Jueves, 20.02.2020 - 03:33 h
Quince alertas en siete días

Tintas para tatuar que escapan a Sanidad: "Un peligro que España no quiere ver"

Las exigencias de la Aemps para los fabricantes es más férrea que las que impone Bruselas pero esto no conlleva una mayor seguridad para el usuario.

Tatuajes
Tintas para tatuar que escapan a Sanidad: "Un peligro que España no quiere ver"  / Pixabay

Las tintas para tatuajes han sido las grandes protagonistas de la red de alertas europeas en lo que va de enero (solo por detrás del coronavirus). El último informe semanal del Sistema de Alerta Rápida de la UE recoge una quincena que piden la retirada de algunos lotes de estas sustancias procedentes de China y EEUU... pero en España no sabemos dónde están. "Es un problema sanitario que la gente de la Aemps no quiere ver", asegura Fidel Prieto, secretario de la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (UNTAP), a La Información. Mientras que en el territorio comunitario hay cerca de una decena de marcas homologadas, las autoridades españolas solo autorizan a un fabricante (Dcs Tattoo-ink Valencia S.L.) cuyos productos no acaban de convencer a los tatuadores del país que, desde hace años, optan por un catálogo 'online' más amplio donde estos pequeños envases se diluyen entre estudios y talleres clandestinos, lejos de todo control sanitario.

"Nosotros no inyectamos veneno a la gente", asegura una joven tatuadora que prefiere mantener el anonimato a este diario. La profesional explica que, con frecuencia, los centros de tatuado sortean las inspecciones con una especie de caballo de Troya ante la igual no tan atenta mirada de sus técnicos: "Los almacenes de los centros meten estas sustancias en cajas de cartón, aquellas que contienen material homologado son etiquetadas como 'Material para tatuar', pero las que guardan los productos no autorizados son clasificadas como 'Material para prácticas'". Sin embargo, la profesional asegura que no se trata de un material tóxico, sino del mismo que ha obtenido el visto bueno de la UE. 

"La realidad es que los fabricantes no quieren volver a homologarse aquí", sentencia el secretario de UNTAP. Y es que, además de las tasas que se derivan de obtener el certificado español, las directrices de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) suelen conllevar transformaciones en el envasado y el etiquetado de los productos: "Es como si alguien le exigiera a Coca-Cola cambiar su tipografía y el color de sus latas". Prieto explica que, para las grandes compañías del sector, el mercado español no llega al 5% de su facturación por lo que no tienen incentivos para someterse a la normativa nacional, menos aún después de la fisura del comercio online, que les permite llamar a cualquier puerta de España dentro de un paquete con el salvoconducto de gigantes como Amazon o AliExpress.

El problema, indican desde el sector, no reside tanto en la fabricación sino en la pérdida de control de estos lotes en el momento en que traspasan los Pirineos. "Te pasa con un lote de mortadela, no va a ocurrir con estos productos", apunta Prieto quien afirma que los fabricantes aprobados en Europa, normalmente de origen alemán, francés o inglés; someten a examen el primer lote de producto pero no la partida entera. "Cuando se notifica un fallo en la composición de alguno de los lotes los países de la Unión saben exactamente dónde están, quiénes lo han comprado...", asegura el representante de la UNTAP que advierte de que, en España, al haberse adquirido de forma ilegal, los lotes afectados se pierden sin que, por razones obvias, sus compradores no estén dispuestos a colaborar. 

"La gente no es consciente de los riesgos"

Al margen de polémicas, la situación entraña un riesgo para la salud pública con más de una arista. Así lo confirman las palabras de la doctora Silvia Pérez, jefa de servicio de dermatología del Hospital La Luz y directora de Gala Dermatologia, quien asegura que "la gente no es consciente de los riesgos que entraña un tatuaje" cuando este se realiza en condiciones inapropiadas. Sobre el empleo de una u otra tinta, Pérez indica que la de color negro provoca menos problemas dermatológicos e insiste que el control de la composición de estos productos debe ser minucioso. 

"Hace unos años, muchas tintas de color rojo contenían mercurio y las amarillas cadmio", recuerda la especialista. Así el Sistema de Alerta Rápida de la UE no parece desencaminado cuando advierte de riesgos como mutaciones celulares, problemas en el embarazo o incluso cánceres: "Lo que entra en contacto con la piel, los conservantes y contaminantes de las tintas, entran en recirculación dentro del cuerpo y pueden tener su reflejo en los ganglios", explica.

Los tatuadores se 'saltan' el periodo de prácticas

Con el perfil de Instagram como máximo palmarés y sus miles de seguidores como estandarte, una nueva hornada de tatuadores se está imponiendo a muchos de los grandes nombres de la vieja escuela que no han llegado a sumarse a ese nuevo 'savoir faire'. "A los seis meses de empezar a tatuar experimenté un boom en las redes que a día de hoy todavía no entiendo", comparte la profesional Claudia Gilabert con este diario, "No era ni mejor ni peor que el resto pero de repente tenía la agenda completa para un mes". La joven asegura que, lo que empezó como un hobbie, se convirtió en un "colchón" con el que amortiguar la dedicación de sus entrenamientos en el salto de trampolín. Con este fin, esta profesional abrió 'Bonitolojusto estudio' en Barcelona, con su madre como contable y cuatro trabajadores en nómina: "Es triste, pero ahora solo comes del tatuaje si tienes muchos seguidores". Y Gilabert tiene el respaldo de casi 40.000.

Pero los seguidores no son el espejo de la experiencia. Gilabert cuenta que hace tiempo los nuevos tatuadores entraban como aprendices a los estudios, donde se familiarizaban con la profesión. Ahora, lo más habitual es empezar en casa y ganar clientes con la publicidad de las redes. En España este negocio, que en EEUU movió 1.600 millones en 2017 (del país europeo no hay datos), engorda con demasiada frecuencia la 'caja B' nacional. "Las restricciones de la Aemps empujan al sector a la economía sumergida", sentencia Pietro. Este diario ha tratado de contactar con las autoridades sanitarias por varios canales, sin éxito. Mientras tanto, el equilibrio entre la seguridad del paciente, la efectividad de la normativa y la satisfacción del profesional aún queda lejos y deja entre los profesionales del sector la sensación de que, en España, la calidad no se homologa.

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