Sentencia del Tribunal Supremo 

"¡Solo tenéis una neurona!": el insulto de un sargento que le ha costado la cárcel

Condenado a un año de prisión por menospreciar a sus subordinados y salir del acuartelamiento pese a la prohibición expresa de su superior.

Vehículos militares que participan en los ejercicios militares. Foto: Mando de Canarias del Ejército de Tierra
El sargento alegó que se desvió de la ruta en busca de cobertura/Ejército de Tierra

“Solo tenéis una neurona” o “vuestro trabajo lo puede hacer uno de Mercadona” son algunos de los insultos que han costado a un sargento del Ejército de Tierra un año de cárcel. El Tribunal Supremo ha confirmado la condena que pesaba sobre él por abusar de sus facultades y menospreciar públicamente a subordinados.

La Sala de lo Civil explica en su sentencia que el sargento hace un uso “caprichoso" de sus facultades de mando y recoge un conjunto de excesos cometidos durante unos ejercicios en Canarias en 2015 constitutivos de delito de desobediencia y extralimitación.

El condenado también les intimidó en numerosas ocasiones al grito de “no sois más que tropa y yo soy sargento”, “mi estatuto es superior al vuestro” o “no tenéis que pensar”. Se trata de expresiones que, según los magistrados, suponen un “claro prevalecimiento de su empleo” puesto que aprovechó su condición de suboficial para cometer sobre ellos una “grave acción abusiva”.

Entre los excesos arriba mencionados, la resolución recoge que el sargento, en noviembre de 2015, mantuvo a los miembros del pelotón durante cerca de tres horas en un vehículo en el exterior de un bar mientras él estaba en la terraza uniformado y tomando cervezas. Además, ignoró durante ese tiempo las súplicas de una soldado que, por motivos de higiene derivados de su condición femenina, necesitaba volver al acuartelamiento.

Sin embargo, no fue la única vez que coaccionó a sus subordinados para acudir a bar. En otra ocasión también ordenó a un cabo que le acompañara a un reconocimiento de un polvorín pero interrumpieron la misión para hacer una parada en un local donde, además de consumir alcohol, desplegó documentación del ejercicio que iban a realizar.

Alegó que buscaba cobertura

En su recurso al alto tribunal, el sargento alegó que se debía tener en cuenta necesariamente que lo que le llevó a desviarse del camino durante la realización del ejercicio fue la necesidad de conseguir cobertura telefónica de datos para poder cumplir con la misión encomendada.

En lo que respecta al delito de desobediencia, la Sala lo encuadra en el marco de sus salidas del acuartelamiento durante varios días de ese mes de noviembre, pese a la orden “clara y tajante” de su capitán de no hacerlo.

Además, los magistrados le responden que “resulta de todo punto irrelevante” la distancia que separara el bar del acuartelamiento “fuera 340 o 1.000 metros”, puesto que lo que realmente importa es que desatendió “en repetidas ocasiones” la orden directa del capitán jefe de su Batería.

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