónica Naranjo, jurado de OT
El ego de Mónica Naranjo no quiere ego en la academia.

Lo malo es que el espectador ya está muy curtido en talent shows y este, el más mítico talent show, ha llegado descafeinado y con una dinámica extraña. No se han entendido las nominaciones, pues, a veces, no se han correspondido con la actuación en directo. Se ve que la decisión del jurado se ha basado en el ensayo. Los jueces, especialmente los intensos Mónica Naranjo y Joe Pérez-Orive -también está el más natural Manuel Martos-, han dando la sensación de estar sentenciando un guion previo y, entonces, en algunas ocasiones, el espectador no se ha sentido identificado con el veredicto. Error. Vuelve, Pilar Tabares.

Pero, sobre todo, el gran fallo de este retorno de OT ha estado en que ha faltado grandeza y épica, sobre todo en un comienzo que ha sido tosco: en realización y en presentación, con un jurado que ha entrado en escena sin apenas apoteosis y unos chicos que han cruzado la pasarela -mini pasarela- en tropel, en vez de uno a uno.

Pasarela OT2017
Cruzan la pasarela. Y sin caerse.

De hecho, los primeros minutos han transmitido nervio, pero no nervio de la ilusión, nervio de la inseguridad. También nervioso ha estado el presentador, Roberto Leal, que como le ha insinuado la propia Rosa de España se le ha sentido tenso. Normal, era su primera vez en un hype de estas características. Aunque para la próxima gala no hace falta que diga aquello del Paseo de la Habana de "un fuerte aplauso" o quizá, la semana que viene, termine diciendo también lo de "¡música maestro!". Y para ese cliché retro ya está en TVE Javier Cárdenas.

Roberto Leal, plató OT 2017
Roberto Leal en los preliminares de OT. Un fuerte aplauso.

En la parte positiva, Operación Triunfo ha sabido calentar motores. Primero sacando el programa fuera de plató en el arranque -con Roberto Leal en el exterior del estudio haciendo una interesante avanzadilla -que sirve para sumar espectadores-, lo que en este caso sí ha dado cierta grandilocuencia que ha faltado después. Segundo, logrando un casting millennial que, aunque están resabiados de posar frente a su móvil, sí contagian esa ilusión virginal que crecerá con la convivencia. Es más, deberían tener su móvil real todo el rato durante el programa. Porque son la generación de la interacción móvil.

Noemí Galera, academia de OT
Noemí Galera, directora de casting,  directora de academia y directora de un chat.

Y justo son los móviles los que evidencian, a golpe de tuit, que OT ha regresado en formato de bolsillo, sencillo, sin grandes fuegos de artificio. Menos mal que ha aparecido Noemí Galera, directora de la Academia, para aportar cordura, relativizar, tirar alguna broma y explicar la dificultad de actuar en un prime time de estas dimensiones folclóricas para unos cantantes novatos que, a pesar de toda la flojera técnica, han transmitido una evidente personalidad propia.

Tal vez ahí esté la oportunidad del programa: centrarse en el talento de los concursantes, su aprendizaje y olvidarse de fanfarrias de la emoción llorona del talent show, que ya está muy vista. Es hora de conocer artistas en televisión. Artistas que jueguen, se equivoquen y lo disfruten. Falta nos hace. Y estos chicos -Ricky, Mimi, Mario, Juan Antonio...- brillan en un escenario pequeño, pero con las posibilidades de luz de aquel vanguardista Top of the Pops de la BBC -en los 80 y 90- y con unas canciones que esperemos vuelvan a retratar lo que somos y lo que queremos ser. Larga vida al espíritu de Operación Triunfo.

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