Martes, 18.09.2018 - 16:05 h
En la frontera

La economía y la escalera imposible que sube y baja

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy es optimista. Cree que todo lo que puede ir bien en España va a ir bien. Más que bien, muy bien. Lo dijo esta semana en el Spain Investors Day, la jornada en la que el Ibex 35 saluda el comienzo de un nuevo ejercicio. Para Rajoy, España está a las puertas de un nuevo milagro económico. Porque la etapa de crecimiento expansivo que está viviendo la economía tras la crisis "puede ser la más larga de nuestra historia".

Rajoy habla con fundamento. Las previsiones son buenas. El ministro de Economía Luis de Guindos ha adelantado que el crecimiento del PIB se situará por encima del 2,5% una vez se aprueben los Presupuestos Generales del Estado para 2018. Analistas Financieros Internacionales (AFI) va más allá. Su resumen del año que empieza contempla un crecimiento del PIB del 2,8%, con desaceleración del consumo privado pero buen desempeño de la inversión y del sector exterior; un IPC promedio anual 1,8% y una tasa de paro por debajo del 15% a cierre de año.

Los expertos de Caixabank no se quedan atrás. Sus analistas explican que "después de tres años excepcionalmente buenos para la economía española, que ha crecido a tasas superiores al 3%, 2018 se presenta como un año de moderación del crecimiento, aunque seguirá siendo de los más elevados de las economías avanzadas, según los pronósticos del conjunto de analistas".

En resumen, todo va bien. La crisis ha quedado atrás y el futuro es prometedor. Incluso vuelve la actividad y el beneficio al sector inmobiliario. La tasadora Tinsa sostiene que los precios seguirán subiendo de forma moderada (el año pasado ya lo hicieron en torno al 4,2%), las compraventas aumentarán hasta un 15% y la obra nueva se incrementará un 20%.

Hasta aquí, el optimismo

Hasta aquí las buenas noticias. Hasta aquí el optimismo obligado. Hasta aquí el juego de la política y de los gobernantes. Porque las magníficas previsiones comparten espacio con una realidad preocupante. La de un país desarrollado que está en declive. España crece por encima de la media europea, y sin embargo el 70% de los hogares, según el Informe FOESSA, no percibe efectos positivos de la recuperación. 13 millones de personas (el 28% de la población española) siguen en riesgo de pobreza o exclusión social.

Son datos preocupantes. Pero el Gobierno también tiene los suyos. El ministro Álvaro Nadal, que dirigió la Oficina Económica de Moncloa, está acostumbrado a manejarlos en porcentajes y comparativas. En el mismo foro que Rajoy, el Spain Investors Day, Nadal destacó que en los últimos 50 años, España ha dado un gigantesco paso adelante. En el acercamiento a EE UU, dijo Nadal, sólo Noruega, Irlanda y Austria se pueden comparar con el avance español.

Pero las comparaciones las carga el diablo. A menudo, con optimismo. Si Nadal hubiera adelantado un poco la comparación, los resultados hubieran sido más modestos. Con datos de la OCDE sobre la evolución del PIB por cápita (1975-2013) para 27 países España aparece como el país número 19. De 27.

Macroeconomía de brillos

La realidad, por mucho que se envuelva en macroeconomía de brillos, aconseja ser comedido en el análisis. Economistas Frente a la Crisis publicó en abril un informe con la evolución para España de un interesante índice. Se trata del Índice de Complejidad Económica que elabora el Observatorio del MIT Media Lab (Instituto de Tecnología de Massachusetts. El indicador intenta medir la calidad de los productos que se ofertan más allá de las estadísticas de comercio exterior. Pues bien, según ese índice, en términos relativos –no absolutos- la complejidad productiva de las empresas españolas no ha mejorado mucho en 50 años. El índice de 2014 es similar al de 1964.

Es algo preocupante porque afecta a un elemento clave para el futuro de la economía: la innovación. En este apartado tampoco cabe la satisfacción exagerada. En el último informe de Competitividad Global 2017-2018 elaborado por el Foro Económico Mundial, España se situaba en la posición 42 en el ránking de innovación. Tres años atrás ocupaba el puesto 37.

Entonces ¿Cómo puede ser que España esté en camino hacia un nuevo milagro económico y, al mismo tiempo, la realidad esté marcada por la austeridad, los recortes, la devaluación salarial, la precariedad, el desempleo, la desigualdad y la falta de oportunidades para los jóvenes? Puede ser porque es una ilusión. Como la Escalera de Penrose, la economía española es un objeto imposible que sube a la vez que baja. Quienes diseñaron aquella escalera imposible, Lionel y Roger Penrose eran matemáticos, lo que no les impidió trabajar con ilusiones. Como algunos gobernantes.

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