Lunes, 19.02.2018 - 11:11 h

Por qué El Corte Inglés tiene que cambiar antes de criticar a Amazon

La empleada de El Corte Inglés me miró y dijo ‘no’. Yo le
estaba mostrando una foto en mi teléfono móvil donde
aparecía la correa de un reloj. “No la tenemos aquí”. Me quedé callado, esperando alguna solución alternativa.
“No la tenemos”, insistió. Yo también insistí… callado. Entonces me dijo que no tenían existencias de esas correas. Y ante mi rostro silencioso, al final reaccionó y dijo que yo tenía que llevar el reloj a la tienda, y ellos lo enviarían a la casa relojera para que le pusieran la correa.

¿Cuánto tiempo?
“Cuarenta días”.
¡Cuarenta días!, repliqué. “Señorita: si compro la correa por internet, me la mandan en una semana y la pongo yo mismo”. La mujer se encogió de hombros.

Entonces entendí por qué algunas tiendas le están comiendo el terreno a El Corte Inglés. No es porque esas tiendas on-line como Amazon corran a 300 kilómetros por hora. Es porque El Corte Inglés se ha quedado en la pista de salida.

Pero en lugar de moverse, el consejero delegado de la compañía se va a Davos a quejarse de que no es justo lo que está pasando. Dimas Gimeno dijo hace unos días que Amazon no está sujeta a horarios, y que no paga lo mismo a Hacienda y a la Seguridad Social. Es injusto. El Corte Inglés
tiene unos 100.000 empleados y es uno de los mayores aportadores de riqueza y empleo al país. Y de impuestos.

Es verdad todo eso. Pero hay algo que Dimas Gimeno no dijo: que El Corte Inglés se sigue comportando como un gran almacén de los años 70, cuando estamos en el año 2018. La chica que me dio 40 días para poner la correa a un reloj es la prueba de que siguen trabajando con el ritmo de las cosas de los años 70.

Parece que no se han enterado de que las tiendas on-line como Amazon (no solo Amazon) te dan ese mismo servicio en pocos días, y a menor precio. 

Comparadas con El Corte Inglés, las ventas en España de Amazon son aún muy pequeñas. En 2016 declararon unos 110 millones de euros de ingresos. Lo que pasa es que duplican sus operaciones cada año, lo cual significa que en 2017 podrían haber sobrepasado los 200 millones. Pero las ventas de El Corte Inglés en los últimos años o se han estancado o apenas han crecido: 15.500 millones de euros.

Para El Corte Inglés, tener una red de tiendas gigantes repartidas por toda España supone un gasto gigante. Pero nada se puede comparar al acto de visitar un gran almacén de El Corte Inglés y pasearse viendo productos. Eso no se puede hacer en Amazon.

Zara ha abierto en Londres una tienda donde uno puede pasearse y ver modelitos, pero no llevárselos, sino comprarlos por internet. Luego, la tienda se lo trae en horas o al día siguiente.

Es un experimento raro, pero por lo menos se ve que Zara trata de combinar lo on-line con lo físico, con la mente puesta en la amenaza de los gigantes como Amazon, que ya te venden todo el vestuario.

El Corte Inglés, en cambio, no solo tiene un sistema de ventas on-line poco amable (por no decir, complicado), sino que las tiendas no han encontrado el modo de competir en rapidez de servicio con las tiendas digitales. Voy a poner otro ejemplo: traté de cambiar un regalo de Navidad y aún estoy esperando que El Corte Inglés encuentre ese producto en alguna tienda y me lo envíe.

¿Y cómo terminó la historia del reloj? Compré la correa en una tienda on-line (no Amazon). Me la llevaron a casa en cinco días. La instalé con cierta maña, y pagué menos de lo que me habría costado hacerlo a través de El Corte Inglés.

No me hubiera importado pagar más en El Corte Inglés. Solo ponía la condición de que lo hicieran rápido. Ah, y que en vez de decirme ‘no’ al llegar, aquella señorita me hubiera ofrecido soluciones. Soy cliente de ese negocio desde hace mucho tiempo y lo seguiré siendo. Por eso, creo que deberían tomar en cuenta estas cosas para llegar al 2020 con otra velocidad.

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