Temor por sus pensiones de jubilación

Otras 'Kellys' el 1 de mayo: cuidadoras de personas dependientes y teleoperadoras

Son colectivos que también reclaman una mejora salarial, así como poner fin a una sobrecarga de trabajo que afecta a su salud.

Protestas de personas dependientes
Protestas de personas dependientes / EFE

El colectivo de las limpiadoras de hoteles, las denominadas 'Kellys', han liderado durante los últimos meses una lucha contra precarización, la explotación y la externalización que sufren las trabajadoras de este sector, si bien sus reivindicaciones pueden extenderse a otras profesiones que padecen problemas laborales similares, además de caracterizarse por su alta feminización.

Pese a que 'las Kellys' son el colectivo que se está visualizando, otros como las cuidadoras en geriátricos y a domicilio, o las teleoperadoras, son algunos ejemplos de los empleos desde los que se denuncian malas condiciones laborales, bajos salarios, elevada carga de trabajo así como las consecuencias de la subcontratación y temporalidad.

En declaraciones a Europa Press, la responsable de Salud Laboral de CCOO Madrid, Carmen Mancheño, explica que estos son también colectivos "muy castigados" que llevan quejándose de manera reiterada ante el sindicato y reclamando una mejora salarial así como poner fin a una sobrecarga de trabajo que afecta a su salud.

Según denuncian desde CCOO, su situación ha empeorado con la crisis económica al incrementarse el trabajo a tiempo parcial, la eventualidad y las subcontrataciones, al tiempo que tienen sueldos bajos, lo que repercutirá en la cuantía de sus pensiones de jubilación.

Cuidados en geriátrico

Este es el caso de Basi, que trabaja cuidando de ancianos en un geriátrico de la Comunidad de Madrid por 860 euros al mes haciendo 35 horas semanales. Algunas de sus compañeras tienen contratos de menos horas y realizan el mismo trabajo, según asegura la cuidadora, que también afirma que hay intervalos de tiempo en los que no se cumple el ratio de personal necesario, y que las bajas y asuntos propios no se cubren.

Ella trabaja en el módulo de alzheimer, atendiendo a alrededor de 22 residentes con un nivel alto de dependencia. Pero añade que, además de dedicarse a su cuidado, las gerocultoras de su residencia están "atendiendo llamadas constantemente" y se encargan de "múltiples tareas", como las relacionadas con la lavandería y la limpieza. "Te quitan tiempo para realmente atender al residente como deberías -señala- y muchas veces es que no puede hacer tu trabajo en condiciones porque no te da tiempo, y estás todo el día corriendo. Yo no doy a basto".

Basi confiesa que, a nivel físico, su profesión es "muy dura", a pesar de que cuentan con grúas para mover a algunos residentes, y muchas de las trabajadoras tienen problemas físicos por sobre esfuerzos. "Las mutuas, al ver que no tienes arreglo, te dicen que es degenerativo a causa de tu edad, te mandan a la Seguridad Social y se lavan las manos", denuncia.

También asegura que "es estresante" porque también se encargan de vigilar las conductas de los residentes, que a veces son "agresivos" y "se insultan y pegan entre ellos". "Es un trabajo que tiene que ser vocacional, hay mucha gente que renuncia", subraya, insistiendo en que se cobra poco" y el "trabajo es muy duro". "Me da mucha pena la gente que entra con 19 o 20 años porque es un trabajo que está muy mal pagado y muy mal valorado. Yo desde luego no lo querría para una hija mía", concluye.

Desde CCOO Madrid, Mancheño recalca los problemas músculo esqueléticos que padecen muchas de las mujeres que se dedican a los cuidados -tanto en geriátricos como a domicilio- y que no son reconocidas como contingencia profesional. Especial hincapié hace en las "condiciones de semiexplotación" de las que asisten a los dependientes en sus hogares, donde "apenas hay ayudas mecánicas".

Teleoperadoras, estrés constante

Pero además del sector de los cuidados a personas dependientes, la responsable de Salud Laboral de CCOO Madrid menciona también los problemas psicosociales que sufren las trabajadoras por la "brutal" carga de trabajo que afrontan en empleos de 'call center'.

"Tienen problemas posturales, pero mucho más estrés por los ritmos, por la presión, e incluso por el ruido a su alrededor", recalca la responsable de CCOO, que asegura que este es uno de los colectivos más castigados en el ámbito psicosocial, además de padecer los contratos parciales "ficticios".

Merche, que trabaja de teleoperadora para una compañía telefónica, apunta que la temporalidad es uno de los principales problemas de este colectivo. Así, denuncia que la práctica habitual de la empresa es hacer contratos de 20 o 25 horas semanales, en vez de ampliar horas a aquellos que lo piden y necesitan.

Pero lo peor de este trabajo es que viven con el agua al cuello. "La carga mental que te llevas de trabajo al día es enorme, fatiga, cansancio, presión, un estrés constante porque no te dan las claves ni las herramientas para contestar a una persona, y cuando tú estás con unos cascos puestos, el no tener respuesta para la persona que te está preguntando es súper frustrante porque te tratan como una inútil", subraya.

Con estas reivindicaciones sobre la mesa, desde el colectivo 'Las Kellys' hacen hincapié en que "han conseguido visibilizar la problemática" de muchas profesiones. La presidenta de la asociación, Myriam Barros, ha asegurado que muchos trabajadores, más allá de las camareras de piso, están agradeciendo su labor y sus denuncias sobre la precariedad laboral.

'Las Kellys', que llevan meses alzando la voz para denunciar sus condiciones laborales, consiguieron llevar sus reivindicaciones hasta la Moncloa, donde el presidente Mariano Rajoy las recibió. Tras escuchar sus problemas, el líder del Ejecutivo se comprometió a impulsar medidas para mejorar su situación laboral.

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