Martes, 19.03.2019 - 18:48 h

Tal vez Duque debería dimitir... pero por estar en la luna

La primera vez que escuché a Pedro Duque fue en un seminario sobre periodismo aeronáutico en la Universidad Rey Juan Carlos (casualidad) y me sorprendió el discurso intimista y lleno de fuerza que hizo para que todo el mundo aprendiera a valorar más y mejor lo que se hacía en España en investigación y en ingeniería espacial. Quedé convencido de que en las distancias cortas y cuando coge confianza, el ministro tiene fuerza y llega. Y al ser nombrado ministro pensé que no iría tan mal porque, más que saber mucho del área que le toca, al menos para vender algunas cosas valdría, que eso lo que hacen los ministros. Pero el mito se me cayó a los pies el pasado jueves cuando escuché su comparecencia para explicar algo que, si no tiene nada que ocultar, no debería haberle costado tanto trabajo.

En el año 2005 y en plena gestación de la burbuja inmobiliaria, la creación de sociedades instrumentales para comprar vivienda o para hacerse asesor inmobiliario y dedicarse al trapicheo con inmuebles de aquí y de allá, con una rentabilidad que subía cada día más, era algo demasiado habitual. No es que lo recomendara el Gobierno de Zapatero entonces, cegado por el boom inmobiliario que apenas dos años más tarde le explotaría en la cara, pero sí lo avalaba y permitía que un regimiento de supuestos asesores financieros y fiscales lo recomendaran como la opción idónea para separar el patrimonio de la situación personal del contribuyente y buscar la forma de que pagara menos impuestos (en Sociedades) que si se declaraba dentro de la base imponible del IRPF o suponía pagar Impuesto de Patrimonio. El truco era atribuir una actividad a esa sociedad (inmobiliaria o de otro tipo) y descontar de sus ingresos un sinfín de gastos de todo tipo supuestamente afectos a su funcionamiento. Entre 2005 y 2007 había en España cerca de 200.000 inmobiliarias registradas, la mayor parte de las cuales no eran más que vendedoras ocasionales en busca de beneficio rápido.

Tan burda triquiñuela fue rápidamente atajada por la Agencia Tributaria, que en 2006 acotó el funcionamiento de este tipo de sociedades instrumentales y les obligó a demostrar su actividad, para limitar sus deducciones. Tener unos inmuebles en esa sociedad a título particular, como hicieron Duque y su esposa, se produjo en ese contexto y muchas quedaron solo para gestionar las casas de los más pudientes, que en realidad estaban atrapados en una entidades que prometían muchos ahorros fiscales en boca de sus asesores, pero que no lo eran tanto. Es más, si ahora se pretende eliminar esa sociedad, a la que no se pueden meter ingresos de otro tipo sin justificar, ni deducir gastos de cualquier manera (que se lo digan a Maxim Huerta), el coste fiscal es tremendo: primero se paga la plusvalía por el incremento de valor en estos años de los activos de la sociedad, y una vez repartido lo que queda, se debe tributar a más del 20% por dividendo. Por eso Duque dice que le cuesta más quitar la sociedad con sus dos casas, que dejarla. Es más barato el asesor que se lo lleva que la pérdida que le supone después de trece años y a pesar de la crisis.

Que Pedro Duque tenga un patrimonio de 1,5 millones de euros (más el de su mujer embajadora) después de su trayectoria profesional como astronauta e ingeniero no es para echarse las manos a la cabeza, pero sí para tenerlo en cuenta por su condición de ministro del Gobierno de Sánchez, y la pulcritud que se le presupone. Para cometer delito fiscal es necesario haber tenido intención de defraudar, y montar una sociedad patrimonial para tener dos casas, te convierte en sospechoso directo de este tipo de fraudes, porque apunta hacia esa intención.

El autoalquiler de tu casa pagándole a tu propia sociedad es algo que se sostiene a duras penas en la mente cartesiana de cualquier asesor fiscal que se precie: destinar dinero propio y que ya ha pagado sus impuestos a pagar un alquiler a tu propia empresa personal, para tributar luego de nuevo en el impuesto de sociedades como propietario de la misma. Uno de los más prestigiosos asesores de este país me decía esta semana que eso, que además no permite deducciones ni desgravaciones de ningún tipo, no se le ocurre más que “al que asó la manteca”. La única opción para imputar IVA o hacer algún tipo de operación fiscal sería el alquiler vacacional a terceros, pero eso, como todo, es algo que no tiene por qué ser fraudulento si se declara como es debido, tanto en la sociedad como en la renta de sus propietarios. Y Duque asegura que así lo hizo.

Llegados a este punto, solo quedan dos conclusiones posibles. La primera, que lo que debe hacer Pedro Duque (y alguna ministra más en la picota) es poner sobre la mesa todos los datos y explicarlos sin aspavientos ni perros que muerden por la mañana; solo con la verdad y buena información se puede combatir o frenar la mala información, algo que debieran tener muy en cuenta los ministros puestos en duda y sus asesores. Y la segunda, después de consultar a tres inspectores fiscales y alguno de los mejores asesores de este país, que si Duque creó la sociedad instrumental solo porque estaba de moda y sin saber cómo ni para qué, debería dimitir ya, no por hacer una mala gestión en su ministerio, sino por estar en la luna, por pura ingenuidad.

Ahora en Portada 

Comentarios