Jueves, 18.04.2019 - 17:07 h
Libertad sin cargas

Tres bodas y un funeral en BBVA con la saga/fuga de FG

El adiós de Francisco González a sus cargos representativos en BBVA -oficializado el jueves por la tarde pero adelantado por La Información 24 horas antes- cuenta con tres principales beneficiarios. El primero, obviamente, el segundo banco español, sometido en las últimas semanas a unas presiones indeseadas e innecesarias que, aunque no han golpeado su cotización, sí han tenido notable impacto en su prestigio. El segundo, el delfín del propio FG, Carlos Torres, expuesto a un arranque de mandato que, o termina de forjar su carácter y le convierte en el líder que aspira a ser… o lo revienta. Y el tercero, el propio banquero de Chantada, que aseguraba que su salida pretendía facilitar la investigación interna sobre las escuchas supuestamente realizadas en favor de la entidad por el excomisario Jose Manuel Villarejo, y así “asegurar que el banco ha actuado de acuerdo con los principios de legalidad y publicidad”. De hecho y según la misiva remitida por el histórico banquero a su sucesor designado, la decisión también buscaba que no se utilice su persona “para dañar la entidad”. Una verdad a medias que también esconde otra realidad. Y es que, llegados a este punto, existe consenso en que probablemente no tenía otro camino.

Para Torres, desde luego, la decisión de FG supuso un alivio de proporciones isabelinas. Para empezar, le permitió el pasado viernes sacar adelante sin mayores quebraderos de cabeza una Junta de Accionistas que se preveía de infarto. Más allá de la evidente tensión y de las previsibles intervenciones de Luis del Rivero y compañía, el cónclave se pareció más a un paseo militar que a un cambio de guardia. Con ello, Torres refuerza su estrategia de ganar tiempo y echar tierra sobre el asunto a la espera de que PwC dé señales de vida y entregue el ‘forensic’, algo que todavía tardará meses en hacer. Si como está previsto y como ya adelantan fuentes conocedoras del proceso, el informe de la consultora no encuentra nada relevante que implique a la cúpula de la entidad en la contratación y el ‘modus operandi’ de Cenyt, la empresa de Villarejo, Torres podrá lavarse las manos con algún aval. Del mismo modo, la marcha de González le da también un respiro en relación a las presiones del BCE, que como es vox populi en Madrid ya había puesto en su diana al propio Torres por no tomar cartas en el asunto y apartar a su antiguo jefe.

Dicho esto, pocas dudas pueden existir de que FG ha sopesado bien qué le convenía antes de tomar una decisión tan dolorosa. González, que según su entorno está totalmente convencido de no haber cometido irregularidad alguna y haberse movido siempre en los límites de la legalidad, se ha resistido como gato panza arriba a tomar la puerta de salida. Si lo ha hecho, tragándose el orgullo como deja claro su última carta, es porque era mejor el remedio que la enfermedad. En este sentido, no hace falta ser un sesudo analista para darse cuenta de que es mucho mejor para él que sea Torres quien monitorice todo el proceso de investigación. No en vano, el ex Mckinsey -que se ha referido no hace mucho al ejecutivo gallego como su “guía” y “referente”- está donde está gracias a la confianza y a la elección de su todopoderoso exjefe. Por si fuera poco, Torres no es un recién llegado a la casa y ha cumplido ya una década en la entidad, de la que fue consejero delegado desde 2015. Dicho de otro modo, algo sabe de los intríngulis de la firma. Además, los cargos institucionales no dejan de ser eso, cargos para la tarjeta de visita. FG y Torres saben que el verdadero poder está detrás del trono.

En línea con todo esta estrategia de actuación, la salida de FG también ha permitido a los actores clave en el proceso cambiar el foco y situarlo en la pieza judicial que investiga el caso. Otra vía para hacer correr el segundero y confinar el caso bajo siete llaves. Torres, por ejemplo, que evitó durante muchos momentos hablar abiertamente del ‘affaire’, sí quiso dejar claro ante los accionistas que el banco colabora “activamente con la justicia”. Y fue más allá: “Este proceso judicial está sujeto a secreto y no podemos desvelar ninguna información referida a dicho procedimiento, al que también estará condicionada la información que podamos proporcionar sobre la investigación interna”. Otra forma de decir que el ‘forensic’ no será puesto a disposición de los mercados en cuanto esté listo y que, más bien, quedará supeditado a lo que decida la Audiencia Nacional. Un planteamiento que vincula -¿interesadamente?- dos ámbitos con implicaciones y ‘players’ diferentes. A priori, no parece muy de recibo que pueda ‘ocultarse’ la investigación de PwC a los inversores por mucho que el proceso judicial -siempre más lento- tenga recorrido por delante. Será en ese punto cuando deba escrutarse el desempeño de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Y es que el supervisor que preside Sebastián Albellá tiene mucho que reflexionar a la vista de procesos como el de BBVA. De hecho, ni siquiera ha mediado una comunicación pública en la renuncia de FG. La Ley del Mercado de Valores establece que se considera información relevante “toda aquella cuyo conocimiento pueda afectar a un inversor razonablemente para adquirir o transmitir valores o instrumentos financieros y por tanto pueda influir de forma sensible en su cotización en un mercado secundario”. Se han cansado de repetir los afectados estos días que la saga/fuga de FG no afecta a las cuentas ni a la cotización de la compañía, pero la tesis puede perfectamente ser rebatida. ¿O es que cuestiones intangibles no pueden tener impacto en la percepción del inversor? ¿Acaso no tiene efecto reputacional la dimisión temporal de un presidente de honor, al punto de poder condicionar una decisión de compra? ¿Dónde queda la creciente importancia de los criterios de buen gobierno a la hora de aproximarse al mercado? Basta con apuntar la cada vez mayor preocupación por las recomendaciones de los ‘proxy’. La CNMV, que tiene capacidad para conminar a las empresas para que se retraten, vuelve a quedar en entredicho.

Como en la novela de Torrente Ballester, entre la realidad y las sombras discurre el ‘affaire BBVA’, que ha puesto sobre aviso a un Ibex que en su mayoría se da por ‘pinchado’ y grabado. Torres y FG han conseguido salvar el primer ‘match-ball’ tomando el camino más lógico, algo que colegas del sector y analistas daban por seguro hacía semanas. Ante la no intervención de Moncloa, que ha monitorizado la situación desde el principio pero sin intención de actuar salvo que hubiera impacto en la cotización, Fráncfort es el principal foco de presión. No es casualidad que en su misiva final, FG se acordará -y no para bien- de Del Rivero, Zapatero o Luis de Guindos. El problema para él es que los dos primeros viven un retiro dorado mientras que el tercero es vicepresidente del BCE. Y no olvida los viejos desencuentros en episodios de sobra conocidos como la Sareb o el caso Bankia. Hay partido.

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