Domingo, 05.04.2020 - 03:26 h
La batalla por la ruta del Mar del Norte

Putin tira de chequera para dominar el Océano Ártico (y sus materias primas)

La NSR para el tráfico marítimo puede suponer un recorte del 40% en los tiempos de viaje, respecto a la ruta habitual a través del Canal de Suez.

Imagen del buque Eduard Toll mientras recorre la ruta del Mal del  Norte. /Foto: Teekay
Imagen del buque Eduard Toll mientras recorre la ruta del Mar del Norte. /Foto: Teekay

Vladimir Putin está decidido a lograr la supremacía de la Federación Rusa en las aguas del Océano Ártico, en su afán para hacer a las potencias occidentales dependientes de sus materias primas y su energía. Y para ello, el líder ruso ha extendido la chequera para lograr una flota de rompehielos nucleares que abra la ruta del Mar del Norte (NSR, por sus siglas en inglés) al tráfico comercial.

Hablamos de un impresionante atajo entre Asia y Europa. La NSR es una ruta marítima entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico a lo largo de la costa rusa de Siberia y el Lejano Oriente, que cruza cinco mares árticos: el mar de Barents, el mar de Kara, el mar de Laptev, el mar de Siberia Oriental y el mar de Chukchi. 

En una diabólica vuelta de tuerca a la cuestión medioambiental, el cambio climático está haciendo retroceder la capa de hielo, circunstancia que está aprovechando Rusia para extender su presencia en la región y ha desatado una carrera por el control de los nuevos recursos, ahora accesibles. Además de su potencial como ruta preferente para el transporte de mercancías entre Asia y Europa, que pueden cambiar de forma drástica el mapa del comercio global, debajo de las heladas aguas existe una colosal reserva de hidrocarburos que puede romper el delicado equilibrio de la energía a escala global. Y todo ello está llevando a una militarización de la zona, en la que Rusia lleva la delantera.

Docenas de países han comenzado a reclamar parte de esas riquezas, pero ninguna potencia está siendo tan decidida como Rusia, tras asegurar Putin que se trata de una de las zonas estratégicas para la inversión rusa. 

Un plan pionero

Desde 2013, Rusia ha gastado miles de millones de dólares para construir o reformar siete bases militares en islas o penínsulas a lo largo de la NSR, desplegando radares de alta potencia y sistemas de defensa (baterías antiareas, misiles y buques), en lugares donde las temperaturas pueden caer debajo de los 50 grados bajo cero.

La ruta del mar del Norte
                             

Según un reciente artículo en Financial Times, los expertos consideran que la apertura de la NSR para el tráfico marítimo puede suponer un recorte del 40% en los tiempos de viaje, respecto a la realización de la ruta habitual a través del Canal de Suez. Ello supone un ahorro de miles de dólares en combustible, y una potencial rebaja de las emisiones de dióxido de carbono de hasta el 52%. En la actualidad el Océano Ártico ofrece tres meses de aguas libres de hielo, pero hay muchos analistas que estiman que en los próximos años ese número de meses navegables se incrementará, abriendo las posibilidades para un incremento del tráfico marítimo.

Y como siempre, el Kremlin apuesta por el monopolio para explotar nuevos recursos, de forma que ha elegido a Rosatom -su conglomerado de energía nuclear- para controlar el acceso a la NSR. Rusia parte del hecho de que una quinta parte de su territorio está dentro del Círculo Ártico para reclamar más territorio en las aguas que lo circundan.

Aleksey Likhachev, director general de Rosatom, señaló en el Foro Ártico celebrado recientemente en San Petersburgo, que los envíos a través de la Ruta del Mar del Norte ascenderán a 92,6 millones de toneladas en el año 2024, un incremento de más del 450% en apenas seis años.

Su ambición no es casual. Obedece a los llamados Decretos de mayo del presidente, un 'plan quinquenal' presentado por Putin después de su reelección en 2018, en los que se contemplaban los incrementos de los envíos comerciales a través de la NSR. 

Instalación de carga de petróleo de Novy Port en el Mar de Kara. /Cortesía de Gazprom
Instalación de carga de petróleo de Novy Port en el Mar de Kara. / Gazprom

La ventaja de los rusos es clara, toda vez que es la única nación que cuenta con la única flota de rompehielos nucleares en todo el mundo, cuatro en la actualidad. Con un coste estimado para cada uno de entre 500 y 1.500 millones de dólares, Rosatom tendrá disponibles para 2024 tres nuevos rompehielos LK-60: el 'Arktika', el 'Sibir' y el 'Ural'. Seis años más tarde, la flota de rompehielos rusa crecerá con otros dos nuevos buques LK-60, así como el 'Líder' (Лидер), una bestia propulsada por dos reactores RITM-400, con autonomía de navegación de ocho meses y potencia conjunta de cuatro hélices de 120 megavatios. Los fondos para la construcción de este 'Líder', unos 120.000 millones de rublos (1.645 millones de euros), saldrán -cómo no- de las arcas de la Federación.

En comparativa, esta semana Estados Unidos anunciaba que había ordenado la construcción de su primer rompehielos desde hace más dos décadas, lo que supondrá un desembolso de 476 millones para Washington, en un buque que estará listo para 2024.

Los movimientos del Kremlin han acrecentado la preocupación de la OTAN por el expansionismo ruso en los últimos años, y la mejor respuesta a la preocupación occidental fueron las gigantescas maniobras 'Trident Juncture' realizadas el pasado mes de octubre, en lo que representó el mayor ejercicio de "juegos de guerra" desde la Guerra Fría, con cientos de buques, más de 50.000 tropas, 10.000 vehículos y 250 aviones de 31 países diferentes, que se desplegaron durante cuatro semanas de ejercicios cerca de las fronteras de la Federación de Rusia.

Y el motivo de preocupación puede que se multiplique, ya que en la segunda cumbre de la iniciativa china "Belt and Road" celebrada del 25 al 27 de abril, Vladimir Putin anunció su intención de conectar el tráfico comercial a través del Ártico con la Ruta de la Seda marítima de China, un movimiento geoestratégico que puede alterar el orden económico global tal y como lo entendemos hasta hoy.

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