Jueves, 21.02.2019 - 01:35 h
Patrona de la Fundación Renovables y Responsable de la campaña de energías renovables de Greenpeace

Cambio climático, el mayor riesgo (económico) al que nos enfrentamos

El Foro Económico Mundial acaba de publicar su informe anual de riesgos globales, pocos días antes de que comience el Foro Económico Mundial en Davos. Ahí se reunirán las personas más influyentes de la economía global. Ojalá que estos datos proporcionados por el mismo Foro Económico Mundial se trasladen a las prioridades que se discutirán en Davos ya que, por tercer año consecutivo, indican que los riesgos relacionados con el medio ambiente dominan la encuesta de percepción de riesgos globales, tanto por la probabilidad de que ocurran como por su impacto.

Cuatro de las cinco amenazas de mayor impacto identificadas en el influyente informe de este año están relacionadas con el clima: desde las crisis ligadas el agua o los fenómenos meteorológicos extremos hasta el riesgo de que los esfuerzos por reducir al cambio climático se queden demasiado cortos.

La emergencia climática global es evidente y amenaza a las personas, al planeta y, por lo tanto, también a las actividades económicas.

Sería de esperar que esta emergencia dominase la próxima reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, en cambio, la agenda solo aborda el cambio climático como uno de los muchos temas sobre la mesa. La "élite" de Davos todavía finge que tenemos tiempo para abordar la crisis climática. Sin embargo, ya hemos entrado en una nueva fase de cambio climático, en la que los impactos son más rápidos, golpean con mayor intensidad y nos demandan actuar de inmediato para reducir las emisiones debidas a la quema de combustibles fósiles, la deforestación y el sobreconsumo desmesurado incompatible con un planeta finito.

El informe especial del año pasado del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) estableció claramente que tenemos menos de dos décadas para poner en marcha el cambio copernicano necesario para evitar aumentar la temperatura del planeta más de 1,5 grados centígrados y los riesgos asociados. El IPCC también nos confirmó que se puede lograr, pero solo si empezamos ahora y sin dejar a nadie atrás. Para ello hace falta compromiso institucional, empresarial y social.

Se habla de la Cuarta Revolución Industrial y de que podría reimaginar totalmente la forma en la que se plantean las soluciones a la crisis climática. Eso sólo será posible si esta revolución va a resolver el cambio climático poniendo a las personas y al planeta en el epicentro de todas las decisiones. Es decir, si ésta reconoce que las personas no somos tan solo consumidoras sino ciudadanas con derecho a decidir nuestro futuro y a compartir los efectos beneficiosos del cambio que vamos a emprender.

El escenario que nos espera es, sin duda, complejo debido a la geopolítica actual y su cambio tendrá un impacto profundo. Sin embargo, no es solo un cambio tecnológico sino una transformación profunda de las creencias y de las relaciones de poder entre los actores, en reconocimiento de la responsabilidad histórica de los protagonistas más importantes en la inacción contra el cambio climático.

Sería difícil de aceptar que, con tan poco tiempo disponible para cambiar el sistema económico de forma que sea respetuoso con el clima, en Davos no se tomase ninguna decisión importante. Incluso sería inaceptable ver que los grandes actores económicos del mundo siguen haciéndose representar ante las instituciones por asociaciones empresariales que siguen defendiendo políticas y medidas incompatibles con una economía descarbonizada y siguen intentando que, si ha de haber una transición a esta economía, ésta excluya a las comunidades y a las personas trabajadoras que se encuentran fuera de ese 1% más rico de la población mundial, perpetuando las desigualdades económicas extremas que se dan en la actualidad.

Habrá que estar atentos a las conversaciones en Davos.

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