Miércoles, 20.11.2019 - 04:43 h
Telediaria

Tamara Falcó: la diferencia entre el éxito y fracaso de ser pija en TV

Es una de las revelaciones de 'Masterchef'. Tamara Falcó es un filón televisivo en el talent show culinario de La 1 por la particular forma de ver el mundo desde su óptica de  millonaria de alta sociedad. Las surrealistas 'marcianadas' y salidas de tono de la hija de Isabel Preysler destacan sobre el resto de concursantes. Porque no se parece a nadie. 

Sin embargo, la peculiar personalidad de Tamara Falcó no siempre ha ido unida al éxito televisivo. O sea, el canal Cosmopolitan ya pretendió en 2013 reproducir la fórmula de 'Alaska y Mario' en MTV con ella y fracasó en el intento.

Se creó mucha expectación los meses previos del estreno de este reality que se iba a sumergir en la vida de la pija que más risa daba, pero todo el interés se desinfló rápido. El problema de 'I Love Tamara', que así se llamaba, estaba en que olía a artificial. Al final, sólo se realizó un publireportaje de Tamara Falcó que evidenció que su rutina cotidiana era muy aburrida.

Como consecuencia, el programa se torció en previsible y eso es lo peor que puede pasar a un reality. No jugaron al choque cultural y social, simplemente se optó por demostrar que los ricos pueden ser soporíferos si no se les enfrenta a otras realidades más terrenales y más identificables por parte del público. 

Todo lo contrario de la fuerza de 'Masterchef', donde Falcó funciona por el contraste que produce su candidez pija con el curtido bagaje del resto de los concursantes y el propio espectador. Ella, además, está en un punto madurez que parece que ya no le importa jugar con la imagen que proyecta. Ha asumido cómo es y se ríe de sí misma. 

A diferencia de su reality de 2013, Tamara Falcó se muestra más traviesa, olvida poses artificiales, da la sensación de que ha perdido el miedo al qué dirán y se deja llevar con todas las consecuencias. Es el as de la manga clásico de 'Masterchef': saca a todas las celebrities de su área de confort.  E incluso las pone a desollar conejos, como en el programa de este miércoles.  Y Tamara fue la que mejor lo hizo, dejando al personal en shock superándose fuera de su hábitat.

Falcó siempre ha sido transparente en cámara pero, ahora, por primera vez, se puede empatizar (mejor) con un personaje difícil de entender porque viene de un mundo paralelo y extremadamente reducido, el universo de la altísima sociedad que crece entre algodones de celofán.

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