Miércoles, 16.10.2019 - 21:55 h
Inspector del Banco de España en excedencia

Ten cuidado con lo que deseas... no vaya a ser que lo consigas

El día que el asesor áulico del Presidente le explicó su idea, la emoción les invadió. Hay que aprovechar el tirón de la sentencia y lanzar una moción de censura. ¡Oye! ¡Espera! Que solo tengo 84 diputados; voy a hacer el ridículo. !Qué va! ¡Escúchame! Se trata de hablar con Podemos y los nacionalistas y dar la imagen de que puede haber acuerdo, solo eso. El PP no querrá perder el poder y obligará a Mariano a dimitir; y el Parlamento investirá a otro presidente de su partido. Y en las próximas elecciones te sales, le decía el asesor.

Ganaron la moción y las sesiones de control al nuevo gobierno caían cada semana como una guillotina cae sobre el cuello del reo. Los plenos eran auténticos infiernos. Los socios de la moción exprimían todo lo posible al inquilino de la Moncloa, en el fondo era su inquilino. A veces, incluso más de lo posible: decreto ley de vivienda, techo de gasto y, finalmente, unos presupuestos que Sánchez nunca quiso llevar al hemiciclo.

Los rumores sobre elecciones anticipadas devoraron las expectativas de quienes esperaban que la legislatura alcanzase los cuatro años de rigor. Pero ¿Cuándo? Los más cercanos al presidente hablaban del otoño, pasada la resaca de las europeas-autonómicas-municipales. Otros defendían, defendimos, el superdomingo por tacticismo. Pero no aguantó. Frente a lo que casi todos opinábamos, incluido miembros del gabinete, el revolcón de los presupuestos puso punto y final a la legislatura más extraña de la democracia.

Como le pasó a Sánchez en la moción de censura, nadie advirtió a los partidos de la oposición (nacionalistas incluidos) aquello de “ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que lo consigas”.

Lo cierto es que esta sorpresa de propios y extraños ha mejorado la jugada del superdomingo. La oposición que manejaba un calendario más extenso se ha visto sorprendida, en algunos casos con los deberes casi sin empezar. Rápidamente hay que convocar primarias, elaborar y depurar listas al Congreso, nombrar candidatos en provincias y grandes capitales que lideren la campaña, darlos a conocer, elaborar un discurso e, incluso, un programa. ¡Y todo eso en apenas dos meses! ¡Qué estrés!

En este escenario ha tomado la delantera Ciudadanos, probablemente el que tiene sus deberes más avanzados, fijando posición sobre algunas cuestiones. En primer lugar, ha dejado clara su postura respecto a su relación con Vox, eliminando todo el ruido que esta cuestión viene generando desde que se conocieron los resultados de las elecciones andaluzas. Lógico, por otra parte, si consideramos que, a día de hoy, Vox se parece más a los Tories británicos que a la Agrupación Nacional de Le Pen. En segundo lugar, está dispuesto a disputar a Casado el liderazgo del centro-derecha; y que lo va a hacer defendiendo su modelo de país frente al PSOE de Sánchez.

Este segundo punto es especialmente relevante en un en sistema político que ha pasado en una legislatura de un bipartidismo férreo a un multipartidismo; y subiendo. Ni las diferentes formaciones, ni la mayor parte de la sociedad se ha acostumbrado aun a este cambio que supone nuevas reglas, nuevos actores, incluso nuevas formas de gobernar.

¿Y qué viene ahora? Ahora vienen decisiones muy relevantes para España y para los propios partidos. De cómo se instrumente la campaña, de los acuerdos de investidura y de la estabilidad del próximo gobierno, dependen la consolidación del nuevo modelo político y también que se puedan llevar a cabo las reformas económicas en un momento en que comienzan a soplar vientos de crisis. Este es uno de los temas clave de la campaña. Con los independentistas más pendientes de su juicio, el resto de partidos no debería tener solo como tema prioritario Cataluña, dando paso a debates más amplios.

Tenemos decisiones que tomar y que marcarán qué España queremos en los próximos años. Hay que abordar una importante reforma de las pensiones acorde con nuestra pirámide poblacional y nuestro modelo de crecimiento económico. ¡Oiga! Y si al final el sistema no es sostenible y no va a haber pensiones o éstas serán de mera subsistencia, díganlo cuanto antes porque la gente tiene que tomar sus decisiones.

Otro de los elementos clave es la reforma fiscal y la reforma de las administraciones públicas. Si se van a bajar los impuestos, habrá que decir cuánto, cuándo y cómo. Y si no me lo explican, no me creeré la promesa. Porque cuando digo cómo, me refiero a que hay que reducir la estructura de la administración haciéndola más eficiente, hay que terminar de privatizar activos que en manos del estado se gestionan con criterios políticos (en el peor de los sentidos), hay que racionalizar el sector público institucional y ordenar las administraciones autonómicas y locales. ¡Ahí es nada!

Hay que fijar una política industrial que cambie la estructura de producción nacional. Una de las características de los países con un potente sector secundario es que son mucho más estables ante las crisis. Desterremos la idea de que la estabilidad en el empleo se consigue con formulas alquimistas de política monetaria o con reformas laborales sumidas en sofistas y estériles debates ideológicos. No olvidemos en este capítulo el nuevo modelo energético, sus costes y la oportunidad que puede representar para España, bien como complemento de otras industrias (turismo), bien como industria principal.

Y finalmente, aunque no por ello menos importante, la posición de España en el mundo. Hay que abordar con firmeza los problemas más inmediatos como el brexit o el papel que queremos jugar en Latinoamérica (Venezuela, por ejemplo). Pero también hay que abrir un debate sobre la posición de España en el escenario internacional.

Si finalmente todas estas cosas apenas pueden plantearse porque la próxima legislatura no llega ni a los dos años, partidos y sociedad habremos fracasado.

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