Martes, 25.06.2019 - 04:33 h
Libertad sin cargas

Casado ríe el último en el triunfo de Sánchez: tres preguntas con respuesta

Como si de la Champions se tratase, el partido a doble vuelta que han jugado en las urnas los partidos políticos en apenas un mes tocó este domingo a su fin, con vencedores y vencidos. Las preguntas que quedaron planteadas tras el 28-A se respondieron en parte ayer, tras las autonómicas, locales y europeas, si bien están por ver las consecuencias del resultado final. La primera cuestión, si Sánchez mantendría la inercia del 28-A, es fácil de sustanciar. El PSOE tiene motivos para sacar pecho, en tanto ha teñido de rojo el mapa nacional, pero se queda con el sabor agridulce de Madrid, Castilla y León o Murcia, donde Cs tiene la llave. En todo caso, resuelto el sudoku regional, Sánchez pondrá en marcha la maquinaria política desde Moncloa con dos objetivos fundamentales: aprobar por fin los Presupuestos Generales del Estado y dinamitar la reforma laboral del PP hasta donde permita la UE, con el impacto que un planteamiento sin mimo puede tener en las empresas.

De hecho, con los mercados descontando una recesión internacional a meses vista, el manejo de la economía se antoja clave, con las tensiones entre Estados Unidos y China como telón de fondo. Aunque España cuenta con el colchón que otorga un crecimiento superior al de sus socios comunitarios, existe terror en el entorno empresarial a una irrupción de Podemos en el Gobierno que pueda disparar el gasto público y el déficit en el peor momento posible. Un miedo que ha provocado hasta que, como mal menor, se vea con buenos ojos la continuidad del tándem Calviño-Montero, la primera como garantía ante Bruselas y la segunda como malo conocido. Además de la economía, Sánchez tendrá sobre la mesa el frente catalán, que marcará la legislatura y que ya le ha dado los primeros quebraderos de cabeza a resultas de la presidencia del Senado -el bochorno de Iceta- y de sus comentarios a Junqueras. Con la sentencia a los presos del ‘procés’ a la vista, no parece que el culebrón pueda enderezarse rumbo a un final feliz.

Otra de las grandes preguntas era si se recuperaría Casado tras la debacle de las generales. Y aunque en la gran fotografía nacional puede no haberlo conseguido, los triunfos de Almeida y Díaz Ayuso en Madrid -que la encuesta de Metroscopia avanzó en estas páginas- le redimen y le alcanzan para salvar la cara e, incluso, atrincherarse en Madrid como el núcleo desde el que iniciar una reconstrucción en todo caso dolorosa. Está por ver si las críticas internas -que hasta ahora se han mantenido más o menos entre bambalinas- van allá de los cenáculos madrileños, sobre todo teniendo en cuenta cómo Casado ha fulminado de las listas y del partido a una vieja guardia que en determinados perfiles aún considera que tenía gasolina en el tanque. El cambio de estrategia -y hasta de eslogan electoral- para centrar el partido no había hecho más que reforzar esas tesis en las últimas semanas, pese a que pocos se han atrevido a formularlas en público. Todo hace pensar que el Madrid se convertirá en un bálsamo de Fierabrás en las huestes populares.

Eso sí, el 'affaire madrileño' no borra los problemas económicos que afronta el partido. Y es que va a costar que las cuentas salgan con semejante caída de diputados y pérdida de poder regional. Solo por el batacazo electoral del 28-A, el PP dejará de ingresar más de ocho millones de euros en gastos electorales y, durante la legislatura, en torno a tres millones menos para el funcionamiento de sus grupos parlamentarios en Congreso y Senado. No falta en la casa quien, ‘sotto voce’ y al margen de la dirección, ya especula abiertamente con buscar una operación inmobiliaria con la sede de Génova, en forma de ‘sale&leaseback’. Cuestión aparte sera el ajuste de plantilla, que todo el mundo en la casa da por hecho. Como publicaba este diario, de los cien asesores que el PP mantenía en el Congreso solo se repescarán una cincuentena. La travesía del desierto será dura y pondrá a prueba el aguante del actual líder popular.

Finalmente, y visto lo visto con el PP, ¿quién puede atribuirse el papel de principal partido de la oposición? Desde luego, el mensaje que quiso transmitir Albert Rivera tras conocerse los resultados del 28-A es que ese rol le correspondía a su formación debido al desplome de los populares. Un argumento que, en todo caso, no respaldaban los números. En las municipales y autonómicas, tampoco los guarismos acercan al ‘sorpasso’. Es más, la victoria popular en Madrid, por mucho que no oculte el desplome en votos del partido, sí le permite reivindicar su lugar en el sol de la oposición sin ningún género de duda. Dicho de otro modo, el peor PP de la historia sigue aguantando respecto a Cs, que no tiene resultado electoral malo pero tampoco rompe el techo de cristal que le impide abanderar gobiernos. La fragmentación, al final, es lo que está rediseñando a la derecha. La brecha que en su día abrió Cs ha terminado por convertirse en un agujero de la mano del fenómeno Vox, que irrumpe en comunidades y ayuntamientos como ya hizo en las generales. En esa pugna, todos pierden.

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