Sábado, 30.05.2020 - 03:00 h
Tal y como sucedió hace un siglo

¿Hacia un mundo mejor? La pandemia 'se cuela' e infectará la literatura del futuro

Los escritores admiten que la fantasía o el pasado serán la salida inmediata ante la imposibilidad de asumir un presente todavía incierto. 

Imagen de la película 'Tolkien', basada en la historia del autor de 'El señor de los anillos' y que cuenta su relación con la Gran Guerra
Imagen de la película 'Tolkien', basada en la historia del autor de 'El señor de los anillos' y que cuenta su relación con la Gran Guerra. / EP

"De esta fiesta mundial de la muerte, de esta mala fiebre que incendia en torno tuyo el cielo de esta noche lluviosa, ¿se elevará algún día el amor?". Aunque publicada en 1924, ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann, se empezó a escribir en 1912 con la idea de ser una novela corta que sirviera de contrapunto más ligero a la ominosa ‘Muerte en Venecia’ anterior. En esto que estalló la Primera Guerra Mundial, durante la que el autor alemán se mostró belicista y nacionalista en sus comienzos hasta que el peso de la tragedia le cambió todos los planteamientos. Hasta que hilvanó frases como la citada y la intención jocosa se difuminó. El mundo había cambiado, la literatura también. Distopías, fantasía épica, ciencia ficción, monólogo interior, realismo mágico... Sin necesidad de hablar de la guerra, el horror y el trauma lo tiñeron todo. 

La actual pandemia del coronavirus alumbrará otro planeta muy distinto. En la mañana del sábado, 28 de marzo, suma más de 28.000 muertos y 600.000 infectados y todas las potencias mundiales tienen a su población confinada y sus economías en pausa. La palabra inconmensurable, con su significado real de algo que no puede medirse, se adapta al futuro a corto y medio plazo. La OCDE, el FMI, los bancos centrales… tras unos primeros informes prudentes vino el pánico y ahora la asunción de incapacidad. No existe cálculo que cifre el impacto, toda vez que el mayor impacto real es el de la lista humana de víctimas.

Con este panorama, quizá hablar de literatura pueda sonar a ciencia ficción más que nunca. O todo lo contrario: en este artículo, Antonio Muñoz Molina recuerda el papel de cobijo que las artes siempre han otorgado a las sociedades. No en vano, si no fuera por Netflix, los libros o el ocio en general, las cuarentenas serían inasumibles. Otra cuestión muy distinta es qué tipo de literatura podrá salir de esta crisis (y qué modelo editorial, de paso).

Porque seguro que la literatura volverá a salvar almas reinventándose a sí misma. Hace un siglo, el mundo no solo se vio sacudido por la Primera Guerra Mundial y todo lo que rodeó la contienda, desde el cambio radical en el eje de poder europeo decimonónico hasta el ascenso del comunismo con la Revolución Rusa de 1917. Luego vinieron todas las consecuencias: los felices años Veinte, la Gran Depresión, el ascenso del fascismo, la Segunda Guerra Mundial, el fin del colonialismo, la guerra fría… Aunque todavía en 1918 se desató otro factor natural tan devastador como la guerra misma: la llamada gripe española, que afectó a un tercio de toda la población mundial y mató a 50 millones de personas (la guerra, como tal, se cobró 20 millones de vida). 

De pandemia a pandemia, el panorama actual es más volátil por inconcluso. Los escritores, encerrados y confinados como la mitad de la humanidad, miran a través de sus ventanas y se preguntan también qué pasará con el mundo. Como asegura Elia Barceló, una de las autoras que más ha vendido en España en los últimos años, a La Información lo peor que puede pasar es que, una vez pasada la alarma, se siga hablando solo de ella: "Espero que no llegue a suceder lo que me temo: que muchos autores y autoras decidan que la pandemia es un buen tema y empiecen a flagelarnos con sus propias experiencias, sufrimientos y temores para contarnos lo que han sentido a lo largo de estas semanas de confinamiento. Todos hemos pasado por lo mismo -o al menos por algo similar- y yo, personalmente, ya he leído en mi vida muchas buenas novelas de ciencia ficción en las que se tocaba este tema". 

La gran duda reside en qué tipo de arte puede resultar tras una crisis sin precedentes. Centrándonos en la literatura (pero la pregunta se puede extender a todas las artes), el escritor más famoso del mundo, Stephen King ya se planteaba de qué se puede escribir ahora si no es de la enfermedad y cómo puede afectar a partir de ahora. Incluso antes de que Estados Unidos se alzara como el país con más contagios, instó a todo escritor a repensar su obra presente y futura según el mundo tras el coronavirus:

Más cerca, en España, otro superventas como Arturo Pérez-Reverte ha aprovechado Twitter durante esta semana para relatar una serie de llamadas telefónicas a famosos de todo tipo (artistas, políticos, periodistas...) para que le cuenten su visión de la cuarentena. Entre los elegidos, destacan tres escritores como Javier Marías, Juan Eslava Galán y Juan Gómez-Jurado, cada uno con su rutina y con sus referentes. Marías, por ejemplo, recurre a la comparación con la Segunda Guerra Mundial para relativizar la situación actual.

Barceló, por su parte, insiste en que lo que se presenta es una oportunidad en ahondar en otros géneros y formatos y subraya convertir en argumento la pandemia. "Esto, en clave realista y actual, no me interesa ni como escritora ni como lectora. Para mí, la literatura tiene que ver sobre todo con la imaginación, no con la reproducción estricta de la realidad, que es lo que hace el buen periodismo. Puedo imaginarme usar una epidemia para justificar una situación de encierro en la que pasan cosas extraordinarias, pero no usarla como centro de una historia realista", explica.

Lo extraordinario a partir de lo ordinario. Fue la catarsis que vivió la literatura (y todas las artes, sí) durante las décadas entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En ese intervalo estallaron obras maestras por todos los rincones del mundo. La Generación del 27 en España (Lorca, Alberti, Salinas, Aleixandre...), la Generación Perdida en los Estados Unidos (Hemmingay, Faulkner, Fitzgerald, Dos Passos, Steinbeck) o los ingleses que combatieron en las trincheras de la Gran Guerra y prefirieron no hablar directamente de ello, sino plasmarlo con fantasía épica durante toda su carrera, como JRR Tolkien y CS Lewis, o la historia, como Robert Graves. 

Pero también 'La metamorfosis' de Franz Kafka es de 1915, toda la serie de 'En busca del tiempo perdido' de Marcel Proust se publicó a partir de 1919 (y la primera entrega, de 1913, se revisó y reeditó para ese mismo año); James Joyce culminó su obra magna, 'Ulises', en 1922; la etapa más prolífica y universal de Virginia Woolf fue en los años 20; de Thomas Mann ya se ha hablado... y andando el siglo, los nuevos géneros hasta entonces muy minoritarios cayeron en manos de los mejores escritores, con Aldous Huxley y su 'Un mundo feliz' de 1932 o George Orwell, quien se cansó de escribir sobre la realidad directa y terminó su carrera con una fábula animal, 'Rebelión en la granja', y la distopía más famosa de la historia, '1984'; ambas de la segunda mitad de la década de los 40. 

Siguen las consecuencias literarias: a esos años entre 1930 y 1950 se les considera igualmente la edad de oro de la ciencia ficción, a finales de los 40 brotó el realismo mágico en la América en español... y cualquiera de los autores citados en los dos párrafos anteriores escribió al menos una obra maestra que entra fácilmente entre las 50 mejores de la historia con una revisión absoluta en técnicas y apuestas literarias.

Muchos de ellos se refugiaron en la historia, o el pasado, como el mejor lugar donde cobijarse para entender el futuro. Uno de los autores de género negro (tan pegado a la actualidad por lo general) más destacados en España, Carlos Bassas del Rey, reconoce que la pandemia no afecta a la novela en la que trabaja porque está ambientada en otra época. Sí que le duele en el bolsillo al último Premio Hammett, porque ha dejado de dar clases presenciales que suponían un alivio a la economía familiar, y vaticina que muy pronto la situación influirá realmente en su producción literaria: "Estoy seguro de que sí lo hará de algún modo a medio o largo plazo. Todos deberemos dejarlo salir de algún modo, y los escritores lo haremos a través de las letras".

Por su parte, las generaciones más jóvenes de la literatura nacional asumen el impacto emocional y psicológico de esta cuarentena, pero entienden que la literatura tendrá que reinventarse una vez más. María Zaragoza, por ejemplo, considera que "toda circunstancia novedosa, por más terrible que sea, abre posibilidades literarias, no las cierra. Creo que la situación actual podría afectar más al enfoque de las historias sobre supervivencia, desastres y pandemias que se escriban en el futuro, porque tendremos un referente cercano en el que fijarnos para tomar ideas".

Por su parte, la sevillana Clara Peñalver también nacida en los años 80, admite que el bloqueo de la página en blanco puede sentirse más duro de lo normal por no poder salir a pasear y despejarse. Así que hay que combatirlo: "Lo cierto es que estoy escribiendo mucho y con mucha sensación de concentración. Es como si me evadiera de todo haciendo lo que más me gusta hacer", señala como receta para salir adelante.

Evasión. A cualquier parte, de cualquier modo. Carmen Moreno es poeta, escritora y editora. Para ella, el cambio de paradigma está asegurado: "Creo que lo que nos está pasando nos va a cambiar en todos los sentidos, también el artístico. La literatura ya escribió esto, nosotros recrearemos cosas peores, porque esto ya lo veíamos sin haberlo vivido. La imaginación se va un paso más allá. Así que la literatura humorística, la histórica o la romántica se llevarán el gato al agua. Serán las únicas que nos den tregua".

A siete días del final, y no de una simple tregua, de la Primera Guerra Mundial murió Wilfred Owen, con poco más de 20 años y uno de los poetas más prometedores de su generación. Había luchado durante casi toda la contienda en los peores frentes y cayó una semana antes del armisticio, después de que le dieran un alta de última hora tras recuperarse de sus heridas en retaguardia. Pese a su evidente corta producción (la vida en las trincheras da para lo que da), se cree que nadie ha reflejado mejor en la literatura la sinrazón bélica y la circularidad de la pena y la nada, del horror y el arte: "Por encima de todo, lo que menos me preocupa es la poesía. Mi tema es la guerra y el dolor de la guerra. La poesía está en el dolor". 

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